07 de Mayo 2013

Luis Pagani: “Los acuerdos de precios pueden tener algún efecto en el corto plazo; en el largo, ya sabemos”

 El presidente del gigante de Arroyito analiza mucho más que la coyuntura. Se preocupa por la competitividad y aclara: “No me refiero al tipo de cambio”. 

Luis Pagani: “Los acuerdos de precios pueden tener algún efecto en el corto plazo; en el largo, ya sabemos”




"Hay que mejorar la competitividad. Y mejorar la competitividad significa también mejorar el costo argentino”, dispara Luis Pagani, presidente de Arcor, la principal empresa de alimentos de la Argentina. “El costo local empieza con una deficiencia en la infraestructura, donde hoy la logística de cruzar el país es mucho más cara que salir del puerto de Buenos Aires a un puerto de destino. Esto se ha agravado”, resume el número uno de la empresa que tuvo ventas por unos US$ 3300 millones en 2012 y proyecta unos US$ 3700 millones para el ejercicio en curso. Su punto de vista coincide con los datos de la Cámara Argentina de la Construcción, que cuantifica el déficit de infraestructura vial en un incremento de los costos logísticos de al menos un 20 por ciento. Más teniendo en cuenta que el 93 por ciento del total de mercadería transportada en el país se hace a través de rutas.

“Otro costo importante es también la presión tributaria, que no es únicamente desde el punto de vista nacional, sino con los municipios, las provincias, el tema de ingresos brutos y demás que afecta de una forma muy dura al sector formal”, enumera Pagani. Según cifras de la Fundación Mediterránea, la presión tributaria consolidada cerró 2012 con un pico histórico: 36,5 por ciento. Sin embargo, mientras la presión tributaria efectiva –la más utilizada a nivel gubernamental y que mide el porcentaje de recaudación sobre el Producto Bruto Interno, pero que no contempla a los trabajadores en negro– rompe records, la llamada presión tributaria legal –la que recae sobre el contribuyente que cumple con todas sus obligaciones impositivas ante el fisco– aumenta hasta ubicarse en torno al 50 por ciento, según un informe del Iaraf.
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En primera persona. Pagani participó de la producción de Apertura.

“También empieza a haber una cuestión a la que hay que ponerle atención: el recambio generacional. Hoy, la calidad educativa de algunas cosas ha desmejorado con respecto a otros años. Creo que todo eso hace a lo que es la competitividad de un país”, completa Pagani. Si bien los indicadores sitúan a la Argentina entre los mejores de la región latinoamericana en términos de cobertura y años de escolaridad, existen muchos otros que encienden luces de alarma, según consigna una investigación de FIEL.

En el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA 2009) los resultados muestran que uno de cada dos estudiantes de la escuela secundaria de la Argentina no puede realizar tareas básicas en lectura, matemática y ciencia. La Argentina pierde 20 puntos entre el año 2000 y 2009, una caída del 5 por ciento en su puntaje promedio. En el mismo período Chile, Brasil y Perú ganan 40, 16 y 43 puntos (mejoras del 10, 4 y 13 por ciento, respectivamente). “Creo que no podemos estar cerrados al mundo. En definitiva, la globalización es un hecho y, si bien es cierto que en algunas partes del mundo, como Europa, se vive una crisis, eso no quiere decir que otras partes del mundo no sigan para adelante. Entonces, desde mi punto de vista, la habilidad de un gobierno es buscar aliarte con mercados que estén creciendo y con los que tengas un ida y vuelta”, señala Pagani, quien anticipa inversiones por US$ 350 millones hasta completar 2014.

De ese monto, US$ 242 millones corresponden a la Argentina (Planta II de Salto, Buenos Aires; planta de molienda húmeda en Arroyito, Córdoba y la ampliación de la capacidad de producción de la planta de Cartocor en Luján, Buenos Aires). Los otros US$ 47 millones se destinarán a Brasil, país en el que el Bon o Bon jugará de local. “Tenemos un desafío importante, ya que el segmento de bombones en Brasil es el más importante del mundo y hoy está dominado por Lacta y Nestlé (Garoto). Es nuestro lanzamiento del año en ese país y un proyecto muy importante”, anticipa Pagani. Y admite: “Hoy todas las multinacionales del mundo están apostando por Brasil y el grado de competencia es altísimo. Es la mitad de América latina y allí no sólo se trata de asignar recursos sino de perseverar. Tenés que tener talento, management, no es un mercado fácil”.

Arcor tiene también planes concretos para Chile, donde una nueva planta de chocolates y golosinas demandará unos US$ 57 millones y el resto será destinado a otros países de la región. “El mercado argentino representa el 60 por ciento de nuestra facturación y apostamos por el país construyendo nuevas plantas, pero desde ya sería todo mucho más fácil si se levantaran las restricciones que hay, inclusive las que existen intra-Mercosur, porque a lo mejor hay una medida de otro sector de la industria que la Argentina toma y como represalia Brasil agarra nuestros productos. Entonces, en definitiva, por lo menos la relación Brasil-Argentina debería ser mucho más fluida”.

El gigante de Arroyito tiene 29 plantas en la Argentina, cinco en Brasil, tres en Chile, una en Perú y una en México. Sus exportaciones superaron los US$ 375 millones a nivel global en 2012, de las que US$ 270 millones se originaron en la Argentina. La proyección para este año es de unos US$ 357 millones, de los que US$ 275 millones surgirán de la tierra del tango. “Nuestros principales proyectos pasan por potenciar la línea sana y por ello lanzamos los cereales para el desayuno y entramos en la categoría de jugos, tanto en polvos como líquidos”, resume Pagani. La iniciativa comienza en la Argentina pero el objetivo es extenderlo a toda América del Sur. También apostará a mercados tan disímiles como Sudáfrica, China, Canadá, Estados Unidos, Paraguay, Venezuela y Uruguay, entre otros.

“Siempre miramos nuevos mercados. Tanto en Vietnam como Taliandia y otros países asiáticos tuvimos y tenemos un buen suceso”, describe. Y, aunque no lo admite oficialmente, en los próximos cinco años podría elegir África o Asia para desembarcar con una planta en un nuevo continente. Por último, Pagani vuelve al punto inicial. “Me interesa dejar bien en claro que cuando hablo de competitividad no la entiendo por el tipo de cambio sino por productividad. Si la infraestructura te queda obsoleta, los costos también”, señala. “¿Los acuerdos de precios suman?”, pregunta APERTURA. “En el corto plazo, pueden tener algún efecto. En el largo, ya sabemos… Éste va a ser el título”, concluye. Y no se equivoca. 



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