El torbellino que continúa arrasando despiadadamente con los mercados bursátiles y sistemas financieros internacionales, nos obliga a hacernos una pregunta simple pero crucial: ¿Cómo preservar nuestra riqueza en tiempos de esta crisis sistémica internacional? Riqueza es todo aquello que se genera a partir de un proceso productivo, y como bien lo decía Adam Smith, proviene del trabajo y no del oro o la plata en si mismo. A largo de la sociedad moderna, la riqueza ha sido conservada en diferentes formas, como por ejemplo en dinero, bonos, acciones, bienes raíces, metales preciosos, joyas, y hasta en estampillas, las que en algún momento durante mediados del siglo XX supieron ser un fuerte y reconocido refugio de valor y luego con el paso del tiempo pasaron a valer nada! Dadas las condiciones actuales de los mercados financieros, resulta interesante profundizar en algunas de las formas actuales más seguras para resguardar riqueza y focalizar en cómo conservar y preservar su valor en el tiempo dentro del nuevo orden económico-financiero mundial que se nos avecina y del total cambio de paradigmas que acechara a los tiempos modernos del siglo XXI. El "dinero", tal como lo conocemos en la actualidad, funciona como medida de cambio de bienes y servicios, medio de pago de deudas y como contenedor y conservador de valor. Pero su valor intrínseco no se mantiene ni se ha mantenido invariable a través del tiempo. Históricamente, "dinero" era cualquier cosa que se podía utilizar comúnmente como medida de cambio y medio de pago en una sociedad determinada. Por ejemplo, en la Antigua Roma, el ganado o la sal eran utilizados como antiguas formas de "dinero" que sucedieron al incipiente trueque de los comienzos de la civilización humana. En los tiempos modernos, las sociedades crearon otros medios de cambio y pago, como las monedas y billetes, que derivaban su valor a partir de su respaldo en oro y plata. Las primeras notas de crédito fueron emitidas por orfebres que certificaban la cantidad de oro o plata que una persona había depositado con ellos. Los primeros bancos del medioevo emitieron sus propios billetes que equivalían a cierta cantidad de oro. Estos metales le daban un valor a la moneda o nota que circulaba y se utilizaba para intercambio de bienes y servicios o pago de deudas. Por muchos años, las monedas y billetes con poco o casi nada de valor intrínseco sólo eran aceptados por el público en general si su intercambio por oro o plata estaba asegurado y tenían respaldo en alguna otra fuente de valor o, dicho de otra forma, si tenían algún valor extrínseco. Finalmente, durante mediados del siglo XX y para ordenar dicha situación, los Estados, en uso de sus facultades soberanas, comenzaron a emitir monedas de curso legal determinando su valor por ley. De tal forma, las monedas de las naciones comenzaron a funcionar obligatoriamente como medidas de cambio y como medios de pago para adquirir bienes y servicios y para liquidar deudas entre privados, todo ello sin necesidad de referir a ningún otro valor extrínseco de referencia, como ser el oro. Así, durante el sistema creado en Bretton Woods en 1944, los dólares estadounidenses, que respaldaban a las demás monedas del sistema, se encontraban, a su vez, respaldados en oro. Ello fue así hasta que en 1971, Estados Unidos abandono este respaldo colapsando el patrón oro creado en Bretton Woods y los dólares americanos pasaron a tener un valor intrínseco en si mismo y a flotar en comparación con otras monedas fuertes del mundo. El valor del "dinero" emitido por una nación soberana usualmente se mantiene sin mayores variaciones en tiempos de estabilidad económica. Cuando una economía domestica se encuentra sana y mantiene, entre otras cosas, credibilidad y estabilidad institucional, sustentabilidad económica, estabilidad de precios, cuentas fiscales controladas, políticas monetarias prudentes, cuentas externas y balanzas de pagos razonables, y un nivel de deuda pública y privada controlada en comparación con su producto bruto interno, el "dinero" emitido por dicho país tiende a mantener su valor en el tiempo y puede seguir cumpliendo con sus funciones de, entre otras, medida de cambio, refugio de valor y de medio de cancelación de deudas. Ahora bien, frente a esta crisis económica y financiera internacional sin precedentes, las personas en general se preguntan como proteger su riqueza frente a la incertidumbre total sobre el valor de las cosas y los activos que se plantea en la actualidad. Frente a las corridas bursátiles mundiales, la falta de crédito y liquidez mundial, la incipiente recesión global, la depreciación significativa del valor de los commodities, las oscilaciones cambiarias y la perdida substancial de valor de muchos activos en general sufrida en los últimos meses, los inversores han corrido casi desesperadamente a resguardar sus ahorros bajo el refugio de los bonos de deuda pública emitidos por el tesoro de los Estados Unidos o en el dólar Estadounidense mismo, viendo a estos últimos como la alternativa de inversión mas segura o, como muchos dicen, la alternativa sin riesgo o "risk free" de inversión en estos momentos. Tal efecto o estampida ha provocado que dichos títulos públicos pasaron a tener rendimientos (yields) en los niveles más bajos de los últimos tiempos, a punto tal que, debido a la desesperación de los inversores, los bonos de tesoro de 3 meses pasaron en algún momento de la crisis a tener rendimientos negativos o rendir entre 10 y 50 puntos básicos. Asimismo, tal pánico ha generado que el dólar estadounidense se haya apreciado significativamente en los últimos meses frente a otras monedas fuerte del mundo por cuanto los inversores internacionales han decidido volcar sus ahorrar masivamente a dicha moneda, no se sabe muy bien si por temor o ignorancia acerca de cómo resguardar el valor de sus riquezas. Siendo así las cosas, el dólar americano y los bonos del tesoro se han transformado en estos tiempos de crisis en la piedra angular (key stone) de sistema financiero actual. Recordemos que en las construcciones antiguas, la piedra angular era aquella que sostenía en si misma toda una edificación, y sin la cual toda la estructura edilicia estaba inevitablemente condenada a desmoronarse. Frente a todo esto, cabe preguntarse si realmente tanto el dólar americano como los bonos emitidos por el tesoro de los Estados Unidos son y seguirán siendo una alternativa sustentable y "sin riesgo" de inversión finaniera dadas las circunstancias imperantes, los paradigmas que regirán el nuevo orden financiero internacional y la compleja situación económica-financiera que enfrentan tanto los Estados Unidos como el mundo moderno en general. Más allá que nosotros podamos creer que la respuesta sea, al menos por un mediano plazo, positiva por razones que exceden esta nota, el interrogante del inversor sigue siendo el mismo, donde o como refugiar o resguardar su riqueza o valor en estos tiempos de crisis. Existen muchas opciones en el mundo moderno, y cada vez más, pero ninguna segura, ni siquiera mínimamente. El oro puede ser un refugio ocasional de valor de corto plazo pero a largo plazo se encuentra sujeto a oscilaciones de valor determinadas por factores macroeconómicos y financieros diversos y complejos que pocos entendidos alcanzan a comprender. Los valores de los demás metales preciosos o los commodities siguen una suerte que ya casi nadie comprende. Las monedas siguen la suerte de las coyunturas política-económicas de sus soberanos y de la economía y las finanzas internacionales, que también cada vez menos gente entiende o se anima a pronosticar. Los demás activos financieros varios, resguardan o protegen valor –o pretenden hacerlo- siguiendo sus propias normas, que algunos pocos entendidos siguen y los demás asumen. Las propiedades inmuebles, resguardan o no valor, dependiendo sus reglas obviamente, siguiendo sus propios ciclos pero inevitablemente están condenadas al temido fantasma de la iliquidez. Entonces: ¿que le queda al inversor para proteger y preservar su riqueza? Lamentablemente, hoy en día no hay respuestas claras a esta pregunta; ojala las hubiera. De ser así, posiblemente no estaríamos escribiendo esta columna. Pero si nos animamos a decir que en un mediano plazo existen tres opciones claras de inversión: (1) Activos Financieros de Refugio: los bonos del tesoro Norteamericano y los dólares Norteamericanos parecen ser el refugio de valor en activos financieros mas conservador en el corto plazo. (2) Activos Depreciados: Después, también nos animamos a decir que cualquier activo, ya sea financiero o de la economía real, que un inversor compre o pueda comprar a precio de remate (distressed) y que tenga un valor intrínseco y extrínseco en si mismo mucho mayor basado en parámetros objetivos de mercado tendera a conservar o aumentar la riqueza del inversor, si el mismo tiene paciencia y si el orden económico mundial vuelve a un estado de sanidad económico-financiera en el mediano plazo, y (3) Bienes Escasos: Mas allá de la crisis, creemos que los bienes escasos seguirán valiendo en el mediano plazo y tenderán a valer cada vez mas con el tiempo mas allá de las circunstancias, se tratare de prime real estate, arte o cualquier otro aquel producto o activo que sea obvio que por su escasez la demanda agregada futura excederá ampliamente la oferta agregada posible.
Comentario (1)
![]() por mario kenig
muy lucida e interesante la nota.los felicito
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