31 de Marzo 2017

El amor en tiempos de oficina

El amor en tiempos de oficina

El trabajo siempre ha sido central en la vida de las personas. La oficina ocupa una gran parte de nuestro tiempo y, por lo tanto, no es extraño que entablemos vínculos estrechos con nuestros colegas. Las relaciones de amistad tienden a ser beneficiosas para el clima laboral y la productividad y no hay tabúes alrededor de ellas, pero, ¿sucede lo mismo con las relaciones amorosas? 

Pareciera que no hay una respuesta concluyente y sí diversas opiniones encontradas que dan cuenta de un fenómeno que no es nuevo, pero que va mutando a la par de cómo es percibido por la sociedad y especialmente por la impronta de las nuevas generaciones.

Con independencia de los beneficios o los perjuicios de las relaciones amorosas en el trabajo, es importante diferenciar algunas cuestiones relativas a un tema que, más allá de las normas y políticas de las compañías, e incluso de las actitudes que tomen los propios protagonistas del romance, tiene sus aristas de complejidad.

No es lo mismo involucrarse con alguien de la misma compañía pero que trabaja en otra área o incluso con un colega del mismo departamento, que con quien es nuestro jefe o alguien a quien reportamos. Para empezar, en uno y otro caso lo que está en juego va más allá del impacto en clima y productividad, ya que en situaciones de relaciones entre colaborador y jefe hay también riesgos y contingencias legales para la compañía que deben ser tenidas en cuenta. También en esos casos es común que el resto del equipo de trabajo desarrolle cierta inquietud ante la situación o incluso sospechas de favoritismos por parte del jefe.

En cuanto a las relaciones entre colegas de un mismo nivel de jerarquía, en tanto el romance se gestione de manera adulta y responsable, no debería afectar la performance laboral.

Algunas empresas tienen normas internas y políticas al respecto, mientras que otras consideran que tratándose de un tema relativo a la vida privada de las personas, no corresponde intervenir. En el medio, la gran mayoría de las compañías pareciera no tener una idea formada sobre el particular o prefieren no abordar el tema en el marco de la formalidad de las políticas internas.

En este sentido, tomando en cuenta que el amor no pide permiso y no sabe de normas, si se presenta, los responsables de recursos humanos pueden intentar gestionar la situación. 

Aún en los casos en que no hay conflicto con políticas o códigos internos de la compañía, la transparencia frente a la situación pareciera ser el mejor camino. Un estudio realizado por los académicos Sean Horan y Renee Cowan, de la Universidad de DePaul (Chicago) dio cuenta que los compañeros de trabajo aceptan mucho mejor la noticia de un romance entre colegas si se enteran por los protagonistas y no por los chismes que recorren los pasillos.

El amor no puede afectar el trabajo y tampoco puede ocurrir en el sentido contrario. De formarse una pareja, ambos deben saber que es imprescindible separar los mundos. Respetar el ámbito laboral y las responsabilidades profesionales en la oficina será tan importante como evitar llevar el trabajo a casa para que tato la pareja como el trabajo no se vean afectados.

Para todo hay un lado positivo y otro negativo. El romance no debería afectar el trabajo y la performance de los involucrados, ni tampoco poner a prueba la capacidad de los departamentos de RRHH a la hora de solucionar conflictos personales. Si triunfa el amor, que sea con alegría. Si fracasa, que sea con madurez. Cuando se trata de trabajo, el profesionalismo está ante todo puertas adentro.  El amor se disfruta puertas afuera.



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