03 de Agosto 2018

Condenados al dólar: ¿por qué los argentinos no pueden quebrar su dependencia?

Por qué la Argentina no puede quebrar su eterna dependencia de la moneda estadounidense ni evitar los traslados a precios de una devaluación. Las razones más allá de la historia. ¿Qué puede hacer el Banco Central?

Condenados al dólar: ¿por qué los argentinos no pueden quebrar su dependencia?

Cuando el economista Daniel Heymann dice “fijate lo que pasó en los últimos días” se refiere a la corrida cambiaria que se inició en abril y que puso de manifiesto la situación de fragilidad en la que se encuentra la economía argentina. Los economistas coinciden en que el grado de exposición a las devaluaciones que tiene el país hace que su política monetaria sea imprevisible y hasta por momentos autodestructiva. La influencia del tipo de cambio en la decisión de las empresas y las familias le agrega a la política monetaria una variable fundamental con la que otras economías comparables como las de la Argentina tienen que convivir en menor medida.

Pero los expertos consultados por APERTURA no creen que la obsesión por el dólar se trate de un tema cultural ni idiosincrático, sino de una conducta racional de las familias y de las empresas. Eduardo Corso, profesor de Economía Monetaria y Finanzas en la Universidad de Buenos Aires (UBA), es contundente: cree que la elección de las familias a la hora de buscar activos responde 100 por ciento a decisiones racionales.

Para que una política económica sea efectiva, quien la ejecuta debe generar un mecanismo de incentivos para que los agentes tomen decisiones funcionales al objetivo perseguido. Daniel Heymann, macroeconomista y profesor histórico de la UBA, observa en ese sentido: “Cuando se hace política monetaria, no se puede suponer que la gente cree lo que vos creés que debe creer. Hay que entender el comportamiento porque es la manera como se va procesar tu política”.

La política monetaria tiene dos caras. Si de un lado está la autoridad económica, del otro lado están las familias o las empresas que, según su patrón de comportamiento adquirido, actuarán de una u otra manera. “La gran particularidad de la economía argentina es que por alguna razón los agentes buscan activos cortos y líquidos como el dólar y esto vuelve a la política monetaria mucho más compleja”, dice el economista José Fanelli.

El dinero como medio de pago es el elemento más básico de una economía. Y en la Argentina, como recuerda Emiliano Anselmi, economista de la consultora Macroview, el peso se ha vuelto puramente transaccional. El dinero es un bien cuya oferta es monopolizada y regulada por el Banco Central y cuya demanda es dada por la cantidad que las personas o empresas requieren para hacer transacciones o para atesorar. Todos los economistas reconocen que una gran complejidad de la economía local es la inestabilidad de la demanda monetaria. Cuando el BCRA hace política monetaria manipula el costo del dinero y así determina su abundancia en el mercado. Indirectamente, incide en la cantidad y en la velocidad de las transacciones de bienes y servicios, es decir, en el nivel de actividad.

Corso dice: “Una manera de pensar la política monetaria es la capacidad que tiene el Banco Central para afectar precios relativos y de esta manera generar expansión o contracción”. Los precios que el Banco Central puede modificar a través de sus políticas monetarias son la tasa de interés y el tipo de cambio nominal que inciden, como Corso explica, en las decisiones intertemporales de ahorro e inversión. O dicho de otra manera, en los incentivos para sustituir gasto presente por gasto futuro.

Todo pasa

Los economistas usan diferentes enfoques para mostrar el patrón de conducta que según ellos domina a la economía argentina. En uno de los cientos de espacios recónditos que tiene la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en su despacho, Heymann se sirve de algunas diapositivas para explicar que lo que distingue a la economía argentina de la de sus países vecinos es el alto pass through, el porcentaje de traslado a precios que una devaluación genera en una economía. Heymann muestra en distintos gráficos cómo en Chile, Colombia, Perú y Brasil la curva del tipo de cambio nominal no sigue a la del tipo de cambio real. “Eso se debe a que la inflación no se activa cuando el tipo de cambio se deprecia”, explica. La evidencia argentina muestra todo lo contrario. Las curvas del tipo de cambio real y nominal son simétricas.

Una vez que mostró evidencia suficiente, Heymann busca una explicación al fenómeno. “Puede ser una cuestión de estructura económica, de que somos un país exportador de productos primarios. Pero, ¿Perú, Chile, no lo son? O puede ser un tema de puja distributiva. Pero, ¿los otros países no tienen puja distributiva?”, se pregunta.

Ensaya luego que la cuestión está en la experiencia inflacionaria: “En estos días de crisis cambiaria, por ejemplo, si vas a un almacén a comprar el mismo artículo de siempre y ves que aumentó, ¿vas a ir a buscar a otros lados? No. En cambio, en Chile si sos un vendedor, ante esta misma situación, ¿vas a aumentar el precio? No, porque si aumentás, el comprador se va al negocio de al lado que seguramente no subió los precios”.

 

 

Heymann ve en la crisis cambiaria de este último mayo un ejemplo que ilustra perfectamente la particularidad de la economía argentina: “La reacción de precios a la depreciación del peso parece ser rápida y es así porque la gente espera que sea rápida”. Anselmi conceptualiza este fenómeno: “Los argentinos fijan precios con la inflación pasada y no con la expectativa de inflación”. Las expectativas de los agentes están arraigadas a la experiencia inflacionaria que, a su vez, está íntimamente vinculada al precio del dólar. Es decir que a la hora de tomar alguna decisión económica miran hacia el pasado y luego extrapolan hacia delante esa experiencia. Esta conducta, según Heymann, explica el rápido traslado a precios de la reciente depreciación del peso y permite ver cómo el dólar es en la economía argentina un ancla o una referencia imposible de desconsiderar por parte de quienes ejecutan las políticas monetarias.

Corso describe este comportamiento como la respuesta más acabada de los agentes a la hora de incurrir en contratos y así minimizar las posibles pérdidas que podrían tener por culpa de la inestabilidad de las variables económicas. “Una manera que han encontrado los agentes para cubrirse de la incertidumbre real fue acortar el plazo de sus contratos que, en un extremo, implicó buscar una variable nominal como unidad de indexación, el dólar”, explica el académico.

La historia también justifica que los argentinos hayan huido de la moneda nacional como denominadora de sus ahorros. Corso estudió en profundidad los retornos históricos de los activos. Demuestra que los activos de ahorro en moneda nacional fueron históricamente los menos rentables. De hecho, según sus análisis, los plazos fijos tuvieron rendimientos negativos en términos de poder de compra de 6,82 por ciento entre 1977 y 2012. Los inmuebles y luego el dólar han sido los activos más rentables y eso explica por qué fueron los más elegidos como reserva de valor.

Corso también explica que la dolarización de las familias obedece al exiguo crédito hipotecario, que hace de los ingresos propios de las familias el único recurso para acceder a la vivienda propia. “Una familia promedio tiene que acumular ingresos durante 10 años para poder acceder a su casa propia. De alguna manera necesita preservar el valor de esos ingresos. Cuando la historia muestra que los bonos en moneda nacional tienen rendimientos negativos, la otra opción de las familias es el dólar”, explica.

Manos atadas

¿Cómo conviven entonces estas características de la economía local con su política monetaria? ¿Cuáles son los obstáculos del Banco Central a la hora de armar su estrategia?

Conceptualmente, los economistas coinciden. La principal dificultad de la política monetaria en la Argentina reside en la ineficiencia de sus canales de transmisión. Como dice Anselmi, la práctica que han adquirido las familias y las empresas de incurrir en contratos cortos como consecuencia de la inestabilidad impide tener una estructura de tasas de interés completa y esto hace que muy seguido los efectos de la política monetaria no sean los que las autoridades monetarias pretenden.

 

 

Fanelli compara la estructura local de tasas de interés con un queso Gruyère: “Hay bonos a un mes, a un año, a 10 años, pero no tenés una curva que te permita sustituir de manera eficiente y ordenada los plazos de tus activos”. Luego explica el corolario de esta debilidad: “Cuando se quieren afectar las decisiones intertemporales de inversión, por ejemplo, al no tener una estructura de tasas completa que permita sustituir activos de manera gradual, para conseguir efectos, la política monetaria influye mucho sobre los activos de corto plazo y de esta manera termina por afectar la liquidez, lo cual afecta directamente a la cadena de pagos”.

Fanelli dice que esta debilidad termina por ser un palo constante en la rueda, sobre todo para las PyMEs que tienen que financiar su capital de trabajo o cambiar cheques. El saldo final de una política que tenía como objetivo generar incentivos para el ahorro de hoy resulta en un brusco freno de la actividad: “En los países desarrollados tenés pinceles de distinto trazo para ir pintando un cuadro, mientras que nuestro Banco Central tiene solo brocha gorda”.

Otro canal de transmisión que muestra con claridad las distorsiones locales es el que opera a través del tipo de cambio. Corso explica que las complejidades de la economía argentina hacen que existan “problemas de identificación”. Y se pregunta: “¿La baja de la inflación entre 2016 y 2017 se explica porque se frenó la actividad a través de las altas tasas o se debe más bien a que la tasa sirvió para mantener el nivel de precios anclado a un tipo de cambio real apreciado?”.

La debilidad o la ineficiencia de la tasa de interés como herramienta para regular la relación entre inflación y crecimiento es, según Diego Friedheim, economista del Cedes, mucho más débil en las economías emergentes que en los países desarrollados. En el caso argentino, son dos las razones: la vulnerabilidad a los shocks externos y el rápido traslado a precios de la depreciación de la moneda. En contextos recesivos, la tasa de interés no puede actuar como una herramienta anticíclica porque bajar las tasas implicaría una sustitución de bonos en moneda nacional por activos en dólares y, como consecuencia, una exacerbación de la inflación.

“El presidente del Banco Central que busca bajar la inflación en un contexto como el actual y con los condicionantes de la economía argentina se encuentra en una situación de muchas restricciones”, observa Anselmi, en referencia al hábito de las personas de proteger sus ahorros en el dólar, a la inercia inflacionaria y a la dominancia fiscal.

Diego Finchelstein, economista de la Universidad de San Andrés, dice que siempre que se han tomado medidas para controlar la inflación en contextos de alta volatilidad hubo del otro lado personas que han sabido especular y lograr grandes ganancias financieras. “Esto retroalimenta la inestabilidad y complejiza aún más las medidas de las autoridades monetarias, además de desincentivar las inversiones productivas”, explica.

La manera en la cual los agentes construyen sus expectativas le suma también un grado de complejidad a la autoridad monetaria. Por ejemplo, a la hora de hacer inflation targeting para anclar las expectativas de precios como pretende hacer el Banco Central últimamente, el desafío resulta demasiado exigente. Heymann plantea: “Cuando tenés expectativas muy atadas a la experiencia pasada y anunciás metas de inflación, para que los agentes se adapten a esas metas te van a decir que recién cuando haya evidencia las considerarán como referencia”. La economía argentina se muerde la cola.

La versión original de este artículo fue publicada en la edición 295 de Revista Apertura. Enterate cómo conseguirla acá.



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3 Comentarios

Leus Fernandez

Si no compras te roban cada vez q pueden a través de la devaluacion, comprando sos más libre e independiente!

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Hernan R Cappuccio

Por que no adoptamos el dolar como moneda local, cerramos el Bco Central y no sufrimos mas esto...

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Rubén Ardosain

Capullo, ¿por qué independizarse?, sería como querer independizarse de una súper modelo millonaria que está loca por uno. ¨rubenardosain.wordpress.com¨

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