04 de Octubre 2018

El ex CEO de Goldman Sachs Brasil analiza el frágil equilibrio que debe sostener la economía argentina hasta 2019. El impacto de las elecciones en su país.

Su acento lo delata tanto como su rapidez a la hora de hablar. Paul Leme es el chairman de Vinland, uno de los fondos de inversión más jóvenes de la región. Brasileño de origen, Leme tiene un track record que confirma por qué es considerado uno de los gurúes financieros más buscados de América latina. El también profesor (Finanzas y Mercados de Capitales, Universidad de Miami) trabajó durante 25 años en Goldman Sachs. Su intento de retiro desde el año pasado quedó truncado cuando, en los primeros meses de 2018, el también ex Goldman, Andre Laport ,y James Olivera (ex socio del Banco BTG Pactual) lo convencieron para que vuelva al ruedo como cabeza visible de Vinland. Creado en 2017, el fondo lanzó sus primeros vehículos locales en marzo. El objetivo del nuevo chairman es ampliar el reach a interesados en mercados como los Estados Unidos. Los socios sabían lo que hacían, ya que cuando Leme habla de su especialidad, países emergentes y la región, el mercado escucha. No sorprende: premiado como el mejor economista de América latina (Latin Finance & Institutional Investor) fue presidente y CEO de Goldman Sachs en Brasil. En su recorrido fue testigo privilegiado del boom de liquidez de los ´90, las crisis de los emergentes de las últimas dos décadas, con el caso argentino a la cabeza y, claro está, la caída de los subprime de 2007/08.

En la antesala de la primera vuelta de la elección presidencial que marcará el año económico de la región, APERTURA encontró a Leme en Mendoza. El también ingeniero electrónico, de 63 años, fue una de las estrellas de la 39° Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) celebrada a principios de septiembre. Camino al aeropuerto y con la fiebre por el dólar en plena evolución, Leme se prestó a un mano a mano exclusivo en el cual proyecta el escenario de inversión para los activos de mercados emergentes y los argentinos en particular.

La Argentina fue recategorizada como mercado emergente en junio. Sin embargo, la incertidumbre global le ganó de mano. ¿Qué debe esperar un inversor que se posicionó en mercados emergentes de acá a fin de año?

El corto plazo, los próximos seis meses, prometen ser bastante difíciles. Por un lado, la Fed seguirá subiendo la tasa de interés. Por ello, el flujo de capital se redirecciona hacia los Estados Unidos y debilita a las economías emergentes que tienen mucha necesidad de financiamiento externo. O sea, Turquía, la Argentina, Sudáfrica. A eso se suma la incertidumbre que generan las elecciones en Brasil. Por eso, los activos de estos países estarán sujetos a mucha volatilidad y, posiblemente, también a presiones a la baja. No obstante, desde la perspectiva de inversión del mercado financiero, creo que como algunos países ya están ordenando sus políticas económicas, la Argentina entre ellos, y espero que también Brasil, una vez pasadas las elecciones los inversores podrán encontrar allí, como también en Turquía, activos subvaluados y baratos. Por ejemplo, títulos de empresas que estarán baratos comparados con los de sus pares en los países desarrollados.

Ante esa situación, ¿sería un buen momento para entrar al mercado y adelantarse?

Exacto. El problema con mercados distressed es que después de que los precios han caído mucho –por ejemplo en la Argentina– , cuando se recompone la credibilidad, los precios de activos pueden llegar a saltar hasta un 10 por ciento de golpe sin que uno lo pueda anticipar. Entonces, hay que empezar a comprar cosas que estén baratas pero en empresas de calidad. No con una visión de trade para un mes o dos meses, pero sí para empezar a armar una cartera para 2019.

Y en ese sentido, ¿cómo evalúa la relación precio-calidad de las empresas argentinas?

Creo que hay grandes empresas que en cualquier portafolio de un inversor dedicado a emergentes deberían estar. El único desafío está por el lado de la sobreoferta de papeles, porque la necesidad de financiamiento externo de la Argentina en el mercado de crédito es un porcentaje grande. Ahí se tiene un problema de oversupply. La recuperación de precios puede retrasarse dado que este año y en los próximos tres la Argentina necesita estar muy presente en el mercado.

El dealflow de operaciones de Fusiones y Adquisiciones en la Argentina fue hasta abril el segundo más importante de América latina, detrás de las operaciones de Brasil. De acá hasta fin de año, ¿qué evolución espera?

Hay una ventana de oportunidad que suele darse en el primer trimestre de un ejercicio. Una porque el inversor para entonces trabaja con proyecciones de 2019, pero con los resultados del ejercicio 2018 cerrado. Y como siempre hay una recomposición de carteras, para el 1° de enero, el juego vuelve a empezar. Por eso, creo que sería un buen momento mirar entre enero y abril. Ahí se reabre el mercado de IPO (Oferta Pública de Adquisición de Acciones) y el mercado de crédito. Además, para esas fechas deberían hacerse visibles resultados de la implementación del plan económico de la Argentina. Y también del lado de Brasil ya se sabrá quién ganó y qué va a hacer.

¿Alcanzará con el acuerdo con el FMI para que el mercado y el Gobierno logren una pax argentina hasta fin de año?

Con dos condiciones podría ser suficiente: primero, que consigan implementar lo que prometieron en el FMI II y, al mismo tiempo, que el mercado internacional se quede tranquilo. Pero aquí hay un riesgo: por un lado la Fed va a seguir apretando, y con eso va a seguir trayendo capitales hacia los Estados Unidos. Ahí el mercado va a ser mucho más exigente con los emergentes. En segundo lugar, hay todavía áreas de vulnerabilidad importantes, Turquía por ejemplo, que todavía no logró solucionar su problema. Y nada indica que logre hacerlo en el corto plazo, porque tiene al mismo tiempo un problema político y económico. Entonces, independientemente de hacerlo todo muy bien, seis meses no serán suficientes para sacar a la Argentina de la zona de turbulencia. Pero si hace las cosas bien, para 2019 si se puede lograr.

¿Cuán ambicioso ve el proyecto de lograr un déficit cero en la Argentina?

En función de la dinámica de la deuda, creo que se podría pensar incluso en hacer un paso más para mostrar un mínimo superávit primario. Eso sería lo ideal. O sea, se puede pensar en ir un poco más allá del 2,6 por ciento (de recorte, en puntos del PBI) , y si bien eso exige un esfuerzo mayor permitiría demostrar que se baja mucho la necesidad de financiamiento y con eso, también, mejorar mucho las yield curves, que son las benchmarks de la captación de las empresas privadas.

¿En materia de deuda soberana, qué lectura hace?

Creo que, selectivamente, es interesante empezar a poner algunas cosas en la cartera. Pero hay riesgos de contagio para la clase de activos emergentes. El principal problema o desafío son las presiones externas.

Para la economía de Brasil y sus activos, ¿qué impacto genera la incertidumbre de las elecciones y la batalla entre Bolsonaro y Haddad?

Hay tres escenarios posibles (en las elecciones presidenciales): uno es con (Geraldo) Alckmin. Ahí los mercados se tranquilizan, porque tiene un buen programa y tiene una capacidad de generar políticas de aprobación en el congreso. Si gana (Jair) Bolsonaro, también se podría generar, porque tiene un buen equipo y liderado por el economista Paulo Guedes. Aunque no sé cuánto tiempo se quedaría Guedes. Eso hace este resultado mucho más incierto. Por más que tenga buenas ideas, como no tiene buena representación en el Congreso, esas buenas ideas pueden morir en el primer día. Y, finalmente, en el caso de que gane Fernando Haddad, se daría una vuelta de 180° a la política del PT y eso sería un desastre”.



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