13 de Agosto 2018

El emprendimiento que nació como kiosco y le hace frente a los supermercados

La familia Marduel fundó Súper Pampero a comienzos del nuevo milenio y ya cuentan con siete sucursales en CABA. Buscan competirle a los locales de cercanía de las grandes cadenas y a los súpermercados chinos a través de los servicios.

El emprendimiento que nació como kiosco y le hace frente a los supermercados

A diferencia de muchos que, en aquel momento, decidían irse de la Ciudad de Buenos Aires vislumbrando lo que estaba por venir, los Marduel llegaron provenientes de Salliqueló, una localidad del extremo oeste bonaerense, cuando la crisis de 2001 exhibía sus primeros chispazos. La situación económica de la familia no pasaba su mejor momento y habían decidido trasladarse para dejar atrás los negocios del campo que tantos dolores de cabeza y deudas le habían traído al patriarca Edgardo Oreste Marduel. Sin experiencia como comerciantes, probaron con un kiosco en Avenida Santa Fe y Anchorena; poco a poco, el emprendimiento fluyó, evolucionó y hoy se transformó en la cadena de supermercados Súper Pampero, que cuenta con siete sucursales porteñas –cada una con una facturación aproximada de más de US$ 14 millones al año.

Sin embargo, como toda historia emprendedora, los comienzos nunca son fáciles. “Nos pasamos cuatro o cinco Navidades adentro del negocio vendiendo, no cerramos un día durante todo ese tiempo”, recuerda emocionado Edgardo, hijo del fundador, que se reparte la administración de los locales con sus padres y dos hermanos, Mariano y Luciano. Y señala, en diálogo con Apertura.com, que la falta de experiencia en el rubro y de conocimiento de los consumidores fueron los primeros obstáculos a superar: “No teníamos idea de la demanda de la gente en Capital, qué consumían. A medida que los clientes nos iban pidiendo, nosotros comprábamos; no teníamos la copa de ningún negocio”.

El emprendimiento fue prosperando y en 2004 apostaron por dar el siguiente paso: abrir un local más grande. Para eso, vendieron el auto que su padre había comprado para trabajar como consignatario de hacienda, le sumaron algunos ahorros e inauguraron en Recoleta. A esta le siguió una en Villa Crespo y un par más en Palermo. “Los negocios los tenemos todos en un ratio de 30 cuadras, no solo porque no nos gusta viajar sino porque es fundamental estar cerca del negocio, son demandantes”, cuenta Marduel.

Si bien no contaban con un manual de buenas prácticas a la hora de tener un supermercado, los Marduel utilizaron una táctica más directa y, afirman, fueron copiando lo que les gustaba de la competencia. “Nos fuimos perfeccionando e interiorizándonos. Yo soy muy busca, voy a mirar los locales de los demás, observo qué hacen, cómo se manejan, cómo ponen la mercadería. Una vez me dijeron que hay que seguir al campeón”, explica. Pero también resalta las virtudes de Pampero: “Es un negocio que requiere mucho que esté el dueño y tenemos alguien de la familia en cuatro de siete. En los que no estamos tratamos de ir rotándonos para ir. Ahora también pusimos carga SUBE, es algo que nosotros podemos hacer y los supermercados grandes y los chinos no”.

Edgardo Marduel administra las sucursales de Súper Pampero junto a su padre y hermanos.

La historia detrás del nombre de la cadena esconde cierta melancolía. Pampero es el nombre del perro de la familia, el cual debió quedarse en Salliqueló cuando ellos se mudaron a CABA debido a que no solo el hogar era demasiado chico para el animal sino también porque la mayoría del clan debía salir a trabajar y nadie podía quedarse cuidándolo. “Cuando pusimos el primero negocio salió Pampero por la culpa y la tristeza de haberlo dejado”, rememora. No obstante, la anécdota finaliza con una sonrisa: “Después de un tiempo lo pudimos traer, aunque nunca logró acostumbrarse a la ciudad, le gustaba estar todo el día en la calle”.

En mayo, las ventas a precios constantes en supermercados aumentaron un 3,6 por ciento a nivel interanual tras registrar una caída del 2,1 por ciento el mes anterior respecto a abril del 2017, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Pero la reciente crisis económica, expresa Marduel, cambió su estrategia para el negocio. “Mi forma de pensar cambió por completo. Mi sueño siempre fue tener 100 empleados, dar trabajo, pero con este apretón que tenemos con el tema de impuestos está más difícil”, remarcó.

Hoy, afirma categórico, no analiza abrir nuevas sucursales, ya que prioriza “vivir tranquilo”, pero no descarta otras opciones. “No queremos seguir creciendo para volvernos locos, el proyecto que tenemos hoy es armar negocios, trabajarlos un tiempo y luego venderlos”, cuenta Marduel. Cada una de las sucursales de Pampero factura entre $ 40.000 y $ 60.000 por día. Además, le echa la culpa a la inflación: “Ese es el gran problema de por qué no tenemos más locales, es muy difícil para los chicos actualizar todo el tiempo los precios”.

Allá en Saliquelló, los Marduel son sinónimo de fútbol. Su apellido está ligado íntimamente con el Club Atlético Jorge Newbery que milita en el torneo Federal C dado que el complejo deportivo de la institución lleva, desde hace más de 20 años, el nombre de uno de sus principales gestores, Edgardo Enrique Marduel. A su vez, Edgardo Oreste  fue presidente del club, mientras que su hijo menor, Luciano, vistió la camiseta del “verde”.

A casi dos décadas de haber comenzado el negocio, la familia no se plantea si los herederos Marduel continuarán con el emprendimiento. “Muchas veces pienso qué querrán hacer nuestros chicos, pero no tenemos un mandato. Ellos crecen y por eso también pusimos más negocios, porque un día puede venir la competencia, ponerte un local al lado y ¿qué haces con tu negocio si no invertiste en otro? No es que abrimos más sucursales por ambición sino por miedo a las amenazas”, explica. Y revela el secreto para sobrevivir: comprar bien. “Si comprás normal podes ganar un 70 u 80 por ciento, pero si comprás bien podés ganar hasta un 100 por ciento con solo un chocolate”, concluye.



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