22 de Marzo 2013

Nick Leeson, el hombre que llevó a la quiebra al Banco Baring: "Mi historia debe evitarse pero se repite"

En 1995 terminó con la entidad bancaria más antigua del mundo, que supo tener de clientes a Napoleón III y a la reina de Inglaterra. "El principal delito de la banca es su estupidez", disparó.

Nick Leeson, el hombre que llevó a la quiebra al Banco Baring:

Nick Leeson tiene sobre sus espaldas una mala experiencia. El 23 de febrero de 1995 llevó a la quiebra a la banca Baring, uno de los bancos más importantes de Reino Unido y con 223 años de historia en su haber. Todo se puso rojo en las cuentas de la entidad. Poco le importó al mercado su extensa trayectoria en el sistema bancario. Baring fue vendido por US$ 1 al grupo holandés de servicios Internationale Nederlanden Groep (ING).

“La mía es una historia de incompetencia y negligencia a gran escala. Si el banco, los supervisores y yo mismo hubiéramos hecho mejor nuestro trabajo nada de esto hubiera sucedido”, aseguró Leeson en una entrevista concedida al diario La Vanguardia.

Leeson tenía 28 años cuando era el responsable bursátil de Baring y operaba, desde Singapur, la suerte del banco que había ayudado a los Estados Unidos en la compra de Louisiana, a Francia en su reconstrucción tras la batalla de Waterloo, y que tuvo de clientes a Napoleón III y hasta a la reina de Inglaterra (quien perdió US$ 1 millón tras la quiebra).

Las inversiones de Leeson en fondos de pensiones y organizaciones de caridad, entre otros, hizo que Baring anotara un rojo de US$ 1400 millones. Sin embargo, mientras él operaba, desde la cúpula del banco confiaban ciegamente en el joven británico.

El 23 de febrero de 1995, cuando su sistema de inversiones fue descubierto, huyó junto a su esposa a Kuala Lumpur. Fue detenido, juzgado y encarcelado en Singapur. “Estuve en prisión, me divorcié, tuve cáncer de colon... Todo lo que me sucedió desde entonces es una consecuencia de todas aquellas acciones. Es algo de lo que soy plenamente consciente. No puedo culpar a nadie por lo que hice”, aclaró. Tras la crisis financiera de 2009, muchos bancos estuvieron en la cuerda floja y otros, como Lehman Brothers, presentaron la quiebra.

Nick Leeson  IMG
Nick Leeson, hoy. Tras salir de la cárcel, fue dirigente de un equipo de fútbol, el Galway United.

Su experiencia en la cárcel, sin embargo, no fue la mejor. “Estuve en una cárcel de máxima seguridad de Singapur, repleta de miembros de bandas, que tenía soldados patrullando los muros, armados hasta los dientes, vigilado las 24 horas del día. Dormía en el suelo, sin una sábana para cubrirme, en una celda con un espacio mínimo. Había mucha violencia. Si te atacan sólo tienes que defenderte al menos durante 15 segundos y después todo pasa porque llegan los guardias”.

Cuando los negocios comenzaron a revertírsele, Leeson decidió abrir una cuenta –la 8888- donde fue escondiendo sus problemas. Y decidió apostar todo a futuros Tokyo y perdió. El inesperado terremoto de Kobe en 1995 hizo que Japón repatriara su capital en el exterior.

Consultado sobre si Wall Street aprendió de sus errores, afirmó: “Quizá durante un tiempo, pero cuando las cosas vuelven a su cauce todo el mundo regresa a hacer negocios como siempre y se olvida todo. En la City, una vez pasa la tormenta, todo el mundo busca nuevas maneras de hacer dinero. La historia debe aprenderse para que no se repita, pero desafortunadamente se repite”.

Además, aseguró que los banqueros imprudentes deben pagar con la cárcel, tal como él que estuvo cuatro años y medio preso. “Si alguien hace cualquier cosa de modo ilegal en cualquier tipo de sector debe ir a la cárcel. El principal delito de la banca es su estupidez y desafortunadamente no hay ningún tipo de castigo para ello actualmente”, dijo al matutino el ex inversor que, hoy en día, vive en Irlanda, volvió a casarse y da charlas sobre su mala experiencia.

Su campera de operador bursátil fue vendida en una subasta por 25 mil euros. “¡Ojalá hubiera tenido ahora esa chaqueta para venderla!”, deseó durante la entrevista y desmintió: “No dejé una nota diciendo “lo siento” cuando huí de Singapur. Cuando me fui volé a Kuala Lumpur y me quedé en un hotel y escribí una breve carta, que después envié por fax. Al final de la carta, eso sí, dije que lo sentía”.

Finalmente, consultado sobre si sigue invirtiendo dinero, confió: “Sí… pero con mi dinero”.



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