21 de Agosto 2018

Compitiendo en tiempos de disrupción

Cómo transitar el camino de un modelo productivo anclado en el siglo 20 a uno que apunte al siglo 21 (segunda entrega)

Compitiendo en tiempos de disrupción

Había expresado en la entrega anterior que, derivado de dos disrupciones, la tecnológica y la competitiva, es prioritario para nuestro país incrementar la productividad de la economía en su conjunto, y en particular la de las empresas.

Qué entendemos por disrupción en los negocios: un cambio significativo en la rentabilidad relativa debido a un cambio de modelo.

Enfrentar estas disrupciones implica para las empresas una “evolución competitiva” que significa ir cambiando desde un modelo presente a uno futuro. Un futuro incierto pero inevitable. Cabe aclarar que el enfoque que veremos es aplicable, con sus especificidades, a cualquier tipo de empresa no importando el sector en que se desempeñe ni su tamaño. Podremos estar hablando de una gran empresa o de una Pyme.

Mucho puede hacer el sector público, en articulación con el sector empresario y del trabajo, para mejorar el desempeño del sector privado de la economía: disminuir drásticamente la inflación, mantener un tipo de cambio real competitivo, reducir la carga impositiva incluyendo las cargas al trabajo, modernizar las normas laborales, dotar al país de una mejor infraestructura, generar marcos regulatorios que permitan acceder a precios de la energía adecuados, eficientizar el estado, entre otros.

Supongamos que esto se logra en los próximos años. Sería muy bueno para el país. Minimizados los factores anti-productividad mencionados arriba, les quedará a las empresas trabajar en su seno, para incrementar significativamente su productividad.

Ello implica operar sobre los principales factores internos que apuntan a una mayor competitividad. Esos factores residen en la calidad de sus procesos de negocio, mediante la innovación de productos y procesos. Cuando el estado no se posiciona como un factor determinante del éxito competitivo y la relación con el funcionario de turno no es “la clave” del triunfo o fracaso sino que lo es el mercado, sólo queda la innovación para lograr el éxito competitivo.

No es ocioso enfatizar que el objetivo es que, en el marco de una economía abierta, las empresas puedan exportar o defenderse exitosamente de los productos y servicios que provienen del exterior.

En el derrotero de la innovación, el primer factor al que debemos apuntar es lograr un mayor valor del producto generado. Es decir por cada unidad de trabajo o de capital físico invertido generar un producto de mayor valor.

En un país de ingresos medios como el nuestro, donde el valor en dólares de la hora trabajada es comparativamente alta (vs. Brasil, México, China, Vietnam, Indonesia, Malasia entre muchos otros), el camino de la mejora competitiva debería ser lograr una diferenciación de producto o la inserción eficiente en una cadena de valor.

La diferenciación en el producto se logra entendiendo las necesidades del consumidor, local o extranjero.

La inserción exitosa en una cadena de valor es funcional a la eficiencia en los costos y procesos, luego de haber identificado las cadenas nacionales o globales en las cuales es posible insertase.

En ambos casos es relevante incorporar tecnologías de última generación, hoy conocidas como “industrias 4.0”, entre las más relevantes: tecnologías de última generación, nuevos materiales, Internet entre los objetos, robótica, e inteligencia artificial.

Tanto la diferenciación como la incorporación a las cadenas de valor se logran mediante una “cultura anticipativa”, un adecuado manejo de los “riesgos de negocio” y una “transformación dual”.

Una cultura anticipativa es aquella que, con base en la creatividad para innovar, para replicar y para aprender de su gente, les permite a las empresas identificar suficientemente temprano las tendencias en las preferencias de los consumidores y/o aquellos sectores económicos que representan oportunidades de inserción en las cadenas de valor.

El manejo de los riesgos de negocio es fundamental para prevenir, mitigar y administrar los impactos presentes o futuros que presentan el contexto, los competidores, la operación de los procesos y el control.

El concepto de transformación dual implica que en cualquier empresa existente no sólo es relevante anticipar el futuro y posicionarse competitivamente para aprovechar las oportunidades que éste brinda sino, paralelamente, administrar eficientemente el negocio presente como una plataforma para generar utilidades que permitan invertir en “la empresa futura”.

¿Cuáles son los requisitos para encarar en la empresa la competencia internacional o local?

* Precio competitivo de sus productos o servicios

* Calidad y variedad de producto

* Capacidad de abastecer al mercado

* Acceso al mercado de capitales y al financiamiento

* Administración de los costos

* Productividad de los procesos de producción y soporte

* Manejo de los procesos de “gobierno corporativo” y

* Adecuado apetito de ganancia.

Para ser exitosa, la evolución competitiva a la que aludí al comienzo se refiere más a un proceso de cambio que a la incorporación de tecnología. En el proceso de cambio cabe resaltar algunos conceptos:

* Reconocer que el cambio es inevitable y abrazarlo proactivamente

* Reconocer el impacto de las nuevas tecnologías

* Aplicar el concepto de “transformación dual”

* Apalancarse en las fortalezas existentes

* Pensar “como” el cliente

* Trabajar activamente en la baja del precio

* Integrarse, no aislarse

* Redefinir constantemente el negocio

* Trabajar “con” la gente en el cambio

* Focalizar en la calidad y la excelencia.



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