La quiebra supone la caída del gigante industrial que mejor ha representado el modelo capitalista estadounidense. La presentación es la tercera más grande en la historia de Estados Unidos y la mayor entre las manufactureras estadounidenses. Es por eso que Barack Obama apuesta firme e invertirá US$ 30.000 millones adicionales en fondos estatales para la reestructuración de la compañía. Así, el gobierno será dueño de un 60 por ciento de “la nueva GM”.
El plan para General , según lo detallado por funcionarios estadounidenses, es llevar a cabo un proceso de venta rápido que permitiría que una compañía mucho más pequeña nazca tras la protección judicial dentro de 60 a 90 días. La “nueva GM” adquirirá todos los activos de la “vieja GM” necesarios para implementar su plan de negocios. Desde comienzos de año, GM se ha mantenido con vida gracias a la financiación del Gobierno estadounidense, mientras un grupo de trabajo diseñado por la Casa Blanca preparaba planes para una amplia reorganización que será encarada con el financiamiento del Gobierno por US$ 50.000 millones.
Preparándose para tomar una participación en una GM reorganizada, el Gobierno de Obama apuesta a que la automotriz podrá competir con rivales como Toyota Motor Corp luego de reducir su deuda a la mitad y recortar sus costos laborales bajo un nuevo contrato con el Sindicato de Trabajadores de la Industria Automotriz (UAW). Los gobiernos de Canadá y la provincia de Ontario aceptaron otorgar otros US$ 9.500 millones a GM en un nuevo aporte a los planes de bancarrota que han estado tomando forma durante semanas, dijeron funcionarios estadounidenses.
Hasta el momento, GM no ha dado una meta actualizada de recortes de empleo pero antes se había sugerido el despido de 21.000 trabajadores de fábrica entre los 54.000 miembros del UAW que emplea actualmente en Estados Unidos. El UAW tendrá una participación del 17,5 por ciento en la “nueva GM”. El Gobierno de Canadá se quedará con un 12 por ciento y los tenedores de bonos de GM obtendrán un 10 por ciento. En otro signo de progreso en la estrategia del Gobierno, un juez de quiebras aprobó la venta de sustancialmente todos los activos de Chrysler a un grupo liderado por la italiana Fiat. La bancarrota de Chrysler, que también es financiada por el Tesoro de Estados Unidos, ha sido vista mayormente como un ensayo de la reorganización mucho mayor y más compleja de GM.
“Ahora comienza la parte más dura, que es volver competitivas a GM y Chrysler. Si no lo hacen, entonces estaremos haciendo esto otra vez en unos pocos años”, aseveró Christopher Richter, analista del sector automotriz de CLSA Asia-Pacific Markets en Tokio. GM emplea 92.000 personas en Estados Unidos y es indirectamente responsable de 500.000 jubilados.
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