La soja, el otro verde que rinde

La soja, el otro verde que rinde

Con un precio por encima de US$ 500, la oleaginosa despierta atractivo entre los inversores. Cuáles son las alternativas para hacer una apuesta en el sector agrícola, sin exponerse a la volatilidad.  

18 de Septiembre 2012




El “boom verde” sigue en la cresta de la ola y ni las sequías que afectaron a buena parte del país a principios de este año, ni los fogonazos entre los productores agropecuarios y dueños de la tierra con el gobierno de la Provincia de Buenos Aires y con el propio Ejecutivo por los aumentos impositivos le restan atractivo. Cotizaciones en alza, demanda en aumento y, sobre todo, la necesidad de escapar a una altísima volatilidad en todos los instrumentos de inversión más tradicionales (acciones y bonos), consecuencia de las crisis financieras que se suceden una tras otras, mantienen a los agribusiness en el ojo de los inversores y de los administradores de cartera.

Las alternativas se multiplicaron en los últimos años. Hoy, un inversor minorista, con un capital inicial de US$ 5000/30.000, puede hacer pie en un fideicomiso o fondo de inversión dedicado al cultivo de cereales y oleaginosas, a un pool ganadero u optar por negocios de nicho o tipo boutique, como la producción de olivas o de vinos. También está en boxes un fondo común de inversión, con oferta pública, vinculado a estas commodities que prepara el Banco Supervielle y algunos bancos estudian ofrecer, como ya lo hicieron el año último, plazos fijos cuya tasa siga el devenir de las cotizaciones en el mercado de Chicago para la segunda mitad del año.

Varias posibilidades y un denominador común: riesgo moderado (no bajo), ganancias atadas a evolución de activos dolarizados, diversificación y expectativas de retorno que no bajan del 12/15 por ciento en dólares. “La inversión relacionada a la agroindustria es una buena manera de dolarizarse sin comprar dólares físicos”, lanza Gabriel Marinozzi, socio de SamaAgro y un veterano conocedor del mercado financiero, que hizo buena parte de su carrera profesional en los cuarteles de Deloitte.

“En el contexto actual de la Argentina, el agro permite a inversores pequeños y medianos tener sus ahorros dolarizados y obtener rendimientos que antes eran impensados para un individuo sin expertise en el sector”, apunta Francisco Mendonca, director de Negocios Agropecuarios de Grupo Hecke, que administra desde hace 10 años fondos de inversión agropecuarios. A tono con la incertidumbre de los ahorristas locales que chocan todos los días con nuevas trabas de la AFIP para hacerse de billetes estadounidenses a “precio oficial”, los gestores de fondos y fideicomisos agropecuarios hacen hincapié en la cobertura de este tipo de proyectos.

“La inversión en explotaciones agrícolas ofrece rentabilidades atractivas y un buen resguardo en escenarios de inflación o devaluación de la moneda local, ya que los productos tienen precios internacionales expresados en dólares y eso nos asegura estar bajo el paraguas de la moneda más fuerte del mundo”, razona Guillermo Villagra, director de OpenAgro, consultora especializada en agronegocios que administra el fideicomiso PROFID. “Las proyecciones son excelentes no solo por los precios a los que cotizan las materias primas sino porque la demanda ya no es solamente generada por el sector alimenticio para la elaboración de alimentos. También con los granos se produce alimentación animal y cada vez más se utiliza para la producción de combustibles de origen vegetal (biocombustibles)”, agrega Villagra. Las commodities agrícolas llevan a la soja como estandarte. El “yuyo verde” llegó a cotizar a mediados de mayo a US$ 550 la tonelada, superando el máximo de 2008 (US$ 547 por tonelada).

Acumulaba un alza de 18 por ciento en lo que va de 2012 y la tendencia se mantendría a mediano plazo. “La oferta de soja es relativamente escasa y en ese contexto creemos que los elevados precios podrían continuar, fundamentalmente, por las menores cosechas que se registraron en Brasil y la Argentina, tercer y cuarto productor de soja a nivel mundial”, explica Agostina Nieves, analista de Research de Puente. El trigo y el maíz, en tanto, no vienen de un buen 2011 pero en las últimas semanas los precios comenzaban a reacomodarse, a US$ 223 y US$ 235 por tonelada, respectivamente.

Soja - IMG
La clave de la buena estrella que guía a las materias primas desde hace varios años hay que buscarla en la otra punta del Globo. Es el cambio en las condiciones de vida de la población en China e India lo que mantiene la demanda tan sostenida. “Ambos países son compradores ávidos porque, al mejorar sus condiciones económicas, se está ampliando la clase media y consumen más carne”, explica Marinozzi, socio de SamaAgro, que gestiona un fideicomiso con campos en la Pampa Húmeda. “La Argentina está en una muy buena posición para abastecer esa demanda porque tiene gran potencial de expandir su frontera agrícola. En 1995 se producían 17 millones de toneladas de soja, hoy vamos por los 50 millones y la expectativa es que, en 15 años, se triplique la producción”, asegura.

Cosecharás tu renta

“Después de la crisis financiera de 2008 y la crisis europea de 2011, el agro es el único sector que sigue resistiendo el mal humor de los mercados”, analiza Mendonca, de Grupo Hecke, gestora del fondo de inversión Global 360. A diferencia de un pool tradicional cuyo riesgo es alto, asegura, el fondo Global 360 tiene un riesgo moderado porque puede cambiar los negocios durante una misma campaña. “Hoy podemos estar invirtiendo en soja, cambiar a trigo y luego a hacienda”, indica el ejecutivo.

La inversión mínima es de US$ 5000 y se suscribe bajo dos modalidades, cuyos plazos mínimos son de seis y 12 meses. La rentabilidad anual es de 11 por ciento (histórico anualizado). SamaAgro opera bajo la figura de fideicomiso financiero. Tienen 31.000 hectáreas sembradas en la Pampa húmeda y para la campaña que se inicia (2012-2013) el mix incluirá más soja y menos maíz, para aprovechar los altos precios internacionales.

“Los inversores que entran al fideicomiso lo hacen con un aporte promedio de US$ 30.000/40.000 y nuestro objetivo es poder lograr rentabilidades promedio de 15/20 por ciento”, explica Marinozzi y aclara que, si bien las ganancias no son aseguradas, el uso de todas las herramientas disponibles para mitigar los riesgos –seguros climáticos, cobertura de precios en los mercados de futuros de Chicago y Rosario– son claves para restarle volatilidad y minimizar las posibilidades de pérdida.

El fideicomiso tiene a Bapro Mandatos como administrador fiduciario y trabaja bajo un sistema de gestión en el que las ganancias se reparten 75 por ciento para los inversores y 25 por ciento para los administradores. PROFID es el producto más antiguo de los que gestiona OpenAgro y, salvo en 2008- 2009, cuando la crisis financiera internacional provocó un impacto, siempre obtuvo rentabilidades del orden del 15/20 por ciento anual, según su manager, Villagra.

“Un inversor chico o mediano tiene la posibilidad de participar en la producción agropecuaria sin la necesidad de tener tierra propia ni expertise. Cada año se puede entrar, permanecer o salir del fondo, lo cual lo hace flexible”, detalla. El plazo mínimo de permanencia es de una campaña agrícola (entre ocho meses y un año).

La figura del fideicomiso es una de las más elegidas por los administradores. “El de los fideicomisos agropecuarios es un mercado en crecimiento por las ventajas que ofrece versus otras alternativas de instrumentación que se suma al desarrollo del sector y al precio de los granos”, apunta Juan Pablo Fernández Ranvier, Managing Director de Equity Trust, una empresa del grupo holandés TMF, posicionada como el segundo fiduciario a nivel local, detrás del Banco de Valores. “Las ventajas tienen que ver con una mayor transparencia, control sobre los flujos de fondos y del plan de siembra. Además, el patrimonio de afectación está separado del de los participantes y exento de acciones que, eventualmente, pudieran ejercer los acreedores”, resalta Fernández Ranvier.

Con track record para mostrar, Eidico sumó a los desarrollos inmobiliarios destinados a la vivienda la posibilidad de apostar en verde. “A través de nuestro departamento agropecuario hemos desarrollado, siempre bajo la figura de cooperativa o comunidad de inversores, proyectos forestales en el Norte de Corrientes, ganaderos en Salta y Formosa, y olivícolas en San Juan”, detalla Patricio Lanusse, director y socio de Eidico. “No consideramos a nuestras propuestas como un producto financiero sino como una convocatoria a formar parte de una comunidad inversora que puede desarrollarse bajo distintas figuras legales. Tenemos fideicomisos, sociedades anónimas y mandatos, según lo requiera la particularidad del proyecto”, apunta el ejecutivo y agrega que “siempre está dirigido a minoristas que pueden entrar tanto en la etapa de suscripción de cada proyecto o en una instancia posterior, sustituyendo a otro inversor si el emprendimiento ya está consolidado”.

La posibilidad de ganancias tiene, en ese caso, una doble vía: la renta propia del negocio y la revalorización de las tierras sobre las cuales se desarrolla el proyecto. “Las TIR de los negocios que proponemos está entre el 10 y 18 por ciento anual en dólares, y el suscriptor es propietario de una cuota parte de un inmueble con actividad productiva que puede o no venderse en conjunto”, indica Lanusse.

Saborear la inversión

Otro proyecto que pone el acento en esta doble posibilidad de ganancia –por un lado el negocio y por otro, la revalorización de la tierra– es el que gerencia ADBlick Agro, dedicado a la producción de olivas. “Se trata de un negocio a mediano o largo plazo, donde el inversor es dueño de la tierra y goza del beneficio de la renta de por vida, por lo cual decimos que es un negocio con Reserva de Valor y Renta a Perpetuidad”, explica el director del proyecto, Nicolás Berczely. La compañía tiene una cartera de 600 inversores (distribuidos en distintos proyectos) y US$ 30 millones bajo administración. Se trata de un proyecto de producción y comercialización de aceituna aceitera y de aceite de oliva de calidad premium bajo la figura de fideicomiso.

“El ticket mínimo de inversión es de US$ 20.000, se aporta en cuotas, y la rentabilidad estimada es del 18 por ciento en dólares, sin contar la revalorización de la tierra”, dice Berczely. La que está en suscripción es la segunda etapa del Fideicomiso Olivos. “Esperamos contar con alrededor de 800 hectáreas de olivos de alta densidad en La Reducción, departamento de Rivadavia en Mendoza, la mejor zona de país para este tipo de producciones”, dice el ejecutivo. Remarca que ya cuentan con el 90 por ciento del capital necesario, el campo desmontado y el proceso de instalación del sistema de riego.

También en Mendoza está Cuna de Olivares, que va por su cuarto fideicomiso y exporta a China. De la mano de una demanda cada vez más sofisticada, los emprendimientos tipo boutique, dedicados a la producción de olivas, nueces pecan, pistachos, miel o vino, entre otros, van ganando espacio. OpenAgro estudia un proyecto para producir pistachos y Eidico incorpora a sus proyectos forestales en Corrientes la plantación de arándanos. Tiene 20 hectáreas en Fincas de Loreto y 11 hectáreas en Garaví (Gobernador Virasoro). “El arándano es una fruta que se consume mucho en países de alto poder adquisitivo, está incorporada en el hábito de consumo estadounidense y es reconocida por sus beneficios para la salud. En la Argentina tenemos campos muy propicios para este tipo de cultivo, con un clima subtropical húmedo, casi libre de heladas”, desarrolla Lanusse y remarca que “la demanda está en expansión en Europa y Asia y las tasas de retorno son muy atractivas”.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos