>> por Tomás Garzón de la Roza
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“La situación no está para andar con vueltas”. “Vamos a aplicar la Ley de Abastecimiento”. “En los próximos días lloverá gasoil”. Frases como estas hicieron de Guillermo Moreno, una marca registrada de la política económica argentina de la era Kirchner. Pero, en la antesala de un nuevo y, posiblemente, fuerte conflicto con el campo, el polémico secretario de Comercio Interior podría elevar aún más un perfil que cultivó desde sus días en el Ministerio de Planificación. Comparte el Foro de Economistas Peronistas con Daniel Carbonetto y Eduardo Curia, con quienes se reunía frecuentemente durante su función en Comunicaciones. La vertiente económica que abrazan sostiene la defensa a ultranza del mercado interno, la intervención estatal como mecanismo de control y el reparo con el capital extranjero, entre otros postulados. Mario Guillermo Moreno es licenciado en Economía por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), y nació en 1955. Padre de dos hijos con su primera esposa, tiene varios apodos. La mayoría refieren a su nariz, pero el más pintoresco le fue otorgado por Kirchner. “Es más bueno que Lassie”, dijo, y desde entonces, una foto del legendario perro acompaña las de Perón, Evita y el Padre Mugica en su despacho. Peronismo desde las bases Durante el año 2006 se habló de que Guillermo Moreno ambicionaba suceder a Felisa Miceli al frente del Palacio de Hacienda, o bien ser nombrado Ministro de Producción, a partir de una escisión de Economía. Sin embargo, su nuevo destino fue ideado y sostenido hasta hoy por Néstor Kirchner. Su primer cargo público de importancia llegó en la Subsecretaría de Producción de la Ciudad de Buenos Aires, durante la intendencia de Carlos Grosso (1989-1992). También fue asesor técnico de la CGT y estuvo en el gabinete del ex secretario de Defensa de la Competencia, Pablo Challú. Contrario a un peronismo más transversal o de coalición, Guillermo moreno fundó la Unidad Básica “Pueblo Peronista”, que funcionó hasta 2006 en el barrio porteño de Belgrano. Se le reconoce un ritmo de trabajo incansable, que comienza a las 6 de la mañana –horario que elige para citar a empresarios– y no termina hasta última hora de la noche. |

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