Las 5 ciudades que todo foodie no puede dejar de conocer
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Las 5 ciudades que todo foodie no puede dejar de conocer

Los principales destinos gastronómicos del mundo prometen un mundo de sensaciones difíciles de olvidar, tanto en famosos restaurantes como en puestos callejeros. Los imperdibles y qué probar en cada uno de ellos. Por María Paula Bandera 16 de Noviembre 2016

Cualquier ciudad puede ser foodie, pero hay ciudades que un foodie no puede dejar de conocer. Es que no importa el lugar, un apasionado por la gastronomía recorrerá restaurantes, disfrutará de la comida callejera y se llevará souvenirs del supermercado esté donde esté. Claro que, si se habla de destinos gastronómicos, algunas ciudades aparecen como referencia ineludible.
Cynthia Valenti, directora de Premium Travel, se especializa en organizar viajes foodies con especialistas en la materia. En octubre, por ejemplo, viajó con la chef Juliana López May y un contingente de 26 mujeres a la Toscana. “Para que el viaje sea un éxito hay que conocer qué tipo de experiencia busca el pasajero”, asegura. Y agrega: “Hay gente que quiere ir a lo refinado, a restaurantes de vanguardia, y otra que apuesta a los lugares escondidos, a comer en una casa de familia o hacer un picnic”.

A la hora de los costos, la especialista afirma que “no hay ciudades más caras o más económicas para vivir una experiencia foodie, solo hay restaurantes más caros o más baratos”. Además, el precio alto no es sinónimo de excelencia. El empresario Esteban Nofal, dueño de Trattoria Olivetti y de otros restaurantes porteños, explica: “Nadie duda que un restaurant que tenga tres estrellas Michelin va a ser bueno, pero depende del estilo que uno busque, en general son medio pacatos para mi gusto. Prefiero los que tienen una o dos”. Y lo dice con conocimiento de causa, ya que, todos los años hace este tipo de viajes. Con esas salvedades encima, estas cinco ciudades son must-see para todo foodie que se precie de tal.

 

Roma

La cocina italiana es una, pero un piamontés dirá que no come igual que un siciliano y viceversa. Es que cada región le aporta su particularidad, por eso, al ser la capital del país, Roma es ideal para los que quieren conocer un poco de todo: allí confluyen la comida del sur, del centro y del norte. Además, los foodies deberían rendirle honor a esta ciudad, ya que de allí es oriundo el primer gourmet de la historia: Marco Gavio Apicio, quien se dilapidó toda su fortuna en cocinar platos extravagantes, como sesos de ruiseñor, en banquetes tan famosos que hasta Séneca se refirió a ellos.

Pero Roma también se destaca por ser uno de los lugares donde peor se puede comer: la clave es no caer en los trattorias que apuntan a los turistas. Si se visita la Fontana di Trevi, por ejemplo, hay que pensar en comer en un lugar un poco más alejado y no en los restaurantes que se emplazan a pocos pasos de allí.

Valenti recomienda hacer un picnic en la Villa Celimontana, un parque público bien cercano al Coliseo. “Llevás una tabla de fiambres y quesos, bocatas de muzzarella de búfala con pesto napolitano de piñones y tomates secos, uvas, limonada con menta y jengibre, y es mucho más económico y rico que comer en una típica trattoria turística”, señala la especialista. Si se busca lujo, el restaurant imperdible es La Pergola, ubicado en el Hotel Waldorf Astoria. Es el único tres estrellas Michelin en Roma y ofrece una vista panorámica de la ciudad difícil de apreciar en otro lado. Claro que también se puede comer en restaurantes mucho más amables con la billetera, como Agata & Romeo, que tiene una estrella Michelin y ofrece exquisitas pastas y risottos por 15 euros.

 

Nueva York

Conocer la cocina del mundo en una sola ciudad: esa es la posibilidad que da Nueva York. Es que, tal como asegura Nofal, “quizás no tiene el mejor restaurant del mundo en nada, pero seguro tiene uno de los 10 mejores en todo”. En la gran manzana hay excelentes restaurantes de comida italiana, china, india, japonesa; la que al foodie se le ocurra.

Para comer un sándwich al paso, o mejor dicho “el” sándwich al paso, la mejor idea es ir a Parm. Tiene cinco sucursales y también ofrece un típico menú italiano con pastas, ensaladas, meatballs y diferentes variedades de Parmigiana, una especie de lasaña de berenjenas.
A la hora de la cena, Buddakan es el lugar para los que quieren una experiencia lujosa sin dejar el sueldo. Se especializa en cocina asiática y es famoso porque el restaurante apareció en una parte fundamental de Sex and the City: el compromiso de Carrie y Big. La fachada es demasiado simple para lo que aparece al cruzar la puerta: el lugar es grandilocuente, desde las arañas que cuelgan del techo hasta los paneles de madera que cubren las paredes, todo es lujoso e impecable. La luz tenue deja en claro que no es kids friendly.

A la hora de los mercados, el Chelsea Market es imperdible, hay de todo y bueno: heladerías, panaderías, pescados, siempre con opciones para llevar o disfrutar in situ. Si la idea es matar dos pájaros de un tiro y combinar compras con restaurant, la visita obligada es Eataly. En sus 10.000 metros cuadrados venden todos los ingredientes de la cocina italiana y también hay varios spots para comer: el sector de la heladería, un patio cervecero en la terraza, un café y otros restaurantes.

Tampoco hay que dejar de lado los clásicos:  Katz's, famoso porque allí se filmó la escena en la que Meg Ryan finge un orgasmo en el film “Cuando Harry conoció a Sally”; Magnolia Bakery, un favorito de las protagonistas de Sex and the City y de todos los amantes de los cupcakes y muffins; y Carnegie Delie, donde venden el sándwich de pastrami más famoso del mundo -eso sí, habrá que ir antes del 31 de diciembre, ya que su dueña anunció que en 2017 cerrará sus puertas para siempre.


Tokio

Tokio es monumental en todo sentido: tiene ni más ni menos que 226 restaurantes con estrellas Michelin y no todos son de comida japonesa, también se llevaron el galardón varios especializados en cocina europea. La oferta es abrumadora y, de tantos que hay, muchos no funcionan a la calle, por lo que es común que en un edificio varios pisos alojen a restaurantes.

Pero si algo distingue a la gastronomía nipona es la rigurosidad y disciplina que, conjugadas, conducen a la excelencia.  “El respeto y la calidad de la cocina es de otro mundo”, señala Nofal, quien quedó tan alucinado en su primera visita que decidió llevar a sus hijos para que conozcan este paraíso gastronómico.

En dialogo con CNN, el chef Kenichi Hashimoto, premiado con dos estrellas Michelin, revela parte del secreto: “Los chefs de aquí suelen tener 30 años de experiencia o más y en general se especializan en una clase específica de cocina o incluso en un plato determinado”. Además, los expertos señalan que comer bien es fácil en cualquier spot gastronómico, desde la comida callejera hasta un restaurant de lujo, porque la perfección forma parte de su cultura.

La capital nipona también rebosa de mercados. El más famoso es Tsukiji. “Está situado a 10 minutos a pie del barrio de Ginza, en el centro de Tokio, y es imperdible”, cuenta Valenti, y recuerda la frase que una vez le dijo un chef amigo: “Si existe en el mar, lo vas a encontrar allí”. Los interesados en el movimiento “farm to table” y la comida orgánica tienen que visitar “Tokyo Asaichi Earth Day Market”, también en el centro de la ciudad, en el parque Yoyogi.
Los stands están hechos con bambú y, además de productos agrícolas frescos, hay tés, confituras y otras delicias. Se realiza solo una vez por mes.

Pese a que es una de las ciudades más caras del mundo, con tanta oferta es fácil conseguir lugares para comer en todos los rangos de precios. Además, es costumbre que en los restaurantes sirvan agua gratis.


Lima

A Lima se la conoce como la capital gastronómica de América latina. Según la lista “World’s 50 Best Latin America”, el mejor restaurant latinoamericano es limeño: Central, que también ocupa el cuarto puesto del ranking a nivel mundial. Además, la capital peruana se destaca por ofrecer propuestas gastronómicas de buena calidad para todos los bolsillos: desde la comida callejera hasta los restó de lujo.

El plato por antonomasia del street food es el anticucho, una achura bañada con una salsa que lleva ají panca (un ají seco deshidratado al sol) y ajo. “Así como en la Argentina en las obras de construcción hay parrillas improvisadas donde se prepara desde un chorizo hasta un vacío, en Perú se hacen achuras marinadas con esta salsa”, explica el chef José Castro Mendivil, responsable de Sipan y creador de Osaka, entre otros éxitos locales.

Por supuesto, el plato más famoso es el cebiche: pescados o mariscos crudos marinados en jugo de limón, cilantro y sal, entre otros ingredientes. También se ofrece en locales gastronómicos de todo tipo. Y no falta la cocina nikkei, que combina la técnica nipona con los ingredientes y sabores del Perú. Maido, el restaurant del chef Mitsuharu Tsumura, es su mejor exponente. Este año se ubicó en el puesto número 13 entre los 50 mejores del mundo y fue el que más números escaló el ránking.

Nofal viajó en tres oportunidades con el único propósito de comer y asegura que “con tres días es suficiente para llevarse un panorama bastante completo”.

 
París

París no podía faltar. Es que Francia es considerada la cuna de la gastronomía y todo foodie debería conocer, aunque sea, la capital del país. “Hay tanto por descubrir que recomendar es complicado”, señala Anaïs Gasset, fundadora y dueña, junto al chef Morgan Chauve, de la boulangerie palermitana Cocu. “Empezaría por los quesos. Lo mejor es ir a una quesería y probar un poco de camembert, brie, rebleusson y todo tipo de queso de cabra”, cuenta.

Para disfrutar de una experiencia auténticamente parisina, recomienda seguir a los locales y hacer un picnic al margen del río Sena. “Con mis amigos, en primavera y verano, compramos pan, quesos, tomates cherry y hacemos un picnic. Es el mejor plan”, asegura.

En cuanto a los mercados, el Marché des Enfants Rouges es el más antiguo de la ciudad y uno de los más codiciados. Además de los típicos puestos de verduras, panes, frutas y quesos, tiene restaurantes de diferentes especialidades y cocinas del mundo, como la italiana y la marroquí.
Si se trata de recomendar restaurantes, Gasset menciona a Pas Sage: “Es un bistró de cocina de mercado francesa, súper chiquito y bien gourmet, todo bien elaborado, y queda en un pasaje muy bonito”.

Algunos platos para pedir en los restaurantes parisinos son: patas de rana, caracoles, tartare de carne, magret de pato, tartiflette, foie de veau y blanquette de veau. A la hora de los dulces, los macarons de La Maison Laduree son los más famosos de la ciudad. Tiene varias sucursales, pero el local principal se fundó en 1862, por lo que conserva el encanto de otra época. Le pelean en popularidad los de Pierre Hermé. Sus boutiques son de diseño futurista y de visita obligada para los golosos, ya que venden todo tipo de delicias dulces, siempre de impecable presentación.

 

Leé la versión original de esta nota en el one shot de Turismo de El Cronista Comercial.



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