Desde Fortabat a Grobocopatel, la historia de las empresas que impulsaron clubes de fútbol
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Desde Fortabat a Grobocopatel, la historia de las empresas que impulsaron clubes de fútbol

Loma Negra tuvo un equipo estrella pero no fue el único. En Carlos Casares, “los sojeros” nacieron de la mano de un empresario del agro. Los casos ingleses. 

Por Joaquín Garau 10 de Febrero 2014




En el Mercado del Progreso, en Caballito, un vecino recita de memoria: Barisio; Gómez, Cúper, Rocchia, Garré; Arregui, Saccardi, Cañete; Crocco, Jiménez y Juárez. ¡Cómo olvidar al Ferro de Griguol! En 1981 le peleó el Campeonato Metropolitano al Boca de Maradona y a River, que finalmente salió campeón.

Aquel Ferro, que luego dio la vuelta en el Nacional 82, llegó a disputarle la final a Boca y a River no sin antes tropezar con el rival menos pensado: Club Social y Deportivo Loma Negra, equipo nacido de la cementera de Olavarría alrededor de 1933, y emblema de Amalia Fortabat durante los 80. Los de Fortabat le ganaron 1 a 0 en la zona de grupos y los habitúes a bares y confiterías comenzaron a hablar sobre ellos.

Como Loma Negra, otros clubes de fútbol también fueron impulsados por empresas o empresarios, aunque los objetivos en cada caso fueron distintos. Ya sea por pasión, intereses personales o beneficios económicos, el hecho de encontrar a figuras del empresariado siguiendo de cerca a la pelota se repite.

Más allá del caso de Fortabat, se suman otros como el de Bernardo Grobocopatel (fundador del club Agropecuario Argentino); y el de la Universidad Abierta Interamericana y su alianza con Ferrocarril Urquiza. Otros clubes, por ejemplo, no fueron fundados por empresarios pero convivieron con ellos. Tal fue el caso de Racing, con Blanquiceleste S.A. o la situación de los equipos ingleses, en manos de magnates extranjeros. Por su parte, pese a no responder a este medio, en América latina existen empresas que crearon su propio equipo. La Equidad es un equipo de fútbol colombiano nacido de una empresa de seguros, y que durante 2013 jugó la Copa Libertadores.  

Los chicos de Amalita. Loma Negra, como empresa, nació en 1927, de la mano de Alfredo Fortabat, quien fundó la fábrica en Olavarría. El club surgió como una forma de cohesión, una manera de divertimento para los obreros que trabajaban noche y día (la fábrica jamás detenía su producción).

“Los obreros vivían junto a la fábrica y necesitaban entretenimiento –no podían ir a Olavarría porque estaba a 15 kilómetros-, por lo que entre las diversiones que se arman estaba el club, alrededor de 1933”, cuenta, a Apertura.com, Soledad Vallejos, co autora junto a Mariana Abiuso de “Amalita, la biografía”, libro sobre la segunda esposa de Fortabat.

Lejos de lo que muchos puedan llegar a pensar, Vallejos explica que “no era un club de barrio, sino un campo grande. Allí estaba la cancha y un galpón, y después Alfredo Fortabat fue dotando al lugar”.



"El club tenía una función social: la gente no se disgregaba. Sucede que como la cementera trabajaba las 24 horas, el empleado está siempre bajo el control empresario. Se logra que tenga una familia y no se vaya a buscar diversión a otros lados", explica la escritora.

En 1976 murió Alfredo Fortabat y Amalita se hizo cargo de la compañía. Comenzaban los 80 y ella se interesa en el club, en cierta forma para cambiar su imagen y volverse más popular. Además, inicia una relación con el coronel Luis Prémoli, quien comenzará a tener injerencia en el club. 

El equipo de los obreros jugaba muy bien, según los memoriosos de la época, y fueron a pedirle fondos a Fortabat. “Le dicen a Amalita que con un refuerzo de plata podrían ascender y hacer campaña. Ella acepta con una condición: tenían que ganar”, explica Vallejos. 

El interés de Fortabat por el equipo se fue al extremo y comenzó a seguirlos a todas partes. Llegó a bajar con su helicóptero en el medio de los entrenamientos, a alquilarle el estadio a San Martín de Olavarría para jugar allí de local (hasta le construyó las tribunas) y quiso contratar a Diego Maradona. Ella les decía “mis chicos”. Y los jugadores le decían “tía”.  

Amalita equipo Loma negraHay equipo. Amalita en el vestuario del Club Loma Negra luego del partido ante la URSS. A su izquierda, el capitán Luis Alberto Barbieri y Armando Husillos; a su derecha, Osvaldo Rinaldi (de rulos), Osvaldo Mazo y Jorge Pellegrini. Olavarría, 17 de abril de 1982. Foto: Prensa Penguin Random House.

No llevó a Maradona pero sí contrató a 30 jugadores, incluyendo a Félix Lorenzo Orte, delantero de Banfield, Central y luego Racing, y un galán de su época, con quien se la vinculó. Además, contrató a la selección de la Unión Soviética, que llegó al país a jugar contra la Argentina. La selección soviética venció a la argentina, pero sorprendentemente cayó contra Loma Negra, en un 1 a 0 recordado hasta hoy.

“Después de la reapertura democrática y de que el equipo no entra en primera A, pierde el interés en el club (y también pierde el interés en Prémoli)”, rememora la escritora. “Algunos jugadores se erradicaron en Olavarría. Y poco a poco el club volvió a ser de los obreros. Hoy en día, tiene piletas, cancha de rugby y sigue estando al lado de la fábrica”. 

Los sojeros.
En Carlos Casares, ciudad de 17 mil habitantes de la provincia de Buenos Aires, un club de fútbol cumplió dos años el 30 de enero de 2014. No tiene socios. Un hombre lo empuja por detrás: se trata de su fundador y actual presidente, Bernardo Grobocopatel. Trabajó en el negocio familiar –Grobocopatel Hermanos- dedicado a la ganadería, hasta que cambió el peso del ganado por los córners en el último minuto.

Hace dos años llevó adelante su sueño y fundó Agropecuario Argentino, con sede en Carlos Casares. “La idea la tuve siempre, pero hay momentos en que se puede hacer y momentos en que no. Yo soy un loco convencido de que podemos llevar el fútbol de Casares a lo más alto”, cuenta en diálogo con este medio.

No reniega del apodo de “sojeros”, siempre y cuando sea “con cariño” e imagina de dónde viene: “Me imagino que lo pusieron por el apellido y por mi primo Gustavo (Grobocopatel)”. Gustavo Grobocopatel es presidente de Los Grobo, empresa dedicada a la agricultura y considerado por muchos como “el rey de la soja”.

- ¿Por qué un empresario con una buena posición decide embarcarse en un club de fútbol que ahora juega en el Torneo Argentino B?
- Esto lo hago para cuando yo no esté en el mundo. Quiero que el club siga. Me importa dejar algo bueno para el fútbol. Hay empresarios que están en el fútbol y van a la política. A mí no me interesa.

Si bien la entrevista se realiza mientras Agropecuario (muchos le quitan la palabra Argentino para acortarlo) está primero en el Torneo Argentino B, el equipo viene de ser goleado 6 a 0. “Es cuestión de tiempo, pero llegaremos al Argentino A”, se esperanza Grobocopatel.

El club por el momento no tiene socios y el presidente admite que a veces tiene que “poner plata de su bolsillo”. La llegada de socios se dará cuando tengan “algo para ofrecerle” como club. “No arrancamos con los socios, porque nuestra idea es hacerlo cuando tengamos terminadas las canchas, así el socio tiene algo para disfrutar el lugar, porque si no, no le ofrecés nada”, detalla el empresario su plan de acción. 

Orgulloso, cuenta que hoy el “80 por ciento de los jugadores son del club”. En el plantel se encuentran algunos nombres conocidos, como Federico Turienzo, ex Gimnasia de La Plata; Pablo Rodríguez, ex Deportivo Merlo; y Ariel Reyes, quien llegó desde el Locarno de Suiza. El club tiene un récord en su haber: es el equipo más joven que llegó más lejos en la Copa Argentina y fue eliminado por Alvarado de Mar del Plata, en la quinta eliminatoria.

“Muchas veces tienen la idea de que porque hay un empresario todo es más fácil. Creo que a los clubes del interior les es mucho más difícil ser ordenados, porque quizás lo sos y tampoco te alcanzan los ingresos. A la televisión le interesa el fútbol de Capital y Gran buenos aires”, destaca Grobocopatel.

De a poco, el club crece. Unos 150 hinchas se acercan todos los fines de semana a la cancha. Cuando debutó, la euforia llevó a 1500 personas a conocer a aquél joven equipo. Aunque para Japón falta, nadie les quita la ilusión.

Adiós al Lord inglés. El té a las cinco en punto, las obras de Shakespeare en los teatros, el DO inicial de Eleanor Rigby y los hechizos de Harry Potter en el inconsciente colectivo de los niños sientan las bases de Inglaterra. También el hecho de haber sido los inventores del fútbol. Aunque a la hora de mirar quiénes son los dueños de los clubes, los pasaportes se sellan de a montones. Los empresarios –muchos de ellos de origen extranjero- han pisado fuerte en el césped inglés en el último tiempo y si bien no fundaron clubes, se quedaron con los históricos.

Roman Abramovich, ruso de origen, compró en 2003 el 50,09 por ciento del Chelsea por US$ 87 millones. El club venía con una deuda de US$ 130 millones. En diez años, Abramovich gastó US$ 1300 millones en el tradicional equipo.

roman abramovich imgEl inversor. Abramovich no escatimó en gastos y trajo refuerzos de jerarquía. Foto: Bloomberg. 

Basta repasar la lista de jugadores que contrató: Crespo, por US$ 36 millones; Juan Sebastián Verón, por US$ 29 millones; y Fernando “El Niño” Torres, por US$ 75 millones, sólo por citar algunos casos. En 10 años tuvo nueve directores técnicos y el club ganó 13 títulos.

Otro caso es el del Manchester United. Su dueño es Malcom Glazer, es estadounidense y compró el club por US$ 1600 millones. En su equipo supo jugar Cristiano Ronaldo, hasta que fue vendido al Real Madrid por US$ 121 millones. Luego, Glazer sacó a la bolsa al Manchester United. Fueron 16,7 millones de acciones (el 10 por ciento del capital del club).

Carson Yeung IMGDesde Hong Kong. Carson Yeung desembolsó U$S 84 millones por el Birmingham City. Foto: Bloomberg. 

A la lista de extranjeros dueños de clubes ingleses se suma el jeque de Emiratos Árabes, Mansour bin Zayed Al Nahyan, quien compró el 100 por ciento del Manchester City y aprobó el desembolso de US$ 53 millones para contratar a Robinho y de US$ 41 millones para llevárselo a Carlos Tévez (quien luego dejó el club).

En la Liga inglesa, otro que se destaca es el empresario hongkonés Carson Yeung. En 2008, a través de su compañía, Grandtop International, se quedó con el 90 por ciento del Birmingham City, tras pagar US$ 84 millones. Lejos de estar en el palco VIP, Yeung vive los partidos junto al campo de juego. Con la camiseta dentro del pantalón de vestir, se apasiona por cada pelota.

El Furgón. El otro caso argentino donde una empresa llega un club se dio con la Universidad Abierta Interamericana (UAI) y el club Ferrocarril Urquiza, quienes llegaron a un acuerdo y así nació Club Deportivo UAI Urquiza. El primero buscaba entrar a la competencia de AFA, tras estar federado en 10 disciplinas. El segundo, por su parte, luchaba porque el club no desapareciera, sumergido en deudas, pocos socios y una actualidad futbolística al borde de la desafiliación.

FUTBOL UAI MODIFICADACampeones. Lejos de perder la categoría, tras la unión de ambas instituciones se dio la vuelta olímpica. Foto. Prensa UAI.

Se firmó un nuevo estatuto y comenzó la unión. La UAI invirtió en el club y acercó sponsors. Del otro lado, aportaron la estructura –en decadencia, pero estructura al fin- y el proyecto comenzó a caminar.

Los logros deportivos se vieron rápidamente y en el primer torneo “El Furgón”, como apodan al equipo, ascendió a la C. Luego, el equipo volvió a dar la vuelta olímpica y llegó a la categoría en la que actualmente juega: la B Metropolitana.

Blanquiceleste. Si bien no crearon un club de cero, la historia de Racing a partir de 1998 tuvo como actor central a Blanquiceleste S.A., empresa que tomó el gerenciamiento del club luego de que la Justicia decretara la quiebra de la institución de Avellaneda.

El 10 de julio de 1998, Daniel Lalín, entonces presidente de Racing, presentó la quiebra del club ante el Juzgado Civil y Comercial N° 16 de La Plata. La razón radicaba en que Racing no podía afrontar el concurso preventivo en el que estaba. Daniel Lalin, presidente de Racing, anunció la quiebra del club en medio de una asamblea de socios violenta.

La Justicia nombró como síndico a Liliana Ripoll y, en 2000, Blanquiceleste S.A., con los empresarios Fernando Marín y Fernando De Tomaso a la cabeza, se quedó con el gerenciamiento del club. Curiosamente, en 2001, uno de los peores años para la Argentina y pésimo a nivel institucional para Racing, el equipo dio la vuelta olímpica, luego de 35 años de sequía. 

Pero el papel de Blanquiceleste S.A. pasó a erosionarse y, en 2008, la Justicia declaró la quiebra de la empresa y la nulidad de los contratos firmados hasta el momento. Así, Racing rompió su vínculo con la gerenciadora. 



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