25 de Abril 2013

Kicillof, un fashionista no asumido

El viceministro de Economía se lookea como si viviera en un casual friday eterno. ¿Qué se esconde detrás de su deliberada intención de lucir más joven, más rebelde y más despreocupado de lo que en realidad es?

Kicillof, un fashionista no asumido




Desde su rutilante aparición en la arena pública, el look de Axel Kicillof despierta tantos comentarios como las medidas que anuncia y los argumentos con que refuta a sus críticos. Licenciado y doctor en Economía, recibido con honores en la Universidad de Buenos Aires, la seña particular del estilo del actual viceministro de Economía es la deliberada y constante ausencia del tradicional outfit de traje y corbata, tanto en conferencias de prensa como en reuniones de gabinete o misiones en el exterior.

A Kicillof lo definen los básicos del guardarropa: el pantalón sastrero, las camisas de vestir sin abrochar hasta el cuello, los cárdigans o los suéters, y el blazer oversize cuando intenta formalizar su apariencia. A sus 41 años, claramente logra diferenciarse de su entorno. Y, desafiando el dress code de políticos y funcionarios –que recomienda vestirse para no molestar, como máxima inicial–, su indumentaria comunica deliberada informalidad.


Kicillof - IMG
En acción.
El viceministro de Economía, de traje y corbata.

Desde luego, su repertorio de camisas a rayas es materia de discusión, al igual que sus patillas. Mucho se ha escrito y conjeturado respecto de las razones de ese toque distintivo: que rinden tributo a la simbología de próceres como el general José de San Martín, que son un inconfesable homenaje a Sandro o Elvis Presley en tanto íconos de rebeldía. Otros, con cierta malicia, han evocado que, hacia fines de la década del ‘80, las patillas volvieron a estar de moda gracias a Carlos Menem, quien –especialmente en sus años de gobernador de La Rioja y candidato presidencial– las convirtió en un recurso estético que no sólo lo definía en primer plano sino que también, junto a la chaqueta de cuero, lo despegaba de sus contrincantes, observadores obedientes del look aburrido y gris que les aconsejaban sus asesores de campaña. Lo único cierto es que este detalle que enmarca su cara, aunque pasado de moda, no está librado al azar.

En las altas esferas en que se desenvuelve el viceministro de Economía, aquellos que se lookean como gustan sin hacerse cargo del código de vestimenta del puesto que ocupan o la gestión e incluso el país al que representan, puede interpretarse como una estrategia para demostrar que su peso específico trasciende esas ‘frivolidades’ o bien ser una táctica para desestructurarse y así establecer una mayor cercanía con los votantes. Alcance o no ese objetivo, lo cierto es que Kicillof, al lucir como si viviera en un casual friday eterno, ya logró dar cuenta de que tener más de 40 años no siempre se traduce en haber alcanzado la adultez vestimentaria.

Pese a que, lógicamente, su razón de ser y estar en el gabinete no es deslumbrar –aunque sí puede rejuvenecer un plantel acartonado–, el funcionario se ha convertido en un punto de referencia K por su estilo informal: para algunos, una fortaleza de la actual gestión; para otros, ejemplo de sus vicios. Hace exactamente un año atrás, mientras comunicaba los detalles de la expropiación de YPF –con ese tono didáctico que le recuerdan sus alumnos universitarios, época en que se mimetizaba con ellos, uniformado en jeans y remera–, su atuendo contrastante con la estampa del ministro de Planificación, Julio De Vido, disparó un nuevo capítulo (esta vez internacional) de la ‘kicillofmanía’ como materia de análisis de especialistas en imagen personal, protocolo y comunicación no verbal. Vaya como ejemplo que la edición española de la revista Vanity Fair publicó un perfil de este egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires, definiéndolo como “galán, atractivo y padrazo”.

Si bien Axel Kicillof no podría militar en las filas del chic –ni siquiera en las de la elegancia– sí encaja en un arquetipo casual que, en comparación con el estilismo del resto de la clase política, marca presencia, refuerza su personalidad y, desde luego, no deja a nadie indiferente.

Claves de su moda

  • Un acierto: Su desafío al dress code político que sí observan otros miembros del gabinete, como el ministro De Vido, le confiere un aspecto de juventud que se puede extrapolar como un guiño a las nuevas generaciones de militantes.
     
  • Un desacierto: A veces cierra sus equipos con un blazer sin entallar que le da una imagen antigua, además de encogerlo visualmente. Nada que un buen sastre no pueda solucionar ajustando la silueta y acortando el largo de un ítem que no es de los favoritos del viceministro.
     
  • Una sugerencia: Dado que está en el foco de atención, podría elegir a diseñadores argentinos, en apoyo de la industria textil nacional. Una marca ideal para potenciar su estilo casual es Hermanos Estebecorena. Sus prendas funcionales destacarían su espíritu desestructurado.
     

La autora es Periodista especializada en moda. Desde 2006 escribe el blog www.blocdemoda.com 



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