03 de Agosto 2018

La emprendedora que busca hacer de la sustentabilidad un negocio escalable

Rocío González creó Daravi, una fábrica de triple impacto que produce a partir de materiales de descarte.

La emprendedora que busca hacer de la sustentabilidad un negocio escalable

Cuando todavía estudiaba arquitectura, Rocío González asistió a un taller de resina que la motivó a hacer accesorios con ese material y botones descartados. Así surgió su primer emprendimiento, Greca, que certificó como Empresa B, es decir, de triple impacto: económico, ambiental y social. Trabajar en conjunto con cooperativas la llevó a profundizar la dimensión social de su negocio y a preguntarse cómo hacer para dar más trabajo. La respuesta surgió en un programa de estudios en Columbia acerca de cómo escalar empresas en América latina. “Nos llevaron a recorrer Dharavi, que es la villa más grande de Asia, y me impresionó ver la cantidad de emprendimientos que se generaban adentro a partir de la basura. Veías a una persona que recolectaba un material y ahí mismo lo procesaba y lo convertía en un producto. Volví convencida de que si en India, que hay tanta miseria, lograban darle valor a la nada, acá también se tenía que poder hacer”, relata González, de 33 años.

 

Junto a Lorena Núñez, fundadora de Totebag, decidieron fusionar sus emprendimientos y crear Daravi, una fábrica de triple impacto que produce con materiales de descarte y da trabajo a poblaciones vulnerables.  “Entendimos que si queríamos hablar de impacto teníamos que hablar de escala. Y no podés hablar de impacto si estás haciendo 1000 unidades”, explica. Con un año y medio de vida, actualmente producen más de 8000 unidades por mes.

 

 

“Hay marcas que nos dan sus descartes y les formulamos un producto que vuelve a su cadena de valor. Otras nos compran, por ejemplo, bolsas de tela, entonces ahí están introduciendo en su cadena de valor un producto que es reutilizable. Y otras nos compran productos hechos con descarte de botones. Nuestro diferencial es el diseño, brindar un servicio profesional que genere un producto de calidad y que tenga todo este concepto ambiental y social por detrás”, explica. Situada en el multiespacio Distrito Tigre Sur, Daravi se encuentra a unas cuadras del Garrote y Nueva Esperanza, dos de los principales asentamientos de la zona de donde provienen muchas de las mujeres que trabajan en la fábrica. “Hacemos foco en trabajar con mujeres en situación de vulnerabilidad. Muchas son jefas de hogar, a quienes les brindamos la oportunidad de trabajar desde sus casas para que no tengan que dejar a sus hijos solos. Entendemos el foco en las mujeres como un potenciador del desarrollo social”, explica.

 

Ser empresa y no organización social ni cooperativa fue una gran apuesta, no exenta de desafíos. “Hay muchas organizaciones  productivas y cooperativas a las que les falta una vuelta de tuerca desde el diseño, la gestión y la venta para que sean realmente productivas y sostenibles en el tiempo, sin depender de subsidios. Creo que el modelo que estamos desarrollando es una alternativa para generar empleo real y sostenido”, explica. “A veces vemos que cuesta avanzar pero entendemos que elegimos conjugar muchos elementos complejos: trabajar con descarte, con poblaciones en situación vulnerable, estar en territorio y ser empresa. Pero no dudo en que el modelo es replicable”, asegura González. “Confío en el poder del mercado para cambiar los negocios. Creo que si no viene del mercado no va a funcionar y veo una brecha que se está abriendo, que hay un interés más genuino en el rol ambiental y social de las empresas”, concluye.

La versión original de este artículo fue publicada en la edición 294 de Revista Apertura. Enterate cómo conseguirla acá.



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