Sucedió varias veces en los últimos meses. Cuando el conflicto con el campo parecía no tener salida y los ánimos alcanzaban su punto máximo de crispación, circulaban por Internet advertencias sobre una posible confiscación de depósitos. Los mails –de profundo tono alarmista- justificaban la medida a partir de argumentos que la situación macroeconómica refutaba: si bien había (y sigue habiendo) incertidumbre y muchos problemas por resolver, el cuadro no era ni es el de 2001. Los fundamentos del sistema financiero lucen sólidos en sus principales variables, según coinciden los analistas, y las colocaciones se encuentran en pesos, a diferencia de lo ocurrido en la última década. Pero la memoria del corralito sigue viva, tanto como la historia de los colapsos financieros cada 10 años, y cualquier turbulencia política deja al descubierto la sensibilidad que –aun con indicadores favorables- envuelve al negocio.