La realidad supera la ficción. El viejo lema, tradicionalmente citado en torno a eventos de carácter cinematográfico, podría servir para describir la actualidad económica del país. El Estado se enfrenta hoy a los mismos problemas que acosan desde algún tiempo ya a las empresas: la falta de financiación. Pero, mientras que el Gobierno todavía puede contar con apoyos como el del siempre líquido Hugo Chávez a la que suma ahora el rebote esperado del anunciado pago al Club de Paris, las empresas deben ingeniárselas para ubicar nuevas fuentes que les permitan incrementar su negocio.
Pero las opciones son pocas y el panorama aún más. “El crédito está planchado. Simplemente no hay líneas disponibles”, cuenta Juan Prgich, presidente del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF). El también ejecutivo de Sony Ericsson advierte: “La suspensión se generó con el paro del campo y desde entonces no volvió a activarse. Eso no quita que las empresas tengan liquidez. Sin embargo, también es evidente que ahora cuidan el gasto mucho más y lo limitan a lo operacional”. La falta de fuentes de financiación se traduce a una menor inversión en capacidad instalada y con ella en niveles de producción.
El nivel de necesidad que tienen las empresas locales se refleja en la disponibilidad a tomar deuda que muestran. Así lo indica una encuesta presentada por la consultora Ernst&Young (E&Y). Si en 2004, un 14 por ciento del pasivo se basaba en el endeudamiento, para este año, el porcentaje llega a 40 por ciento. Según indican, un 58 por ciento de los encuestados prevee tomar deuda hasta fin de año. Hace cuatro años era un 31 por ciento.
“Sin embargo, cabe recordar, que los bancos prestan menos y a más costos que lo que las empresas pueden financiar”, destaca Ernesto San Gil, socio director de Ernst & Young, en entrevista con Apertura.com. Juan Prgich agrega: “Los bancos están líquidos, pero el crédito que se ve es el dirigido al sector de prestamos personales, como el consumo. Aunque las tasas no son menos altas. En el segmento de hipotecas pueden rondar el 25 por ciento. Pero incluso en lo que hace al consumo las cuotas que se ofrecen ya se están reduciendo”.
Cuando el plazo no alcanza
Más allá de la casi inexistencia de crédito, entre las principales barreras que las empresas en el sistema resaltan, la más criticada es la distancia entre los plazos de financiación ofrecidos y los necesarios para el negocio. A ello se suman la ausencia de volumen de capacidad prestable y la asimetría entre el costo pretendido por el financiamiento y las posibilidades del negocio. La magra situación financiera le exige a las empresas una equilibrio financiero que se traduce en un aumento de los planes de repago cada vez más cortos. Según los datos de E&Y, el 22 por ciento de los planes de financiación se concentra hoy en un plazo de repago a menos de un año. En 2007, el porcentaje había sido de solo 13 por ciento. Más fuerte es la caída de los planes de mediano plazo: la financiación a tres años cayó del 27 por ciento al 19 por ciento.
Según los datos de la consultora, la mayor intención de crecimiento en deuda corporativa lo registra el Agribusiness: el 83 por ciento de su deuda creció. Le sigue el segmento de Manufacturas, que incrementó su deuda por un 50 por ciento. Detrás se ubican Retail (+ 40 por ciento), Energía (+29 por ciento), Utilities (+17 por ciento). Los únicos que lograron mantener su pasivo controlado e igual nivel que el año anterior fueron los sectores de Tecnología y Comunicación y Construcción e Inmobiliaria.
A pesar de los tiempos que vive el país, la financiación externa es una opción, aunque sea sólo para las grandes exportadoras de la economía nacional. “Tienen la posibilidad de acceder a líneas de prefinanciación”, cuenta Martín Ramos, director de Administración y Finanzas de grupo Peñaflor que cuenta con el apoyo del banco internacional UBS y factura cerca de $ 500 millones. “El problema es la diferencia de ofertas en materia de tasas. Una compañía argentina accede a tasas de entre 10 y 11 por ciento anuales y plazos de hasta cinco años. Pero, las europeas logran líneas con tasas de 2 a 4 por ciento y plazos de hasta 20 años”, sintetiza.
Ramos recuerda que el principal problema se sitúa del lado de las Pymes. “Para las medianas, que llegarán a un nivel de facturación de hasta $ 60 millones de facturación, el camino que les queda es ir a bancos de segunda línea o financieras. Y en este caso, la tasa anual, en pesos, puede rondar hasta un 15 por ciento”, explica.
La atracción de Londres
Mientras, con más del 80 por ciento de la capacidad instalada en producción, las empresas reconocen que el 53 por ciento de la financiación se utiliza para poder mantener y aumentar su capacidad instalada. Otro 39 por ciento se invierte en el capital de trabajo, mientras que el resto se destina a nuevas adquisiciones, indica E&Y. Para poder mantener el crecimiento de las ventas, los encuestados reconocen que cada vez más es necesario alargar los plazos y reducir sus márgenes de rentabilidad. La preferencia se decanta por la tasa fija y en pesos, mientras que, el dólar disminuye como alternativa, con respecto a 2007. Siempre de acuerdo a la encuesta, entre las fuentes de financiación la “autofinanciación” redujo su participación por un 11 por ciento en los últimos cuatro años. Con un 38 por ciento, el principal canal es el banco, seguidos por la ayuda de casas matrices y el mercado de capitales. Entre las entidades financieras, el 73 por ciento es local. “Una alternativa sería el mercado de capitales”, reconoce Ramos. Reconoce, sin embargo, que la oferta local aún no incentiva a hacerlo. Entre las medidas que podrían cambiar el panorama, el ejecutivo de Peñaflor recomienda reforzar tres elementos. “Reducción de impuestos para las empresas que cotizen en bolsa, plazos más largos para los bonos y tentar o incentivar a las AFJP a invertir en bolsa.”
La encuesta de Ernst & Young revela que es creciente el interés de explorar las oportunidades de Ofertas Públicas (IPO, por su siglas en inglés). Eso sí, el salto al parque no sería en la plaza local. Cada vez más, los empresarios argentinos se animan a mirar hacia fuera cunado de mercados de capitales se trata. “Los más interesantes son Londres y el Bovespa. Estados Unidos es menos buscado por las dificultades de regulaciones que todavía presenta”, comenta San Gil, de E&Y. Cabe recordar que en los últimos meses Buenos Aires recibió la visita de sendas misiones de las bolsa de Londres (LSE) y de su competidora, la bolsa de Nueva York (NYSE). Según datos del mercado hay hoy entre cinco y 10 empresas que están analizando cotizar en la LSE y el Bovespa.