21 de Julio 2017

La miopía detrás de la transformación digital

La miopía detrás de la transformación digital

El concepto de transformación digital no es nuevo y la verdad es que se lo ha maltratado bastante. Pero el problema no es de la tecnología que cambia día a día, sino de la miopía de quienes la usan como argumento para cambiar procesos y justificar presupuestos.

La génesis de esta miopía surge a partir de que el uso de la tecnología se pensó para administrar escasez. De hecho, en los años '90 eran las áreas contables las que demandaban la implementación de sistemas para lograr el control y la integridad de los datos y poder identificar oportunidades de eficiencia. Así, en la prehistoria de la transformación digital, los proyectos eran gigantes, pesados e impactaban en toda la organización para finalmente dejar tranquilos a los auditores con el balance de fin de año.

Luego, a principios del 2000, la masividad de las conexiones de Internet y su consiguiente conectividad alentaron el origen del e-commerce y la posibilidad de vincularme electrónicamente con la cadena de valor por medio de la automatización y de nuevos canales de comunicación. Esto tampoco era nuevo. Solo se trataba de conectar a la distancia a personas y empresas que replicaban sus viejos procesos. Aun no habíamos inventado nada, aunque aparecían algunas nuevas oportunidades para ampliar el mismo negocio de siempre.

Es importante aceptar que estas dos etapas, encabalgadas una sobre la otra, trajeron consigo una importante eficiencia de procesos y esto generó una brutal reducción del costo por transacción. El resultado fue el surgimiento de nuevas compañías que supieron aprovechar estos cambios. Las puntocom son el ejemplo más claro, aunque no todas dieron en la tecla. Hasta entonces, nuestra capacidad y la velocidad de cambio de la tecnología estaban más o menos parejas.

Al día de hoy, la tecnología avanzó más rápido que nuestra capacidad cultural de poder usarla. Es por eso que nuestro desafío de hoy, como seres humanos, es generar un criterio de abundancia tal que nos permita imaginar y desear nuevos modelos de negocios, para los cuales la tecnología ya está preparada para abarcarlos. En el mundo en el que estamos hoy, donde ahora reinan Internet de las Cosas, BigData y las analíticas predictivas, pasamos de la inferencia al conocimiento en tiempo real. Ahora hay que imaginar qué quiero hacer para poder desarrollarlo. Vivimos en un mundo de abundancia de posibilidades y las limitantes están dentro nuestro y en los viejos modelos de las organizaciones en las cuales nos formamos y trabajamos a diario.

El desafío como personas es dejar de lado la limitante cultural que trae recurrentemente la excusa del “no se puede” para abrir la puerta al “se puede hacer algo totalmente distinto”. Es hora de imaginar nuestros negocios sin las premisas que los han justificado durante todo este tiempo. Solo a modo de ejercicio, pensemos una compañía de distribución de electricidad sin cables, o un colegio sin asignaturas o una empresa de consultoría sin personal. Son algunas alternativas, porque empresas de taxis sin autos propios y servicios de hospedaje sin edificios propios ya fueron creados.

Entender la posibilidad que la digitalización nos ayuda a entender un mundo sin límites. He ahí la verdadera transformación.



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