18 de Mayo 2018

Martínez Álvarez, de Tenaris Cono Sur: el acero argentino, entre Trump y Vaca Muerta

El ejecutivo revela cómo se posiciona la principal siderúrgica del país ante la guerra comercial que desató el mandatario estadounidense. Por qué el tren a Vaca Muerta puede ser una de las soluciones para un negocio local que compite a nivel global.

Martínez Álvarez, de Tenaris Cono Sur: el acero argentino, entre Trump y Vaca Muerta

Lo peor ya pasó para Javier Martínez Álvarez. Corría 2008 y el hoy presidente de Tenaris Cono Sur lideraba la operación de Siderúrgica del Orinoco (Sidor), la filial del Grupo Techint en la Venezuela de Hugo Chávez. En plena campaña nacionalista que alimentaba el desaparecido mandatario, el argentino tuvo el dudoso “privilegio” de presenciar cómo un grupo de personas quemaba una imagen suya frente a las puertas de la entonces mayor acería del país caribeño. “Ese tipo de experiencias te enseñan muchas cosas. Lo principal es que tenés que relajarte y tomarte las cosas con humor cuando puedas, porque si no, te enfermas”, revela el ejecutivo en diálogo exclusivo con APERTURA. Es desde ese lugar que supo transitar la amenaza arancelaria que levantó Donald Trump y que, por más de dos meses, dejó al core business de Tenaris expuesto al inicio de la primera guerra comercial del siglo XXI.

De las más de 20 plantas que tiene la empresa en 18 países alrededor del globo, el centro de producción TenarisSiderca, en la localidad de Campana, provincia de Buenos Aires, es el más antiguo y el que más produce. Por día, de la planta a orillas del río Paraná de las Palmas salen 3600 toneladas de tubos, destinados a la industria petrolera. Un 70 por ciento se envía al exterior. Más de la mitad termina en los Estados Unidos. De no haber sido exceptuada la Argentina del arancel del 25 por ciento sobre los envíos de acero, el impacto sobre la operación local no habría tardado en llegar.

La planta de Campana emplea –sobre las 300 hectáreas que incluyen un puerto, una acería, un centro de laminado, el principal centro de investigación y desarrollo de América latina de la firma, la Universidad Tenaris y la central administrativa– a unas 5000 personas, de las más de 20.000 que tiene a nivel global.

La excepción que anunciaba el Gobierno argentino al cierre de esta edición encuentra a Martínez Álvarez más tranquilo que aliviado. Más allá de la experiencia de vida, uno de los motivos es el ejercicio que cerró hace pocos meses. El año 2017 fue de récords para la compañía. Con 700.000 toneladas de tubos sin costura generadas el año pasado, solo la producción de Campana se incrementó un 60 por ciento. A nivel global, la ganancia operativa de Tenaris fue de US$ 35 millones y superó en un 667 por ciento el resultado de 2016. De los US$ 5300 millones que facturó la compañía en todo el mundo –un plus de 23 por ciento año contra año–, la operación argentina generó US$ 1200 millones.

“Una de las razones es la recuperación del precio del petróleo”, explica este CEO de 52 años, que a su título de Ingeniero Industrial por la Universidad de Buenos Aires suma un MBA en Stanford y la experiencia que da media vida recorrida en destinos del exterior.

El segundo impulso llegó por la creciente demanda de tubos que exige la explotación de Vaca Muerta, donde un pozo puede llegar a demandar hasta 300 toneladas de tubos o 6 kilómetros. Los despachos a la formación neuquina de 30.000 kilómetros cuadrados se convirtieron también en uno de los motores que impulsó al acero en el país: según datos de la Cámara Argentina del Acero, en 2017, la producción de material crudo creció a nivel general un 12 por ciento (4,2 millones de toneladas). Y en lo que va de 2018 las cifras muestran un aumento mensual promedio de 22 por ciento contra el año pasado.

Para poder dar abasto a los pedidos, la planta de Campana debió incrementar su dotación de personal: de una proyección de 490 a principios del ejercicio la empresa terminó contratando a más de 600 nuevos colaboradores en relación de dependencia. La mano de obra viene a reforzar el beneficio de otra apuesta que tiene su inicio en esta planta ubicada a menos de una hora del centro de Buenos Aires: el tren. Según cuenta Martínez Álvarez, Tenaris Argentina es la primera empresa que apostó por la vía férrea para proveer materiales a la zona de Vaca Muerta. Los vagones parten de la planta de Campana y entregan los tubos en Senillosa, la ciudad neuquina ubicada sobre el borde de la formación rocosa que alimenta una de las mayores esperanza del gobierno de Mauricio Macri.

La puesta en marcha requirió resiliencia: el primer envío, a fines de 2016, tomó 15 días. “Por el mal estado de las vías, la velocidad promedio del tren no podía superar los 16 kilómetros por hora”, recuerda con un suspiro el CEO. Hoy, los envíos logran hacer el recorrido de 1200 kilómetros en cinco días. Sin embargo, una vez en Senillosa, los tubos deben recorrer los últimos 150 kilómetros en camión hasta poder ser parte de uno de los cerca de 1000 pozos que contabiliza el Instituto Argentino de Petróleo y Gas (Iapg) y que comienzan a dibujar un nuevo mapa energético local. “Desde nuestra visión, este año proyectamos una demanda de 400 pozos. En ventas, sería un plus de un 15 por ciento contra el año anterior”, comenta Martínez Álvarez mientras recorre con APERTURA el laminador desde el cual parten los tubos argentinos a destinos como Colombia, Tailandia o Arabia Saudita.

En este punto, el ejecutivo recuerda el precedente de los Estados Unidos como experiencia a explotar. “Al sector energético estadounidense le tomó siete años desarrollar la tecnología para explotar el shale. La Argentina puede aprovechar ese conocimiento y hacerlo en menos tiempo”, explica. Su empresa hace gala de esa relación. Tenaris invierte por año US$ 100 millones en tareas de Investigación y Desarrollo (I+D). Para ello, mantiene cinco centros de investigación que se reparten entre la Argentina, Brasil, Italia, Japón y México. La innovación constante es parte del ADN de la compañía que compite con players como la francesa Vallourec, la rusa TMK, la estadounidense US Steel Tubular Products, Nippon Steel y Sumitomo Metals.

Sin embargo, ni el nivel de innovación ni la curva de aprendizaje ya recorrida por otros salva a los players locales de la falta de infraestructura que hace a la competitividad del producto. El CEO lo ejemplifica con el costo de uno de los principales insumos que exige la explotación no convencional: “De la arena que se utiliza en Vaca Muerta, gran parte proviene de la provincia de Entre Ríos. Allá, la tonelada cuesta US$ 30. Pero a la hora de la entrega en Vaca Muerta, la tonelada vale US$ 230. Lo que está en el medio son costos logísticos y de trasvase de un medio de transporte a otro”. Cabe recordar que la arena es el material sostén de las perforaciones que extraen el gas y petróleo de la roca y un pozo de 1500 metros de longitud puede requerir hasta 3000 toneladas de arena, según datos del mercado.

De ordenar el desafío del costo interno, la economía puede tener esperanzas de imaginarse una Argentina exportadora de petróleo, como lo fuera hasta mediados de los 2000. “Un precio de US$ 60 el barril –ni que hablar a US$ 70 u US$ 80–, hace muy rentable la operación del shale y genera un margen de reantabilidad que puede llegar a un 40 por ciento. Y si bien en la Argentina hay que imaginarse todo más caro, lo que se hizo al día de hoy está empezando a generar rentabilidades muy interesantes. Ya hay varias petroleras que analizan el negocio de llevar el petróleo a Bahía Blanca para exportarlo”, comenta, mientras observa cómo otra pieza de acero fundido de 3 metros de largo ingresa al laminador donde se transforma en apenas minutos en un tubo de alta calidad de hasta 12 metros de largo. La oportunidad es aún más tangible para el sector del gas, donde el shale permitiría equilibrar las asimetrías energéticas de la matriz argentina. 

La proyección del sector a nivel global anticipa, según datos de la Asociación Mundial del Acero, un crecimiento del 1,6 por ciento para los productos de acero terminado, como los tubos que parten de Campana al resto del mundo. Martínez Álvarez resalta: “El consumo de petróleo ronda hoy los 97 millones de barriles por día. Crece entre 500.000 y un millón por jornada. La mayoría, en los Estados Unidos”. Por eso, para lo que resta del año, el ejecutivo ve signos positivos principalmente en ese mercado, más aún con la flamante excepción de la Argentina de la guerra arancelaria. Y, a pesar de los ruidos internos que acompañan hoy la economía local, claro está, también en un lugar llamado Vaca Muerta. 

La versión original de este artículo fue publicada en la edición 293 de Revista Apertura. Enterate cómo conseguirla acá.



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