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Por Nick Passmore Frank Grace, un estadounidense que reside en Londres y es presidente del directorio de Team Relocations, una empresa de relocaciones corporativa, descubrió recientemente uno de los grandes secretos de la industria del vino: se gana muchísimo más dinero vendiendo 30.000 cajas de un vino de 15 dólares que vendiendo 6000 cajas de uno de 75 dólares. Ésta es la razón por la cual grandes extensiones de viñedos, como la reserva Kendall-Jackson´s Vintners y Yellow Tail, hicieron fortuna gracias a sus dueños. No obstante, es una lección que muchos CEOs, exitosos en otros campos y seguros en términos financieros, nunca aprenden. Usualmente, están más preocupados por disfrutar del estilo de vida de ser un importante agricultor en lugares saludables como Napa o Toscana que ser dueños de una bodega y ganar dinero. Grace adquirió originalmente Il Molino di Grace –ubicado en el corazón de la región italiana de Chianti –como una casa de veraneo, y como la propiedad incluía vinos, comenzó a producir costosos Chianti Classico y Súper Tuscans. Es el dinero Éste es el dilema central que enfrenta cualquier CEO que quiere hacer vino. Es un hobbie demasiado caro. No obstante, el año pasado Il Molindo di Grace comenzó a ganar dinero, luego de 11 años, gracias a la nueva y económica etiqueta, Il Volano, que vende a alrededor de US$ 15 la botella –aproximadamente la mitad de precio de su Chianti Classico Reserva. Pero Grace también está aprendiendo lo que todos los dueños de una bodega aprenden: a saber, que cualquier ganancia debe ser reinvertida en el negocio. Como él dice, “con el dinero que se gane, rápidamente se debe encontrar la forma de gastarlo”. Otro de los aspectos de ser dueño de una bodega que sorprende a muchas ejecutivos amateurs consiste en que hay que vestir distintos sombreros. Susan Hoff, vicepresidente señor de Best Buy, recuerda cuán emocionados estaban ella y su marido cuando recibieron la primera orden de su nuevo vino, Fantesca Estate en el valle de Napa, para luego caer en la cuenta de que ninguno de ellos sabía cómo tramitar el pago de la tarjeta de crédito. “No estás acostumbrado a eso, a ocuparse de todo uno mismo, hasta que te hacés a un lado de la pasarela corporativa”, explica. ¿Por diversión o por negocio? En un aspecto más serio, aconseja a cualquiera que aspire a ser dueño que hay decisiones importantes que tienen que ser tomadas cuando se entra en el negocio. “¿Querés entrar por diversión, para ir a la subasta de Valle de Vinos de Napa e intentar hacer la mejor mezcla de Bordeaux del mundo, donde es más un hobbie que un negocio serio? ¿O realmente querés hacer un negocio?” Murphy advierte que “si querés hacer lo primero, está bien, puede ser muy divertido, a pesar de que te costará un montón de dinero. Pero es difícil que la gente te tome en serio si es todo lo que vas a hacer”. Richard Parsons, presidente y ex CEO de Time Warner, encuentra que las recompensas de ser dueño de Il Palazzone en el municipio italiano de Montalciono son dobles. “Es una experiencia personal y totalmente lo opuesto a lo que hago en mi trabajo diario…y el producto final es algo tangible y hermoso”. Inmerso en silencio Para Joe Anderson, presidente y CEO de la empresa de salud pública y consultora Shchaller Anderson, y actualmente dueño junto con su esposa, Mary Dewane, de la bodega Benovia el valle californiano Russian River, la recompensa más grande de ser dueño de una bodega es la habilidad de participar en un proyecto a largo plazo. “Realmente cambia todo tu enfoque de vida al entender que estás solo en el viaje. Podés proveer todo el aporte necesario, pero eso pasará en la agenda de los vinos, no en la tuya. Tenés que sentarte, tomar un poco de vino, observar los viñedos, y ser feliz”. Traducción: Jorgelina Do Rosario |
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