03 de Agosto 2018

"Una mente criminal": el fraude millonario a McDonald's llevado a cabo por un ex policía

Por 12 años, Jerome Jacobs robó piezas de Monopoly que pertenecían a una campaña de la cadena de comida rápida, algunas de ellas valían US$ 1 millón. La historia.

Durante más de una década, Jerome Jacobson lideró una banda integrada por mafiosos y narcotraficantes que movía millones de dólares y le permitió disfrutar una vida de ostentación y riqueza. Conocido como “Tío Jerry” por el FBI, este ex policía  era el encargado de conseguir unas piezas de Monopoly de una campaña de McDonald’s, las cuales vendía por izquierda y con las que defraudó por más de US$ 24 millones a la famosa casa de comida rápida. The Daily Beast investigó sobre esta historia poco conocida que finalizó a comienzos del nuevo milenio con la detención de Jacobson y reveló detalles inéditos de la operación “Respuesta final”.

Si bien el sueño de Jacobson siempre había sido pertenecer a la fuerza policial, esto se truncó debido a un desorden neurológico que le diagnosticaron en 1980. Esto lo llevó a mudarse a Atlanta, Georgia, donde consiguió trabajo en el área de seguridad de la firma Simon Marketing, encargada de la millonaria cuenta de McDonald’s. En 1987, la cadena fundada en San Bernardino había lanzado un joint venture con Monopoly por el cual los clientes podían hallar diferentes piezas del juego en sus bebidas o paquetes de papas fritas entre los cuales había premios de incluso US$ 1 millón. No obstante, estos últimos eran muy difíciles de conseguir, ya que las chances de conseguir una pieza millonaria eran de 1 en 250 millones. Simon Marketing era la empresa encargada de imprimirlas y distribuirlas.

La obsesión de Jacobson con cuidar cada detalle de la producción y la minuciosidad con la que revisaba a cada empleado para que no robe nada lo llevaron a convertirse en jefe de seguridad de la firma y en el principal encargado de custodiar las inusuales piezas ganadoras. Su principal trabajo era guardarlas en una caja fuerte y luego trasladarlas a las fábricas de empaquetado alrededor de Estados Unidos, todo supervisado por un auditor independiente que lo seguía al aeropuerto y viajaba con él.

El primer desliz ocurrió en 1989 cuando le regaló a su hermanastro, que en ese momento vivía en Miami, una pieza que otorgaba US$ 25.000 al propietario. “No sé si quería mostrarle que podía hacer algo o solamente estaba fanfarroneando”, admitió Jacobson unos años después. Luego fue el turno de su carnicero de confianza, quien le dio US$ 2000 a cambio de una pieza de US$ 10.000. Pero para no despertar suspicacias debido a su vínculo, este se lo dio a un amigo que vivía lejos para que cobrara el premio y luego se lo devolviera. Una serie de casos de robos internos en McDonald’s significaron un stop en el nuevo oficio de Jacobson que retomó la actividad en 1995, esta vez a mayor escala.

 

 

El control sobre el supervisor de las piezas por parte del auditor se intensificó hasta que Jacobson recibió un regalo como caído del cielo. Un proveedor de Hong Kong le envió por correo un set de los sellos antimanipulación que utilizaba la empresa para asegurar el sobre en el llevaba las piezas ganadoras. Entonces Jacobson comenzó a utilizar una nueva estrategia: encerrarse en el baño del aeropuerto, vaciar el sobre, llenarlo con piezas genéricas sin valor y volver a cerrarlo con el sello especial. Así fue que dio un paso más en su nuevo esquema y se llevó una pieza valuada en US$ 1 millón.

Poco a poco, Jacobson comenzó a formar un equipo de apóstoles que conseguían “amigos lejanos” que cobraran los premios a cambio de una importante suma. Uno de los primeros fue Gennaro Colombo, miembro de una familia delictiva de Nueva York que se encargaba de administrar varios clubes nocturnos. Más tarde se sumó Andrew Glomb, que había pasado 12 años tras las rejas por haber traficado cocaína en un vuelo de Pan America de Miami a Dallas. Y uno de los últimos en ingresar al club fue Dwight Baker, desarrollador inmobiliario y miembro de la iglesia mormona.

El comienzo del fin del negocio del “Tío Jerry” sucedió en marzo de 2000 cuando el FBI recibió una llamada anónima sobre un posible ganador fraudulento de la popular campaña. La investigación involucró a 25 agentes, más de 20.000 números telefónicos revisados y 235 cassettes con llamadas. Finalmente, tras triangular información entre distintos ganadores del premio, el agente especial Dent, a cargo de la operación, descubrió que la mayoría reclamaron el premio en una localidad en la cual no vivía. Más peculiar aún era que todos ellos tenían una particularidad: vivían en Jacksonville, Florida.

Fuente: The Daily Beast,

En julio de 2001 el FBI lanzó junto a McDonald’s una última edición del juego para juntar la evidencia que les faltaba para realizar los arrestos. Para ese momento, Jacobson ya estaba en la mira de los agentes. Aunque en primera instancia habían planeado realizar una falsa reunión de ganadores con todos los sospechosos para atraparlos juntos, terminaron decidiéndose por hacer una pantomima de entrevista a Michael Hoover, último ganador del millón. Unas semanas después, el FBI llevó a cabo ocho arrestos entre los cuales se encontraba Jacobson, que se declaró culpable y recibió 15 años de condena. El caso quedó opacado debido a que un día después sucedió el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001.

“Una mente criminal gigante”, describió a Jacobson uno de los fiscales. Más de 50 acusados recibieron sentencia por fraude y conspiración, mientras que a los reclutadores les tocó un año de prisión y abultadas multas. El líder del grupo admitió haber robado alrededor de 60 piezas en 12 años por un total de US$ 24 millones en premio. A cambio, ofreció restituir la mitad del monto –US$ 12,5 millones. Por su parte, McDonald’s comenzó una nueva campaña para limpiar su imagen: entregarles millones en premio a clientes al azar en sus restaurantes. ¿Cómo los elegiría? Los empleados simplemente recibirían una palmada en el hombro por parte de los “patrulleros del premio”.



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James Rake

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