“El proyecto de producción local existía hace tiempo. Lo necesitábamos para tener mayor agilidad de respuesta (fabricará productos que no hacemos en Brasil) y porque, además, el contexto de importaciones está más limitado”, reconoció Alexandre Estefano, International manager director de Penalty, en diálogo con la prensa, tras un encuentro en el que presentó el proyecto a la ministra de la Producción, Débora Giorgi.
En sus últimos años, el Gobierno de Néstor Kirchner implementó licencias no automáticas para la importación de un conjunto de productos fabricados en Brasil. El calzado es uno de los principales. La administración de su esposa, Cristina Fernández, continuó con esa política, que forzó la radicación en el país de los principales fabricantes brasileños: Paquetá (Adidas y Diadora), Das (Nike, Fila y Umbro), Vulcabras (Reebok y Olympikus) y Sao Paulo Alpargatas (Topper). “Difícilmente hubiéramos hecho esta inversión sin la actual política arancelaria”, reconoció Estefano. “Pero no somos los primeros, sino los últimos de los grandes players brasileños que viene a invertir en producción. Sin embargo, eso es algo que el Gobierno de Brasil incentiva, para tener flujos comerciales equilibrados entre ambos países”, relativiza el ejecutivo.
Aunque sus productos se comercializan en la Argentina desde hace 25 años, Penalty tiene presencia directa en el país desde hace 11. Mayor fabricante global de pelotas –produce en Brasil 2 millones de los 3 millones de balones anuales que comercializa en todo el mundo–, en 2006, la compañía basó en Buenos Aires la sede de su división internacional. Además de sus cinco fábricas brasileñas, Penalty obtiene producción de seis plantas en China, dos en Viet-Nam y una en Pakistán, Paraguay, Tailandia y Taiwán. La mayoría, tercerizadas. En la Argentina, en tanto, compra a cuatro proveedores las 80.000 prendas de indumentaria anuales que comercializa en el país y, en menor proporción, exporta. Básicamente, camisetas de fútbol (la marca hoy viste a Vélez y a Racing), a Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Venezuela, los Estados Unidos y algunos mercados de Europa. Sin embargo, el grueso de su negocio doméstico es calzado. Este año, proyecta comercializar 700.000 pares, equivalentes a una cuota cercana al 4 por ciento de un mercado (el de calzado deportivo) que mueve unos 25 millones anuales y está liderado por los gigantes globales, Nike y Adidas.
Estefano comentó que el proyecto de producción local de calzado existe desde hace tres años. “Desde 2006 estábamos buscando socio estratégico. Ya lo encontramos”, aseguró. El partner –“parceiro”, dice el ejecutivo brasileño– es Zenda SRL, fábrica de calzado localizada en Florencio Varela y cuya última actividad fue la producción y comercialización de las zapatillas Midway. Con poco éxito en la distribución de esa licencia, el dueño de la compañía, Nicolás Iula, actualmente, tenía prácticamente parada la planta, que empleaba a 17 personas. “Nosotros facilitaremos la inversión y aportaremos maquinaria, a cambio de producción. La idea es que haya 70 empleados a fin de 2010, cuando ya esté plenamente operativa una segunda línea de producción”, dijo Estefano. La planta arrancará con producción de calzado cementado (básicamente, para running), con especial énfasis en productos infantiles. Del total de la inversión, $ 8 millones se destinarán a mano de obra, compra de materias primas y suministros de terceros. En tanto, maquinaria –vendrá de Brasil– e infraestructura insumirá $ 1 millón en 2010, con el objetivo de duplicar el monto al año siguente. “La inversión más grande es en capital de trabajo. En 2011, queremos agregar una línea más y ampliar la producción de pares en la Argentina. La idea es poder conseguirá algún financiamiento oficial. Hoy, no tenemos beneficios. Pero pretendemos obtenerlos para la ampliación”, anticipó el ejecutivo brasileño.