28 de Diciembre 2017

¿Sirven las metas de inflación?

El esquema que aplica el Banco Central para domar el alza de precios es el mismo que utilizan, con éxito, varios países del mundo. Las controversias por el objetivo del 17 por ciento para este año. ¿Se puede llegar a un dígito en 2019?

Silvana Comugnero

En septiembre de 2016, el Banco Central presidido por Federico Sturzenegger comenzó a aplicar el programa de metas de inflación, que tiene por objetivo reducir el índice de variación de precios hasta llevarlo a un dígito –específicamente, al 5 por ciento– para 2019. Si bien fue la primera vez que se aplica formalmente en el país, el sistema tiene ya 27 años en el mundo y fue implementado con éxito en varios países de la región.

Antecedentes

Las metas de inflación nacieron en Nueva Zelanda, en 1989. Por su origen, en el ámbito de los economistas comenzó a hablarse del sistema como régimen del kiwi. Surgieron en el marco de una reestructuración económica en ese país, que dejaba atrás el intervencionismo y pretendía estabilizar las variables económicas y reordenar sus cuentas.

Inmediatamente, países como Canadá, el Reino Unido, Australia y Suecia siguieron el ejemplo neozelandés. En América latina, los primeros países que introdujeron las metas de inflación fueron Brasil, Chile y Colombia en 1999. Les siguieron México (2001), Perú (2002) y Uruguay (2007), que lograron bajar inflaciones de dos dígitos anuales a un dígito en un lapso promedio de 10 años. El BCRA quiere alcanzar el objetivo en cuatro años.

En total, 28 bancos centrales usan metas de inflación. Para el Fondo Monetario Internacional (FMI), el sistema fue una respuesta pragmática a la falla de otros regímenes como los que apuntan al control de la oferta monetaria o atan el valor de la moneda a otra, presumiblemente, más estable (como la convertibilidad en los años 90).

“La idea teórica es que el Banco Central anuncia para el año siguiente una meta y sube la tasa de interés de referencia cuando la inflación la supera, y la baja cuando la inflación está por debajo de dicha meta”, explica Lorenzo Sigaut Gravina, economista Jefe de Ecolatina.

El aire acondicionado y la calefacción

Con la meta de inflación fijada por el BCRA para este año (de entre 12 y 17 por ciento) y el nivel de las tasas de interés que aplica la autoridad monetaria desde 2016 para contrarrestar el alza de precios (no bajan del 25 por ciento promedio) surgió la controversia sobre el sistema en la Argentina y sus consecuencias. Los economistas coinciden en que el objetivo para 2017 es de muy difícil cumplimiento, y proyectan que la inflación cerrará entre cuatro y cinco puntos arriba (entre 21 y 22 por ciento, según los cálculos).

Pero la discusión de fondo para los expertos no pasa solo por la exigencia de las metas –para 2016, la inflación prevista por el Gobierno y el Central era del 25 por ciento, cuando alcanzó el 40, lo cual volvió muy desafiante al objetivo de este año– sino por la incompatibilidad entre la estrategia demasiado estricta del BCRA y la política fiscal laxa del Gobierno. Una situación que el economista Miguel Kiguel graficó con una metáfora: “El Banco Central prende el aire acondicionado y el Gobierno, la calefacción”.

Tanto Sigaut Gravina como Ramiro Castiñeira, economista Jefe de Econométrica, comparten que el BCRA “se cargó” un peso excesivo en sus espaldas pero es el único que está verdaderamente alineado con la baja inflacionaria, opinan. “El Gobierno mantiene un déficit consolidado que, junto al de las provincias, llega al 8 por ciento”, plantea Castiñeira, para quien la Argentina sólo podrá dar batalla a la inflación cuando logre el equilibrio fiscal.

Sigaut Gravina pone de relieve otro punto: Chile, Brasil y Colombia –explica– lograron resultados positivos al aplicar el esquema porque, aunque partían de regímenes con niveles de inflación elevados, tenían sus precios relativos equilibrados. “La Argentina entró con atraso cambiario y atraso en tarifas de servicios públicos, por lo que se genera un escenario en el que el propio Gobierno está generando inflación, se aleja de su meta y atenta contra su propia medida”, remarca.

Castiñeira agrega que Chile es una economía de mercado en la que se respetan las instituciones: “El Estado no tiene déficit, los impuestos no son asfixiantes y el crecimiento de los agregados monetarios (la emisión de dinero) depende de la demanda del sector privado”. En cuanto al caso de Brasil, aclara que desde la implementación del Plan Real “siempre tuvo tasas de interés que no carcomen el ahorro y el sector público no se financió con ‘la maquinita’”.

Hacia fin de año, el debate estará en si se mantienen las metas fijadas por Sturzenegger o, bien, se modifica la pauta. Sigaut Gravina explica que el BCRA tiene la potestad de hacerlo y que sería lógico aspirar a un esquema más paulatino. Y concluye: “Llevar la inflación a un dígito les demoró bastante más años en la región. El nuestro, de cumplirse, sería un caso de éxito excepcional”.

 

 

La versión original de esta nota salió publicada en la edición número 283 de la Revista Apertura. Enterate cómo conseguirla.



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1 Comentario

PabloSouberan Pablo Souberan

Obvio q siempre sirve tener una meta. Un lugar a donde llegar. Para poder medir nuestra labor. Si no se cumple tenés q cambiar el camino pero no la meta según se dice.

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