19 de Marzo 2013

El desafío diario de emprender en el paraíso

El desafío diario de emprender en el paraíso




Hace algunas semanas, publiqué en mi perfil público de Facebook una pequeña encuesta en la que consultaba cuál era el mayor desafío diario de un emprendedor. Al mismo tiempo, propuse una serie de posibles respuestas: administrar el tiempo; enfocarse y concentrarse; formar un buen equipo; y manejar las emociones. En esa ocasión, la opción más elegida fue la que hacía referencia a la conformación de grupos de trabajo. Hasta allí, nada extraño. Pero, en esa misma encuesta, también coloqué un apartado para que quienes quisiesen aporten alguna otra opción que considerasen importante.

El espectro de propuestas fue sumamente interesante: poder asegurar facturación, realizar un seguimiento del proyecto de forma constante, poder sostener la pasión, ejercitar la paciencia, eliminar los miedos, alimentar la confianza en el proyecto, poner en práctica toda la teoría sobre cómo emprender, desarrollar la capacidad de adaptarse a los cambios continuos, aprender a comunicar bien, conseguir financiación, delegar, que el emprendimiento no te consuma la vida, etcétera. Sin embargo, hubo una que me llamó la atención más que otras. Curiosamente, la primera respuesta, que decía: el mayor desafío de ser emprendedor es serlo en la Argentina.

Esta frase, además de sacarme una sonrisa, me generó una sensación extraña de ambigüedad. Es verdad: muchas veces, quienes emprendemos sentimos que el contexto que nos toca afrontar es hostil. Que existen trabas, que es difícil conseguir financiación, que las reglas de juego son difusas, que los escenarios cambian abruptamente. Son frases que escuchamos todos los días. No obstante, si bien ese pensamiento puede ajustarse a una descripción precisa de lo que realmente ocurre, no deja de ser una trampa de difícil escapatoria. ¿Por qué? Porque sólo se enfoca en una perspectiva –la mala– de un marco que, también, presenta muchos otros matices. Si nos enfocamos sólo en los aspectos negativos, perdemos, automáticamente, la capacidad de explorar las ventajas naturales que surgen de contextos como el argentino. 

Aunque cueste creerlo, son este tipo de escenarios los que favorecen la mayor proliferación de oportunidades para nuevos negocios. “¡Estás loco!”, me podrán decir. Pero es una realidad. Los desafíos extra que nos presenta a diario nuestro entorno complejo son directamente proporcionales a las oportunidades que surgen de él. Cuando estaba en la universidad, acudí a una charla en un seminario sobre emprendimientos exitosos. En aquella oportunidad, recuerdo que el principal orador fue Fernando
Orís de Roa, fundador de la empresa San Miguel, principal productora y distribuidora de limones en el mundo. Dijo una frase muy interesante que me marcó para toda mi carrera: “Mientras que, en los Estados Unidos y Europa, todos buscan crear la gran idea, en países en desarrollo, lo que hace falta es buscar viejas ideas e implementarlas mejor que los demás. ¡Por eso estamos en el paraíso!”. 

Lo que intentaba hacer Orís Roa no era más que descolocar al auditorio, escapar de los lugares comunes, estimular la creatividad y, en definitiva, optar por una postura frente a una situación dada. Frente a una característica específica que no podía cambiar. Lo que estaba manifestando era, a fin de cuentas, una elección: la de cómo mirar la realidad. Tal vez, ese sea el mayor desafío diario de todo empre ndedor que omití en aquella encuesta: aprender a mirar. Desarrollar la capacidad de descubrir “el paraíso” que se esconde detrás de cada contexto. Incluso, el argentino. 



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