Qué hacer cuando el jefe no se toma de vacaciones
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Qué hacer cuando el jefe no se toma de vacaciones

Dice estar descansando en la playa. Pero el espíritu de su superior sigue presente en la oficina... y en su vida. ¿Cómo lidiaría con quien, a la distancia, le duplica el volumen de trabajo? Por Camila Fronzo 20 de Mayo 2015

 

Once de la noche. Los mails y mensajes por WhatsApp siguen entrando en su celular. Son de su jefe, que le pide un update con lo ocurrido en la empresa mientras él está “de vacaciones”. El problema no es que maneje la oficina remotamente sino que lo haga a través de usted. ¿Cómo frenaría esa avalancha?

Magdalena Aguilar, CEO de Mac Talento-Desarrollo Humano, propone establecer límites de tiempo y objetivos claros para mantenerlo informado sobre los temas clave del día y evaluar los resultados en conjunto. Delegar y confiar en el equipo, señala, es la base del liderazgo. Sin esas virtudes, “los colaboradores se cargan de trabajo innecesario, se desmotivan, bajan su rendimiento y la empresa puede perder personas clave”.

Además de pedir el parte diario, siempre, hay un jefe que coordina reuniones a la distancia, sin preguntarle a usted si estará disponible para asistir a ellas. “Bloquearía mi agenda, de 8 a 19, con la actividad ‘reservado para posibles reuniones que me quiera agendar XX’ y le mandaría una invitación. Si tiene humor, entenderá el mensaje”, confía Edgar Medinaceli, director de Russell Reynolds Associates. Según él, respetar los tiempos del equipo y confiar en su criterio son ingredientes clave para ejercer el liderazgo a la distancia.

Frecuentes resultan los llamados inoportunos, provocados por la diferencia horaria. Para evitarlos, Horacio Caillaud, socio de Terrible Enfant, marca de accesorios masculinos, arreglaría comunicaciones cada 72 horas y apagaría el celular al llegar a su casa. Si el plan fracasara, utilizaría el huso horario en su favor: “Lo llamaría a las 10 de la mañana, hora local (8 de la mañana, en Miami), para que comprenda la diferencia horaria”.

¿Cómo frenaría esa avalancha?

Gonzalo Fernández, creativo publicitario, toma la ausencia del número uno como ventaja: “Un jefe no se va de vacaciones sólo un fin de semana, como el resto de los mortales. Tenemos, como mínimo, 15 días para solucionar los problemas”. Ante sus demandas, respondería que “todo marcha viento en popa” y se relajaría. Cuando el trabajo se le caiga encima, recurriría al pensamiento de Adam Smith: “El mercado resuelve todos nuestros problemas”.

Daniel Rosales, presidente de la Asociación Argentina de Profesionales del Coaching, lo tranquilizaría con un mail que alimente su ego. “Estoy trabajando y generando compromiso en los integrantes de la oficina. Le pido que se quede tranquilo y confíe en que, gracias a su iniciativa, aprendí lo que tanto me inculcó”, escribiría.

Carlos Palacios, director Comercial de la consultora Estratega, sugiere satisfacer las necesidades de perfeccionismo del hombre fuerte de la compañía para evitar errores que incrementen su paranoia. “Al mismo tiempo, y con mayor dedicación y energía, buscaría nuevas oportunidades de realización profesional, donde pueda desarrollar mis iniciativas y me permitan trabajar más independientemente”, concluye.

El director de Integración de la productora Sake, Rodrigo Elizalde, mantendría “la casa funcionando”. Frente a sus incesantes llamados, recomienda actuar igual que con una ex novia enojada: atenderlo, escucharlo, darle explicaciones y opiniones. “El problema es cuando, además de llamarte para chequear cómo está todo, te suma proyectos. La respuesta, siguiendo la comparación con una ex, es muy simple: ‘Yo también te quiero’”, resuelve.

Bloquear agendas o apagar celulares, recetas para afrontar los pedidos extra de un jefe obsesivo. Usted, ¿qué haría? 



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