03 de Junio 2013

La historia detrás de Chocolate Colonial

Fundada en 1925, produce más de 100 variedades de productos a base de cacao para fabricantes de alfajores y heladerías. Factura $ 24 millones, acaba de lanzar una marca propia y espera ganar mercados en el exterior.

La historia detrás de Chocolate Colonial




Pasaron casi 90 años desde que Valero Ferraz abandonó su Cataluña natal para probar suerte, al decir de la época, “haciéndose la América”. Llegado a las tierras del sur, como tantos otros inmigrantes de la primera mitad del siglo XX, apostó a reproducir en la Argentina aquello que venía realizando en Barcelona: chocolates. Con la ayuda de su mujer y de su hijo, Fernando (quien se haría cargo del negocio en la década del ‘60), compró maquinaria y fundó Chocolate Colonial, una firma que hoy es comandada por dos de sus nietos, Fernando y Javier, que emplea a 40 personas, produce 2.200 toneladas al año y factura $ 24 millones.

La empresa fabrica más de 100 variedades de productos de chocolate (que se realiza con cacao importado de Brasil, Colombia y Ecuador), desde coberturas, baños de repostería y baños para heladería hasta preparados en polvo a base de cacao, pastas de relleno y productos recubiertos en chocolate (avellanas, granos de café, almendras, pasas de uva, maní y microgalletitas). Su principal negocio, no obstante, es la producción de chocolates personalizados e insumos para fábricas de alfajores, bombones, budines, heladerías, hoteles y restaurantes.

Tercera generación
Entrados los años ‘90, Fernando (47) y Javier Ferraz (35) se incorporaron al negocio familiar. El nuevo management modernizó la firma, comprando nuevas máquinas y proponiendo nuevas estrategias. Fernando padre, asimismo, sigue de cerca los pasos de sus hijos en la compañía en calidad de asesor.

“La relación familiar-laboral fue fluyendo: mi padre fue generoso al aceptar a mi hermano, quien se sumó a la firma en 1991. Cinco años más tarde, me incorporé yo”, afirma el más chico de los Ferraz.

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Una de las mayores apuestas de los hermanos la hicieron en 2007, cuando se mudaron de planta. “Antes, estábamos instalados en la parte de abajo de la casa familiar y decidimos mudarnos a una planta industrial de 1.800 metros cuadrados ubicada en el barrio porteño de Versalles”, agrega. Para la apuesta, que incluyó la adquisición de nueva maquinaria, invirtieron $ 4 millones. 

Como dato color y, para confirmar que la pasión por el cacao lo acompaña desde siempre, Ferraz comenta que su madre lo dio a luz en la misma casa donde estuvo, hasta 2007, instalada la fábrica. “Nací ahí y, desde chiquito, jugaba en la planta. Entre mis amigos del barrio, era el chocolatero”.

Este año, Chocolate Colonial lanzó su primera marca propia, Konfitt, que se comercializará directamente en kioscos y otros canales de retail, apuntando al consumidor final (ver recuadro). “Empezamos a planificarlo el año pasado. Estábamos buscando algo nuevo”, comenta Ferraz, formado como contador público.

Para llevar adelante esta iniciativa, entre maquinaria, embalaje y lanzamiento de producto, la firma invirtió $ 600.000. Antes de que termine el año, presentarán, también, un nuevo producto pero para el canal empresas: gotitas de chocolate.

La compañía exporta chocolates personalizados para un distribuidor en Chile, materia prima para una cadena de heladerías en Paraguay e insumos para una fábrica de alfajores en Bolivia. Estos últimos dos mercados se incorporaron el año pasado.

“Estamos poniendo énfasis en desarrollar el canal de comercio exterior; de hecho, estamos avanzando con un acuerdo en Uruguay, para hacerlo de la mano de la línea Konfitt”, agrega Ferraz.

En 2012, la firma creció casi un 25 % en facturación frente al período anterior. Este año, los dueños esperan repetir esos valores.

MiniBio

Fundación: 1925
Sector: fabricante de chocolates
Empleados: 40
Facturación 2012: $ 24 millones
Producción anual: 2.200 toneladas



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