13 de Marzo 2017

En qué proyecto trabaja hoy Jessica Trosman, la diseñadora que fabrica en Villa Crespo y vende en París

Reconocida como una de las diseñadoras más importantes del país, se alejó del circuito comercial tradicional para darle rienda suelta a su creatividad. El resultado: su marca Not To Be Understood, o JT.

En qué proyecto trabaja hoy Jessica Trosman, la diseñadora que fabrica en Villa Crespo y vende en París

En pleno corazón de Villa Crespo, enfrente de la cancha de Atlanta, está enclavado el espacio que, para la diseñadora Jessica Trosman, define la esencia de su nuevo proyecto. “El más maduro de mi vida”, asegura. Su abuelo Trosman fundó Warnes y su padre era el dueño original del galpón donde, hoy, está instalado el taller y laboratorio textil con el que trabaja para su marca -Not To Be Understood o JT- y otras compañías. Es el mismo lugar desde el que diseñaba en sus primeras épocas de Trusman-Churba (la marca icónica que creó junto a Martín Churba y que los catapultó como estandartes del diseño argentino). Ahí está también el local -con una estética distinta a los típicos locales de shopping- y, justo al lado y conectado, Yeite, el café que comparte con la reconocida chef Pamela Villar.

“Este proyecto comenzó como un pensamiento en un bar con una exclienta que, hoy, es mi socia. Creemos que el cliente es tan intelectual como consumidor del exterior y probamos que es así. En la Argentina, la mujer está super educada y empapada de moda. Es un local que no queremos que se ligue a los shoppings, en lugares más urbanos. La idea es desarrollar un área que no tenga que ver con lo que ya existe en lugar comerciales”, explica Trosman. Asegura que le “divierte” que la gente llegue y experimente algo más que el comprar una prenda e irse. Su lazo con la zona se consolidó en septiembre, con el primer desfile de la marca. “Entiendo que los shoppings son un buen lugar para vender, pero a mí me oprimen. Siempre me gustó descubrir nuevas zonas y a muchas consumidoras les gusta lo mismo que a mí y se vienen hasta acá. Al principio se quejan pero después se dan cuenta que están acá nomás”, dice. A este primer local se le sumó otro en el kilómetro 40 y, próximamente, habrá un tercero en Recoleta. “No es típico, es como dentro de un edificio, pero afuera se ve como un local. Somos raros. Nos interesa eso. Hay mucho de intuición y olfato y la marca funciona bien desde ese lado. No es solamente un proyecto que tiene que dar plata, sino que tiene que hacer que vibren los socios”, explica.

Exporta sus diseños a más de 30 de puntos de venta en el mundo, desde París, a donde presenta su colección dos veces al año. A pesar de que la cabeza creativa -la suya- es la misma, dice que “no tiene nada que ver con lo que hice antes”. En esta etapa, está mucho más concentrada en el arte y en colaboraciones que van surgiendo. Por ejemplo, la reconstrucción del denim a partir de una alianza con Lee. Y, próximamente, con Giesso. “Los de ellos nos parecían los mejores trajes de hombre de la Argentina en confección y diseño. Así que estamos deconstruyendo sus piezas para hacer las nuestra. Es un laburo chino, casi productivo”, explica.

Después del éxito de Trusman-Churba, creó otra marca, Trosman, que vendió en 2011. “Me veía muy sola. Tenía locales en shoppings y necesitaba una visión más comercial. Buscando un socio, surgió la oportunidad de venderla y no lo dudé. Me quedé un año trabajando dentro, pero después me fui definitivamente. No me molesta que siga con mi nombre. Me encanta que le vaya bien. Yo necesito cambios en la vida. Trasciendo. Está bueno hacer cosas, largarlas y que otro las continúe”, afirma.

Entre el desorden clásico de la creatividad convive su otra parte. “Tengo agenda, que me ayuda muchísimo a organizarme, y me pongo mil alarmas en el teléfono. Soy muy constante y me gusta la rutina. La continuidad me ayuda a ordenarme. Antes era, incluso, más ordenada. Ahora tengo un ritmo más parejo y constante, pero el estar un poco más desordenada también me ayuda en lo creativo”, cuenta. Entre su rutina, comparte los momentos con Rosa, su hija de 10 años. “Es mi compañera de ruta”, la define. Tiene, además, un hijo varón, de 25 años. “Tenemos que ayudarnos para que haya más mujeres en cargos de decisiones importante. Se puede tener una carrera y una familia, solo depende de cómo una se organiza y cuán bien se arma el equipo. El equipo es la clave del éxito”, concluye.



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2 Comentarios

Aviva Catz

esta nota debe ser paga o sea es publicidad, la ropa de ella siempre fue mal confeccionada y de pésima calidad y nunca le fue ben porque es puro humo lo que hace ella.

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Daniela Dsm

PUBLINOTA

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