>> por Camila Fronzo
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Aunque es el quinto productor mundial de vinos, la Argentina históricamente se concentró en el mercado doméstico. Recién a principios de los ’90, las bodegas se abrieron al mundo. Bajo el nombre Wines of Argentina, 200 de ellas se agruparon para promocionar la bebida en el exterior. Así, las exportaciones de vino en botella saltaron de US$ 11 millones a casi US$ 650 millones en 15 años. Alberto Arizu, presidente de Wines of Argentina y director Comercial de Luigi Bosca, prevé que la cifra ascendería a US$ 750 millones en este año y que, “para 2014, alcanzaría los US$ 1200 millones”. Aunque los Estados Unidos, Canadá y Brasil siguen siendo los principales destinos, otros mercados despiertan el interés. En el largo plazo, el foco está puesto en Asia. Pero África y las naciones árabes también figuran en el mapa. Nuevos destino Luis Steindl, COO de Bodega Norton, agrega a la India para tener en cuenta a la hora de exportar. También, señala a Taiwán, Kenia, Polonia, Estonia y Kazajistán, como destinos exóticos. “Son mercados en los que hay que hacer un esfuerzo muy grande para vender y vale decir que el retorno es poco. Pero, siempre, hay que buscar nuevos clientes”, afirma. Otros apuestan a África. “Tanto en Angola como en Nigeria, es muy importante la presencia de empresas petroleras extranjeras, con muchos expatriados europeos y de otras nacionalidades, muy acostumbrados a consumir vinos y que ya tuvieron buenas experiencias con productos argentinos”, apunta José Alberto Zuccardi, director de Bodega Familia Zuccardi. La empresa incorporó Líbano y Emiratos Árabes entre sus destinos. La instalación de hoteles cinco estrellas y la cantidad de extranjeros radicados en los últimos años fue el disparador que inspiró el negocio. Sin embargo, el consumo de vino en estos países está restringido al ámbito privado, ya que, por cuestiones religiosas, el alcohol está prohibido en restaurantes y espacios públicos. Según datos de Caucasia Wine Thinking, el Malbec representó el 40,1 por ciento del volumen exportado en 2010. Además de la variedad insignia nacional –que, según Arizu, “seguirá siendo la llave de las exportaciones argentinas”–, las bodegas apuestan al Bonarda, Torrontés, Cabernet Sauvignon, Tempranillo y Syrah. Con respecto al Bonarda, Steindl opina que “sería adecuado un corte con Malbec o Cabernet para empujarlo y salir de la monovarietalidad”. Ante la imposibilidad de aumentar los precios en el exterior, el COO de Norton –empresa que facturó US$ 110 millones en 2010– concluye: “Con la inflación reinante y el tipo de cambio real, hay que hacer lo posible para mantener la rentabilidad. Esto se puede lograr mejorando el mix y aumentando la eficiencia productiva”. |
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