15 de Enero 2018

El dress code de la City: el retorno del traje sastre

A pesar de la moda que proclama el estilo casual, el hombre financiero no deja de lado el traje, aunque lo moderniza con toques slim fit o nuevas texturas. La reivindicación del oficio del sastre.
 

El dress code de la City: el retorno del traje sastre

La indumentaria masculina es asunto de funcionalidad. El hombre argentino es clásico, a diferencia de otras ciudades, como Milán o Florencia, donde el adorno es regla como detalle que destaque su individualidad o para conseguir la imagen de moda. Clásico y moderno, el hombre de la City busca prendas parecidas, holgadas a pesar de las características positivas del slim fit en la imagen final. Se sabe que para el hombre, a diferencia de la mujer, el acto de vestirse no debe implicar una gran inversión de tiempo. Vestirse a través de códigos sensatos y sobrios. Se tiene en cuenta este eje: la funcionalidad.

El traje sastre es una de las formas de vestir más longevas de la historia moderna. “Representa una prenda formal, elegante, de pertenencia y buen gusto. Es parte del arte del buen vestir utilizado en ocasiones especiales, donde tiene que haber un grado de formalidad y cierta elegancia. Con sus tres piezas es una prenda que, dependiendo de su calidad, se puede utilizar durante años, ya que inclusive se puede combinar”, dice Marianela Pérez, diseñadora de la casa parisina Azzaro en la Argentina, y remarca: “No tuvo variaciones en cuanto a diseño con el paso del tiempo, dado que los cambios son sutiles, como las solapas más anchas o angostas, algunos nuevos géneros, el modelo del chaleco o el calce del pantalón, pero a diferencia de los ambos o puntualmente el saco, que sí se fueron adaptando a la tendencia, el traje es una prenda clásica con un uso más puntual”.

Uniformidad y practicidad

La moda de hoy interpreta las reglas indumentarias de una forma más libre. Se mezclan estilos, estéticas y la inspiración llega de diferentes fuentes. “Hay dos perfiles bien marcados de clientes: el que no quiere estar mal y el que quiere estar bien”, señala el sastre Nicolás Zaffora. “El que no quiere estar mal deposita mucho en mí, elige la tela, se aferra a los colores clásicos y pide comodidad. Quiere poder moverse en ese traje. El que quiere estar bien varía los colores, hace juegos, busca prendas más estéticas, más chiquitas. También está en busca de su imagen de trabajo, gestiona su imagen profesional, busca su estilo. Y hay personas que no pueden comprar nada por características físicas y exigencia estética personal”, señala este referente del resurgimiento del oficio artesanal.

El traje sastre revivió en la última década. Zaffora señala que esta nueva ola sartorial no es por la sastrería en sí, sino por todo lo ultrapersonalizado que está en boga. “Tanto los shoppings como las marcas de lujo llegan a niveles de hartazgo y es aburrido comprar así. Había una carencia y ahí resurgió, pero nuestro oficio no reemplaza a este mercado masivo, sino que los sastres estamos aportando algo que les faltaba. Hay que resaltar que en los shoppings argentinos todo es número, cuotas, descuento y no hay historia. Es una tela barata con un color atractivo y una combinación de recortes, nada más. No hay contenido, hay numeritos. No es una experiencia comprar así, porque una experiencia supone una historia, un momento”, dice Zaffora, quien también forma parte de Club Arroyo, un espacio que ofrece una asesoría integral para el hombre.

Nicolás Zaffora, sastre y parte del Club Arroyo, espacio de asesoría para hombres.

En esta sintonía también se distingue La Restinga. Nicolás Márquez es el CEO del negocio, del que señala que plantea un concepto diferente: venderle ropa a personas que no la necesitan. “Al plantear un modelo así te cambia la cabeza. Los hombres vienen a comprar prendas porque disfrutan de un momento, del espacio, porque sienten que se lo merecen, los llena o los hace feliz. Está asociado con el estado de ánimo, pero no necesitan comprar ropa”, señala la cara visible de La Restinga.

¿Qué se encuentra en esta vieja casona palermitana reciclada? Una imagen moderna acompañada por la dureza de un piso frío y suavizada por las luces y maderas que hacen a los detalles de la boutique que funciona a puertas cerradas. Un perchero con aspecto de vestidor que generaría alegría en la experta del orden Marie Kondo. Piezas armónicas y cortadas en materiales nobles, productos por arriba del mercado local y confeccionados en la Argentina con telas importadas. A pesar del lujo de las prendas, Márquez insiste en que el secreto de La Restinga se consigue en las experiencias que vinculan al cliente con el lugar. Entre botellas de whisky, habanos y un repertorio de café y té, Márquez menciona que trabajó en la fidelización del usuario: “El cliente que viene pasa un momento particular cuyo producto acompaña esa experiencia. Si fuese solo producto, sin la atención que buscamos, ya lo hubiéramos perdido. Hay muchas marcas que son muy buenas, pero ellos nos siguen eligiendo por la atención y el servicio. Este concepto lo pensé desde foja cero, un producto distinto para una atención diferenciada”. 

La calle de los sastres

El oficio del sastre tiene más de 200 años de historia y su emblema está instalado en Savile Row, la calle del distrito de Mayfair de Londres, que concentra la tradición como referencia del estilo británico y sinónimo de calidad. Este tesoro de la sastrería actualizó su servicio y sus centenarias tiendas también ofrecen prêt-à-porter como modo de sumar clientes que mantengan el oficio artesanal. Nuevos valores que siguen los métodos tradicionales de Savile Row para producir piezas de alta calidad, pero que cuelgan de los percheros y requieren mínimos ajustes sobre la silueta masculina.

La esencia de Savile Row también capturó la atención de los actores de Hollywood y de las estrellas de la cultura rock. Un caso emblemático es la figura de Edward Sexton, el ex sastre de la casa Tommy Nutter, que generó imágenes poderosas que atravesaron el tiempo y condensaron el buen gusto: el traje de tres piezas que Mick Jagger lució cuando se casó con Bianca Jagger identifica el estilo de los ’70, o el total white que John Lennon llevó en sus nupcias con Yoko Ono.

En la Argentina, esa tradición también existió pero se fue perdiendo en el tiempo, rescatada en la actualidad por una nueva generación que se mezcla con los iniciadores. Fundada en 1886, Carbone Hnos. es la sastrería más antigua de Buenos Aires y está ubicada en 25 de Mayo 382. Esta zona porteña concentra los pocos sastres de otras épocas. Ramón Blanco es uno de los maestros que sigue ejerciendo el oficio, desde su atelier de la calle Tucumán al 600. Otro caso es el de Natalio Argento, un sastre que llegó de Italia en 1955 y desde entonces ejerce el oficio. En su espacio de trabajo ubicado en el local 17 de la galería de Esmeralda 1077, Argento recuerda épocas pasadas. “Hace 40 años, los trajes de confección eran horribles. Ahora son lindos. No tenían la capacidad de corte o diseño que tienen porque estaban armados rápido y no existían las herramientas para que queden precisos. La diferencia de épocas está en los cortes: los de hoy son más fáciles y modernos”, dice el maestro, con 80 alumnos y una lista de espera de 100.

Argento señala a la sastrería a medida como una experiencia de compra individual, pero no la rememora con nostalgia sino que confía en los recursos de hoy para potenciar su trabajo a medida: “Hago artesanal e industrial en el mismo traje. Cuando sabés las dos técnicas, es un beneficio porque, de otra manera, no se logra un buen corte. A lo industrial le agregás lo artesanal y queda lindo”. También cuenta cómo sucedieron las décadas y las modas y cómo el resurgimiento del traje en la vestimenta masculina atrajo a un cliente más joven: “Antes, los clientes eran fijos. Ahora viene la juventud a hacerse el traje a medida. Quieren todo al cuerpo, chupín, solapa y cuellos chiquitos, bien corto el saco. Esta moda viene de la década del ’50 y acá se llamó ‘petitero’. Hoy la comunicación es instantánea y lo que se usa allá se usa acá, pero en esa época había que esperar. No había modelista o diseñadores. Las grandes casas iban a Europa, compraban los trajes y acá los desarmaban y sacaban el modelo. Después se vendían en las boutiques y casas del momento, como Marilú”.

Francisco Gómez, uno de los referentes actuales en la sastrería argentina.

La nueva camada de sastres revela a Francisco Gómez como uno de sus referentes. Llegó de Corrientes para instalarse en Buenos Aires y ofrecer algo que vio que estaba desapareciendo, focalizando su expertise en un servicio. Franciscano Sastre es su etiqueta y tiene su taller en el microcentro. Bolso mediante con centímetros y muestrario de telas, se acerca a las oficinas o casas para tomar medidas y así responder a la demanda de un público que no tiene tiempo para pasar por su atelier de Uruguay al 100. “Me di cuenta de que era un nicho que estaba muriendo, pero había un público que consumía la ropa a medida. Empecé con camisas, sacos y prendas de tela de punto que eran mi especialidad”, cuenta. 

Un público joven le asegura trabajar con cortes más arriesgados, que la media que decora las calles de la ciudad. "Mis clientes son jóvenes que tuvieron la posibilidad de viajar y consumen marcas de otros países y surge así la inquietud: si allá encontré, ¿dónde puedo encontrarlo acá?, se preguntan”, dice el joven sastre, de 33 años, que utiliza Instagram para dar a conocer su métier.

Coincide también en el resurgimiento del traje como pieza clave y la necesidad de aggiornar el oficio. Gómez viajó a Italia para participar de la última edición de Pitti Uomo, la feria de moda masculina más importante y, en ese contexto, notó la explosión europea de clubes de caballeros, lugares que ofrecen experiencias alrededor de la ropa a medida.

El uniforme del hombre

Existen tres tipos de traje sastre: el ready to wear, que se compra y se lleva tal cual está en la tienda; el made to measure, que mezcla técnicas industriales con el hecho a medida; y el bespoke, a la medida del cliente y con técnicas artesanales.

Zaffora indica a Buenos Aires como un gran bastión de elegancia hasta los años ’90. Los acontecimientos económicos y sociales instalaron el smart casual o business casual -el traje informal- como nuevo uniforme de trabajo. “Los sastres somos mano de obra calificada muy acotada. La moda masculina clásica no varía por temporadas sino por décadas. Dentro de esas décadas, o cada cinco años, están las generaciones que hacen las variaciones que sufre el traje: se acorta el saco, se angosta la solapa. A pesar de sus modificaciones, su vista general es clásica”.

El traje que distingue a esta época es el diseño de mangas más ajustadas, solapas apretadas y pantalones más chicos. Reemplaza con un chaleco o es posible quitar la corbata: el argentino se mantiene clásico dentro de lo moderno. Sentado en su club, Zaffora señala a la chaqueta sastre como la mejor prenda que existe para la imagen masculina: “No desaparece ni va a desaparecer. Hay prendas más cómodas o abrigadas, pero no hay una pieza que genere mejor imagen, por la geometría que logra por la solapa y por la caída de la manga. Nada la supera”.

El hombre organiza mejor su guardarropa porque compra a largo plazo, lo piensa más e invierte en calidad. “El hombre clásico se viste muy igual: camisas blancas y celestes, trajes grises y azules. Entonces, la calidad suple esa falta de innovación”, menciona Zaffora. Pérez, de Azzaro, remarca: “El hombre busca una prenda de calidad y buen precio, algo que lo represente y que esté a la moda. Una prenda que sea diferenciada tanto en el buen calce como en los detalles que la hagan moderna y funcional. Busca que esté pensada en cada detalle, que sea de múltiples usos y tenga estilo”.

Aunque el dress code se haya relajado, el traje es el uniforme masculino por excelencia y se mantiene vigente. El asesor especializado en imagen masculina Leonardo Díaz Echegaray cuenta: “Para los hombres más informales, está la tendencia de mezclar las sneakers blancas, camisas sin corbata y hasta remeras con estas piezas clave del vestir masculino”.

Un moderno con cientos años de historia, el traje se mantiene como la pieza fundamental del guardarropa masculino. Cambian las épocas, las modas un poco lo actualizan, pero quedan establecidas las experiencias como nuevo método de compra. Y la experiencia del hecho a medida, de por sí, ya es una experiencia.

 

La versión original de este artículo fue publicada en la edición especial La City de Revista Apertura. Enterate cómo conseguirla acá.



¿Te gustó la nota?

0

0

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Notas de tu interés

Recomendado para vos