Hoy en día, la tecnología brinda la posibilidad de acceder a la información desde lugares remotos, pasando menos tiempo dentro de la oficina. Las ventajas de una tendencia en crecimiento. ¿Cómo deben encarar el tema las cumbres directivas? Cada vez son más los empleados que optan por trabajar fuera de las oficinas. Hay estadísticas que afirman que el 55% de los empleados trabajan fuera de la casa matriz de sus compañías. A su vez, según IDC, para 2009 habrá casi 880 millones de trabajadores móviles en todo el mundo. Esto es, el 27,3% de la fuerza de trabajo a nivel mundial. En este sentido, algunas empresas están adquiriendo un nivel de madurez mayor; las cumbres directivas tienden a tener más disposición a aceptar el teletrabajo y la movilidad de sus empleados. De hecho, se están buscando formas de lograr esto, como un requisito fundamental para aumentar la productividad de la gente, y sostener una calidad de vida adecuada para ellos. De todas formas, aún hay un tema cultural de fondo, particularmente en América Latina, que no termina de convencerse de que un profesional puede ser igualmente eficiente y productivo trabajando fuera de la oficina. Por lo tanto, lo que se necesita es un cambio cultural en nuestras compañías: dejar de medir el éxito por la cantidad de horas que pasan los empleados sentados en el escritorio, y comenzar a evaluarlos según objetivos. Para que este cambio de paradigma sea posible, debe haber un fuerte respaldo de carácter directivo. Las cúpulas directivas tienen que ser los primeros en dar el ejemplo, al establecer normas, mejores prácticas y formas de evaluar la productividad en escenarios de trabajo remoto. Al darle a sus empleados la libertad de trabajar desde otros escenarios no sólo se ahorrarán costos, sino que además les estarán otorgando una mejor calidad de vida. Una vez adoptado este modelo, uno de los principales desafíos es garantizar una experiencia de trabajo que sea consistente y constante, independientemente de los distintos escenarios desde donde los profesionales puedan trabajar. Es fundamental asegurarse de que el teletrabajo sea una experiencia grata y efectiva para el usuario. Si uno se está yendo a trabajar a su casa, a la playa o al campo, y no puede acceder a la información, no tiene la misma calidad de servicio que tenía en la oficina y tarda el doble de tiempo en hacer las cosas, entonces la movilidad va a ser más un discurso que una práctica real. Flexibilidad en un mundo dinámico A su vez, la globalización significa que muchas organizaciones operen en zonas múltiples. Y las compañías deben acomodar una fuerza de trabajo que se vuelve cada vez más móvil, y que quiere acceso seguro a la información desde cualquier lugar y en cualquier momento. Con estos escenarios, para tener éxito las empresas deben poder reaccionar rápidamente al cambio. ¿De qué modo? Siendo flexibles. Hoy en día gran parte de esa flexibilidad dice relación con poder establecer una arquitectura de conectividad entre usuarios y aplicaciones de software que no sea rígida o dependiente de las plataformas tecnológicas, cambiando el concepto tradicional de hacer deployment de estos servicios, por un concepto real de entrega dinámica y flexible de aplicaciones de software sobre cualquier medio o dispositivo. |

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