18 de Enero 2017

Invencibles: los arbolitos de la city siguen en pie a más de un año del fin del cepo

La libre venta de divisas golpeó al negocio pero no lo noqueó. Un recorrido por el microcentro, entre James Bond y El Pajarito.

Invencibles: los arbolitos de la city siguen en pie a más de un año del fin del cepo

El levantamiento del cepo cambiario no secó el bosque y los arbolitos, aunque con nubarrones de por medio, siguen en pie en la calle Florida entonando su grito de guerra: “¡Cambio, cambio!”.

Con apenas recorrer un par de cuadras de la peatonal, entre Sarmiento y Corrientes, los transeúntes se encontrarán con arbolitos variados: jóvenes -y no tanto-, hombres, mujeres, argentinos o extranjeros.

“Hay arbolitos desde Diagonal Norte hasta Plaza San Martín”, dice un hombre de 73 años, que afirma que conoce la calle como pocos y que se hace llamar “Pajarito Díaz”. En la city, pasó de vender sándwiches a hacer la cola en los bancos, y desde ahí, a atender un kiosco de diarios y revistas. Hoy en día, el negocio del Pajarito Díaz es otro: captar clientes interesados en la compra o venta de monedas extranjeras. “Tenemos dólares, reales, euros, libras esterlinas…”, enumera. Sin embargo, no le gusta el rótulo “arbolito”, sino que resalta que él es un “llamador” y que su trabajo consiste en pronunciar la palabra mágica -"¡Cambio!"- y, a aquellos interesados que lo consulten, llevarlos a un kiosco en el que, asegura, hay lámparas (para detectar billetes falsos) y cuenta billetes.

Nada es lo que parece. “Todo es una cueva”, dice un comerciante, que se auto denomina “James Bond” y que, asegura, fue arbolito hasta hace unos meses. Según James Bond en toda la city habita una cueva: “Desde puesto de flores hasta kioscos de diarios”.

El negocio es cosa seria. Y está pensado en grande. Además de los captadores de clientes y los cajeros que concretan la operación, algunos cuentan con traductores para no dejar a ningún potencial cliente afuera.

¿Cuáles son las modalidades de contratación? Algunos arbolitos ganan por comisión, por lo que pueden estar más de 12 horas en el mismo lugar, echando raíces, hasta hacerse de una suma “decente”. Mientras que otros, como Pajarito Díaz, tienen la suerte de que su patrón les paga un monto fijo por día, en su caso $350, sin importar cómo haya sido la jornada.

Un arbolito que apenas pasa los 30 años dice que, para él, que trabaja de esto desde hace dos años, “sigue todo igual” tras el levantamiento del cepo. Y se encarga de aclarar que los arbolitos existen desde antes de su nacimiento. Y es que, más allá de que hoy en día ya no existen restricciones, explica que muchos de sus clientes son personas que necesitan cambiar dinero con urgencia, en el momento, y que acuden a él como última opción, cuando las casas de cambio y los bancos están cerrados y “no pueden esperar hasta mañana”.

De todas formas, admite que antes había muchos más arbolitos pero que “se fueron porque no podían pagar una oficina”, pero que el fin del cepo les hundió el negocio.

“Antes había 15 arbolitos por cuadra”, recuerda Bond y agrega: “Ahora bajó muchísimo la actividad”. Aún así, asegura que siguen llegando nuevas caras, que ganan por comisión –“Poco, pero es mejor que nada”-. Para el Pajarito  Díaz, en cambio, se trabaja igual que antes: “El banco te pide hasta un análisis de sangre a la hora de cambiar divisas”.

¿La policía? “Cuando vemos a un policía, nos callamos”, comenta Pajarito y confiesa: “Es obvio que sabe que soy llamador, pero soy bueno, no estafo a la gente”. Por esa razón, dice que lo dejan tranquilo. Mientras que, de acuerdo a sus palabras, de Perón para Mitre, sus colegas “no son decentes” y hasta “pueden dar billetes falsos”. La confianza es la llave en la city. “Nosotros somos leales con los clientes. Una vez que vienen, vienen siempre”, asegura.

De acuerdo con James Bond, los policías “tienen la orden de no tocar a nadie”. Para justificar su explicación, propone una actividad: “Sentate a tomar un café y mirá que pasa entre la policía y los arbolitos”.



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2 Comentarios

Nelson Pricing

rasgo cultural de los argentinos

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Jorge Perez

no se si tienen razón de ser. Pero son un fastidio permanente en Florida. Ni loco hoy cambio con estos tipos.

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