Atrás quedaron su Patagonia natal, el departamento que compartía con sus hermanas en Buenos Aires mientras estudiaba y el primer negocio que vislumbró para proveer Internet. También quedó atrás su paso por la Universidad de San Andrés, donde conoció a Constancio Larguía y juntos idearon lo que después se convertiría en Patagon. Ya hace más de 10 años que Wenceslao Casares –o Wences, como lo llaman todos– consiguió el primer inversor que les permitió arrancar con el proyecto en plena época dorada de las puntocom.
El año que viene se cumple una década desde que fue tapa de todos los diarios, cuando el Santander Central Hispano pagó US$ 528 millones por su compañía, un record para el mercado. Cuando parecía que nada podía pasarle, la burbuja explotó y el mercado no despegó como se esperaba. Patagon tampoco. Como él mismo declaró en 2002: “Nos dieron un cheque en blanco y no supimos aprovecharlo. Hoy puedo decir que en dos años tiramos a la basura US$ 270 millones y no logramos absolutamente nada de lo que les prometimos a los españoles”. Sin embargo, Casares nunca dejó de emprender. Alejado de la Argentina cuando mudó las oficinas de Patagon a los Estados Unidos, creó un banco de microcréditos en Brasil, Banco Lemon; una empresa de videojuegos en Chile y su propio fondo de inversión con tres socios. Hoy, a los 35 años, casado y con tres hijos, siente de nuevo la pasión emprendedora que lo mueve desde la adolescencia. Desde Palo Alto, California, donde vive y maneja su nueva compañía, Bling Nation, Casares habló en exclusiva con APERTURA sobre sus planes.
¿Con qué proyecto está ahora? Bling Nation, que es una empresa de pagos móviles para el mercado norteamericano. La tecnología la desarrollamos en un centro que tenemos en la Argentina y otro más chico en Chile. Surgió porque empezamos en 2002 un banco para gente pobre en Brasil, Banco Lemon. Medio por accidente, sin querer, se convirtió en la red de pagos más grande de Brasil y aprendimos a procesar pagos electrónicamente. Uno se da cuenta del impacto de la penetración del celular y pensamos en formas de combinar eso. Ideamos una plataforma para hacer pagos por celular y el lugar más interesante que encontramos fue Estados Unidos, porque es donde los pagos son más ineficientes y la penetración del celular está un poco más atrás. Estamos hace más de dos años y les vendemos el servicio a los bancos y ellos a los clientes. Yo invertí al principio, pero hace unos meses hice una ronda con una firma de Silicon Valley de venture capital, Lightspeed Venture Parners, e invirtieron US$ 8 millones.
¿Cómo se proyectan? ¿Traería la compañía a la Argentina? Si te dijera algo ahora sería poco serio o te estaría mintiendo, porque estamos en un estado muy temprano. Recién estamos aprendiendo la velocidad de adopción de los comercios, los consumidores y los bancos. A fin de año espero tener más datos, porque lo vamos a tener implementado en todas las regiones de los Estados Unidos. Como gustarme, me encantaría replicarlo en otros lugares, pero, siendo realista, somos una empresa chica, de 25 ó 26 empleados, y el mercado norteamericano es lo suficientemente grande y ya es un desafío. Si nos va bien acá me encantaría ir a otros mercados, pero mientras tanto me parece irresponsable.
¿Y el fondo de inversión Meck? Lo fundamos con tres socios –Guillermo Kirchner, que es argentino, Michael Esrubilsky, brasilero, y Meyer Malka, que es venezolano– para administrar nuestro capital, hace poco menos de 10 años. Eso para mí es una actividad muy distinta. Una cosa es lo que hago en Bling Nation, donde soy un entrepreneur, manejo la empresa y tengo que ser responsable del día a día. En Meck soy un director, evaluamos e invertimos. Es muy distinto.
¿Cómo maneja la dualidad empresario / inversor? Para serte franco, en Meck decido bastante poco, lo hacen más mis socios, porque saben que si fuera por mí invertiría en todo el mundo. Es muy difícil ponerse el otro sombrero: cuando viene un empresario a mostrar el proyecto tengo empatía, porque soy esa persona, me entusiasmo, lo entiendo y a la mayoría les diría que sí. Por suerte mis socios no, por eso los tengo también.
¿En qué tipos de proyectos invierten? Meck no tiene un tamaño como para hacer venture capital o riesgo. Es muy oportunista. Invertimos en gente de la que nos encanta ser socios, que estamos orgullosos de serlos, que nos imaginamos que vamos a ser buenos socios. Sobre todo, una persona o un equipo al que nos motiva asociarnos y ayudarlos. Segundo, tiene que estar más o menos establecido y ganando dinero. Hemos hecho cosas en el sector financiero, energía y tecnología. Invertimos en un par de empresas en la Argentina, sobre todo en energía. Estamos contentos con la escala y no nos preocupa vender la participación en las compañías, preferimos crecer con ellas.
Sin operativo retorno ¿Volvería a emprender en la Argentina? Me gustaría mucho y me tienta, porque mi familia y mis mejores amigos están allá. Desde los negocios, todavía encuentro gente increíblemente talentosa. Me es más fácil encontrar gente brillante en la Argentina que en otros lugares del mundo. Sin embargo, me pasaron cosas que combinadas hacen que sea difícil volver. Primero, el Banco Lemon lo hicimos en Brasil por una cuestión de escala, que te perdona muchos errores. Después, mi mujer y mis hijos son norteamericanos. Y ahora que hace años que vivo en Silicon Valley, para alguien que le gusta ser un entrepreneur de tecnología, es como un sueño tener esta oportunidad. Cuando sueño con vivir en la Argentina, es en la Patagonia. Y eso lo hace más difícil. No es que sea imposible, pero mi oficina en Palo Alto está al lado de la Facebook y lo único que tengo que hacer para enterarme qué está pasando es salir a tomar un café. Desde la Patagonia sería muy difícil eso.
¿Y el clima de negocios? A favor encuentro que la Argentina tiene una calidad de gente, de profesionales e ingenieros que me cuesta encontrar en otra parte. La gente cree que tenemos la oficina de desarrollo de Bling Nation en Buenos Aires por los costos. Es cierto que es barato y no podríamos tener tanta gente si no fuera así. Pero si costara lo mismo que en Silicon Valley no la mudaríamos, porque lo más importante que nos da estar en Buenos Aires es acceso a la calidad de profesionales. En Estados Unidos no hay tantos como parece y los que están trabajan para Cisco o Google, no se agachan a mirar ofertas de pequeños start up. En la Argentina te podés dar el lujo de tener un equipo de gente brillante que hacen magia. Eso me parece una ventaja única. Por otro lado, en los últimos 10 años pasó algo, porque antes si decías que ibas a dar un servicio desde la Argentina se caía la operación. Ahora están acostumbrados. Estos factores combinados te abren la posibilidad de soñar empresas con equipo de desarrollo y soporte. Y los costos son en pesos argentinos, pero los ingresos están en dólares, euros o yenes. Hoy cualquier chico con talento puede soñar con eso y me parece una oportunidad de locos.
¿Qué factores negativos encuentra? Hacer un start up es muy difícil en cualquier del mundo: nunca sabés si el producto va a tener recepción, hay que probarlo, el mercado lo corrige y es un proceso en el que te podés quedar sin plata ni ánimo. En cualquiera de las etapas podés quebrar. A eso hay que sumarle las barreras adicionales de la Argentina, que van desde que incorporar una empresa es un despelote, abrir una cuenta en un Banco es burocrático y complicado, contratar gente es difícil y echarla más, igual que alquilar una oficina. Todas esas cosas, que deberían ser sencillas, son increíblemente complejas. A eso agregale la cantidad de corrupción, no solo en el Gobierno, sino en todos los negocios: la corrupción es como un aceite que hace que todo funcione. Son dos start up en lugar de uno y eso es muy duro en el efecto emprendedor. En otros lugares, como Chile, te podés dedicar a crear valor y hacer las cosas bien no es una desventaja. Habiendo tantos lugares donde te pagan y reconocen hacer las cosas bien, para qué meterse en uno que no.
Emprendedores 2.0 Como parte de la primera ola de entrepreneurs de la Web, Casares vivió desde los Estados Unidos la época en la que el Nasdaq tocaba los 5000 puntos. Con la explosión de la burbuja, parecía que el modelo no iba a despegar. Sin embargo, con el aumento de la penetración de Internet surgió una nueva ola enfocada en la Web 2.0.
¿Cómo ve la nueva generación de emprendimientos en Internet? Me entusiasma porque la gran diferencia con la primera ola es que ahora tenés millones de personas usando Internet y está incorporado en el día a día. Muchas de las ideas que ves ejecutadas ahora, que andan bien o están empezando a funcionar, son relativamente viejas. Pero los primeros locos que las intentaron eran unos flacos usuario 5° de ICQ, cuando tenías tres personas en el MSN. Y eso no es un mercado, no solo porque hay pocas personas, sino porque no lo tienen incorporado. Ahora todo el mundo se siente cómodo con la Web y eso abre un mercado mucho más real.
¿Es posible una nueva burbuja? Es lo más probable, no solo posible. Te apuesto que va a pasar de una manera más dramática que en 2001 y va a ser un invierno nuclear mucho más duro. Pero también te apuesto que en los próximos cinco o diez años vamos a ver el primer éxito global de tecnología de América latina, un Skype o Hotmail. Es raro que no haya sucedido todavía y es muy necesario, porque nos va a servir a todos de inspiración. Cuando ves la cantidad de jóvenes inteligentes usando Internet, no hay razón por la que no se le pueda ocurrir a cualquiera. Al mercado le falta mucho y se va a poner peor de lo que está. Es duro pero no es malo.
¿Qué balance hace casi 10 años después de Patagon? Cuando me viene a ver un chico de 26 años, lo que yo tenía cuando hacía Patagon, no puedo creer lo joven e inmaduro que es. Y no lo digo con soberbia, porque me doy cuenta que seguro yo era igual. Me considero muy afortunado de, a pesar de haber sido tan chico e inmaduro, haber tenido la suerte de que las cosas hayan ido bien. Como en todos los start up, hay muchas cosas que hicimos mal y bien. Y las cosas que aprendés, sobre todo de lo que hiciste mal, se notan en las empresas que hacés después.
¿Coincide con la idea que quedó de que era más fácil recibir capital? Entiendo por qué se dicen esas cosas, pero no todo es cierto. Sí es verdad que gente con baja tolerancia al riesgo saltaba porque parecía una forma rápida de hacerse ricos. Pero a ninguno de ellos les fue bien. No conozco a nadie del sector al que le hayan tirado plata por la cabeza: levantar capital es dificílisimo. Es verdad que en ese momento había capital, pero conseguirlo era un proceso muy complicado, duro y darwiniano. La competencia era bestial e inmensa. A mucha gente le fue bien, como Starmedia o MercadoLibre. Capaz no tuvieron tanta exposición, pero hicieron buenos negocios.
¿Cómo se vive vender o cerrar una empresa? Supongo que a todos los entrepreneurs nos pasa algo similar, porque te involucrás mucho con la empresa. Y cuando lo vendés, no hay forma que no dé tristeza. A mí siempre me felicitan por haber vendido tantas compañías o me dicen serial entrepreneur, pero te juro que no me siento orgulloso. Hubiera preferido mil veces ser como Michael Dell o cualquiera de los emprendedores que están con su compañía toda la vida. Pero, a veces, cuando te ofrecen cosas que no vas a recuperar ni teniendo la empresa toda la vida, tenés que vender. A ciertos precios es irracional no hacerlo. Me parecería más lindo crecer con la compañía y ver las etapas que tiene. Soy un inversor porque tengo que invertir, pero soy un empresario porque es lo que me gusta. Una es por deber y la otra por gusto.
Comentarios (5)
por Imelda M
Por qué es un modelo de éxito alguien que hizo una fortuna con un fiasco?
Wences!, gracias por tanto talento y por compartirlo.Ahora desde Bragado, Pcia de Buenos Aires, pero siempre te seguiré.La experiencia PTGN fue maravillosa, pero con un final complicado.Un saludo,MARCELO BONDONI
Creo que a todos aquellos que estamos emprendiendo o estamos transitando caminos distintos a los que transita la mayoría, es importante leer, escuchar y aprender sobre las experiencias y los consejos que tienen grandes emprendedores/empresarios. Otro aspecto que rescato como consejo importante de todo emprendedor exitoso es la importancia de los mentores. El mentor de Wenceslao es Stephan Schmidheiny, un billonario suizo de la industria del cemento y la construcción. Wenceslao es un gran emprendedor, con mucha visión, coraje y confianza, sin duda un ejemplo a seguir en muchos sentidos. Gracias por este gran artículo!