23 de Octubre 2018

Ex ejecutivos de AGD producirán aceite de ricino en la Argentina

Ya invirtieron u$s 1 millón. La planta de ‘crushing’ tendrá capacidad para 100.000 toneladas anuales. Apuntan a conquistar el 10% del mercado mundial

Ex ejecutivos de AGD producirán aceite de ricino en la Argentina

Hace tres años, dos emprendedores cordobeses, con trayectoria en la agroindustria, detectaron una oportunidad inexplorada en el mercado argentino: el desarrollo del aceite de ricino o castor, por su nombre en inglés, que se produce de manera artesanal, principalmente, en la India. Ese país que domina el 90% de su elaboración y el producto tiene más de 700 aplicaciones: se lo emplea en la fabricación de artículos deportivos (como botines), cosméticos, lubricantes, pinturas y hasta de biocombustibles y biomasa.

Gabriel Ríos era gerente en Terminal 6, una de las mayores procesadoras argentinas de soja, propiedad de Aceitera General Deheza (AGD) y Bunge, y Carlos Torre, CEO de la unidad Agro de AGD, cuando la empresa de los Urquía buscaba reemplazar el aceite de soja por el de ricino para hacer biodiesel. Más tarde, AGD descartó dicha posibilidad y cedió los derechos a Ríos y Torres, quienes, acompañados por sus hijos, Ignacio y Pedro, fundaron Castor Oil Argentina, que apuesta a realizar un “cambio de paradigma”, abarcando la cadena productiva en su totalidad, desde cruzamientos genéticos de la semilla hasta la exportación del aceite.

“A diferencia de la producción india, consistente en procesos manuales y en minifundios, apuntamos a una producción mecanizada y estandarizada. La planta de la que se extrae el producto crece de forma silvestre. Nuestro objetivo es cultivarla en la Argentina para, luego, moler sus granos y comercializar el aceite para el consumo interno y externo”, explicaron los emprendedores, que levantaron más de u$s 1 millón en tres rondas de inversión, realizadas en las Bolsas de Córdoba, Rosario y Buenos Aires. La demanda global del aceite de ricino, agregaron, crece un 5% año a año y su producción anual, a escala global, alcanza las 800.000 toneladas. “Existe un gran potencial. Cada vez más, se buscan materias primas sustentables. Pretendemos acaparar, en cinco años, el 10% del sector”, precisaron. Esbozaron un ambicioso, aunque minucioso, plan de negocios para cada una de las etapas del proyecto, añadieron.

“La primera fase fue de experimentos en condiciones controladas en invernaderos. Con la ayuda de la firma israelí Evogene y su subsidiara Evofuel, creamos variedades de semillas que se adaptan a las condiciones agrícolas locales y crecen, en 120 días, una altura de 1,5 metro. Por eso, la innovación se halla en la forma en que se produce”, indicó Ignacio Ríos, presidente de Castor Oil Argentina. La iniciativa atraviesa la tercera fase. “La segunda constó de pruebas en el norte del país, ya que allí obtuvimos los mejores resultados. Ahora, nos enfocamos en llevar estas variedades estrella a una mayor escala. El siguiente paso será brindarle al productor un cultivo robusto”, completó.

El foco radica en zonas marginales de Santiago del Estero y Chaco. “Los cultivos en ambas provincias son limitados (maíz, soja y girasol). Los productores no tienen otras alternativas. Les proponemos diversificar riesgos. Les compramos los granos y producimos el aceite. Una ventaja competitiva del ricino es que resiste condiciones de estrés hídrico, no menor, teniendo en cuenta las sequías”, afirmó Ríos.

Santiago del Estero también será el sitio elegido para instalar la planta de crushing, cuya construcción comenzará en 2020 y tendrá una capacidad de producción de 100.000 toneladas anuales. Para alcanzar dicha cantidad y maximizar los números, Castor Oil Argentina proyecta generar, en los próximos años, 75.000 hectáreas de cultivos y proveer a los Estados Unidos y Europa, donde radica la mayor demanda del producto. Mientras tanto, la venta se orientará a Brasil y Paraguay, especialmente.

Asimismo, la capitalización de la idea, también, es novedosa. Los emprendedores lanzaron con el Mercado Argentino de Valores (MAV) un instrumento que prevé, en una primera instancia, la colocación de acciones por ofertas privadas entre inversionistas seleccionados, mientras que, en una segunda instancia, se propone la comercialización de acciones hasta que la empresa llegue, eventualmente, a una oferta pública. “Es una modalidad de financiamiento interesante y, para MAV, representa una nueva opción financiera”.
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