24 de Abril de 2008 - 13:04 | La economía cubana
Cuando el humo se despeje
Para la mayoría de los cubanos, la vida sigue siendo un trabajo duro. Pero el panorama cambia con una novedad.
  
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por Geri Smith. BusinessWeek.

Roger Johnson estaba seguro de que con el tiempo Fidel Castro abandonaría su puesto. Pero el anuncio del retiro del líder cubano el pasado 19 de febrero mientras Johnson se encontraba en La Habana le añadió un poco de dramatismo a lo que de otro modo hubiese sido una simple visita de rutina a la isla. En su rol de delegado agrícola de Dakota del Norte, estaba en su séptimo viaje a Cuba como en tantos otros años, esta vez para firmar un contrato para la venta de US$ 7,5 millones en legumbres. Pero esperemos un momento. ¿Qué hace un oriundo de Dakota del Norte vendiéndole arvejas a un país con el que el suyo, se supone, no debería comerciar? Estaba sacándole provecho a reglas que, desde el año 2000, permiten a los Estados Unidos venderle comida y productos agrícolas a Cuba. Y está lejos de ser el único: Estados Unidos envió US$ 438 millones en bienes el año pasado. “Tenemos muchos de los commodities que Cuba quiere”, asegura Johnson.

Y, de alguna manera u otra, Cuba junta suficiente efectivo para pagar por ellos. Más allá de los edificios descuidados, de las rutas llenas de baches y las estanterías de los negocios absolutamente vacías, la economía del país creció alrededor del 7,5 por ciento en 2007, conformando su tercer año consecutivo de rápido crecimiento. Un récord de precios elevados en las exportaciones de níquel, búsquedas prometedoras de petróleo en el Golfo de México, rápidas ventas de cigarros premium y grandes playas de arena blanca que atraen a millones de extranjeros, todo eso sumado a una base económica incluso más fuerte de lo que cualquiera puede imaginarse. El fortalecido crecimiento pudo mantener a flote el régimen comunista bajo el mando del hermano de Fidel, Raúl Castro, permitiéndole aumentar salarios y mejorar la infraestructura deteriorada. “El estado de la economía cubana está en su mejor momento desde que los soviéticos se retiraron en 1991”, afirma el experto en Cuba Jorge R. Piñón, desde la Universidad de Miami. “No necesitan levantar el embargo”.

Precisamente, esto no es decir que Cuba está atravesando una etapa de crecimiento resplandeciente. Al contrario. Cuando Raúl Castro asumió la presidencia temporal en 2006, admitió públicamente que los servicios de gobierno eran inefectivos, e incitó a los cubanos a quejarse y a proponer maneras para mejorar las cosas. En un circuito de debates en mesas redondas por todo el país, la gente protestó por el pésimo estado del transporte público, de los bajos salarios, de la mala calidad de las viviendas y del excesivo control del gobierno. A pesar de que se construyeron alrededor de 53.000 nuevas casas el año pasado, se necesita al menos medio millón más. Y mientras que La Habana se dio el lujo de comprar miles de nuevos buses provenientes de China para el reemplazo de sus viejos aparatos empujados por tractores y conocidos como “camellos”, la mayoría de las personas todavía continúa esperando en largas colas o haciendo dedo para no llegar tarde a trabajar.

Para cualquiera fuera de una pequeña élite, subsistir con lo que hay representa una lucha. Benito, un zapatero de 48 años que se rehusó a dar su apellido por miedo a perder el trabajo, gana solamente US$ 11 al mes por remendar zapatos en un taller al aire libre administrado por el gobierno cubano en el centro de La Habana. Su esposa gana US$ 13 al mes como costurera de una fábrica estatal. Ambos viven con la hermana de Benito porque no pueden pagarse un departamento propio. La familia recibe un folleto mensual que les provee comida suficiente por 10 días, el resto proviene de mercados mucho menos regulados donde los precios son considerablemente más altos que en locales de venta al público con distribución de comida. En enero, como parte de un programa de ahorro del consumo de electricidad, el gobierno presentó una nueva heladera proveniente de China y se retiró de su modelo soviético de economía, que había durado 30 años. Pagarán el aparato –y no tienen ninguna opción al respecto– a través de una reducción del pago a $ 2,50 por mes durante ocho años. “Todos están esperando cambios de parte de Raúl”, afirma Benito. “Es imposible vivir así para siempre”.

Muchos cubanos están buscando un poco más que mejores salarios y comida: quieren estar menos apartados del mundo. Las estaciones de televisión de Cuba lanzaron actividades que dejan atónitos a los consumidores, como conferencias sobre materialismo dialéctico y tópicos varios sobre la revolución. Muy pocos jóvenes tienen dinero para ir a discotecas o salir a tomarse una cerveza, y muchos son los que se juntan en el parque a lo largo de la Avenida de los Presidentes en La Habana. Una reciente tarde de viernes, Miguel Alejandro, 20 años y rastas en la cabeza, y Reinir, 18 años y remera de Marilyn Manson, fumaban un cigarrillo atrás de otro y hablaban ilusoriamente de la posibilidad de viajar por el mundo. “Aunque tuviéramos el dinero, el gobierno no nos dejaría abandonar el país”, dice convencido Reinir. Miguel Alejandro se queja de haber sido multado cinco veces por la policía gracias a “ofensas”, como no portar su cédula de identidad o sentarse en el banco de una plaza apoyando los pies. “Estoy cansado de que me molesten”, afirma.

La promesa del petróleo
A pesar del afán de las preferencias de Benito, Reinier y Miguel Alejandro, la economía tiene guardadas algunas sorprendentes y deslumbrantes jugadas que podrían traer un mucho más próspero futuro. Probablemente el sector que más prometa sea el petróleo. Antes de la revolución de 1959, potenciales clientes de Texas sondearon Cuba y descubrieron que posee pocos recursos en materia de energía. Sin embargo, en estos momentos, Cuba produce una cantidad de 52.000 barriles de crudo por día –un 36 por ciento de sus necesidades. Proviene de pozos poco profundos y poco operados en los últimos 15 años por las compañías canadienses Sherritt International y Peberco, así como por Cupet, el monopolio petrolero de Cuba. Y esto representa tan sólo una porción del potencial terrestre cubano, afirma Rafael Tenreyro-Pérez, el director de exploración de Cupet, que estudió en Moscú en la década del ’70 y luego volvió a su ciudad natal para trabajar junto en búsqueda de crudo.

Más lejos en alta mar, en un sector triangular del Golfo de México que pertenece a Cuba, hay un mejor panorama. El United States Geological Survey calcula que alrededor de 9300 millones de barriles de petróleo pueden encontrarse en 1828,8 metros de profundidad de las aguas. Media docena de empresas extranjeras, incluidas las compañías petroleras de China, Noruega y Venezuela, no dejaron escapar los derechos de exploración y están llevando a cabo estudios sísmicos. Muchos esperan nuevas extracciones en pozos petrolíferos el próximo año. Cuba impulsó inversiones al ofrecer “acuerdos internacionales standard” de distribución de productos, dándole a extranjeros un considerable porcentaje de la producción. “Intentamos hacer los contratos lo más justos y flexibles posible porque estamos interesamos en encontrar petróleo rápido”, ratifica Tenreyro-Pérez. En una década, Cuba podría ser el primer exportador de petróleo.

Arenas blancas
La mayor parte de los descubrimientos en alta mar tienen importantes ramificaciones geopolíticas: Cuba podría reducir su dependencia de la caridad del inconstante presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que actualmente envía 92.000 barriles de petróleo por día a la isla a precios elevadamente subsidiados. Y proveería al gobierno cubano de fondos necesarios para mejorar la calidad de vida, lo que le brindaría muchos más años en el poder. “Más allá de que Cuba se transforme en un país autosuficiente, eso mismo sería un cambio mayúsculo”, manifiesta Jorge I. Domínguez, profesor de estudios relativos a América latina de la Universidad de Harvard. “Y considerar a Cuba como país exportador de energía sería incluso más interesante”.

Está lejos de ser un dato certero: ¿llegará Cuba a semejante posición? Mientras el embargo de Estados Unidos continúe, La Habana no tendría lugar para el envío de crudo para ser procesado, desde que refinerías cercanas están operando por sí mismas o son propiedad de Estados Unidos. Y si la economía cubana continúa creciendo como, el consumo seguramente trepará escalones también.

El turismo es igualmente prometedor –y las caras representan un problema. Hace ya un tiempo que Cuba atrae a una gran cantidad de turistas, menos a los estadounidenses, que tiene prohibido visitar la isla sin un permiso especial. Luego del colapso de la Unión Soviética, Raúl convenció a un no tan dispuesto Fidel de abrir los límites para la entrada de visitantes extranjeros; así el país podía comenzar a ganar dinero. Cuba empezó a preparar sus playas de arena blanca y sus aguas turquesas para la llegada de ejércitos de veraneantes desde Canadá hasta Europa. De recibir 340.000 turistas en 1990 pasaron a 2 millones en 1994 y a 2,3 millones en 2005. Hoy en día, los visitantes que adquieren un package-tour se broncean a más no poder en las playas de Varadero y Cayo Coco, mientras que los más aventureros manejan Buicks y Chevys de los ’50 en las calles del centro de La Habana, buscando La Floridita y otros bares en los que Ernest Hemingway solía tomar daiquiris.

En la actualidad, Cuba quiere repuntar su posición. Los oficiales cubanos ambicionan con atraer nuevos y más ricos turistas, construyendo docenas de resorts cuatro y cinco estrellas y restaurando algunos de los 50 edificios históricos, transformándolos en boutique hotels. Para mantener a los turistas más sabios un poco entretenidos, el ministro quiere ofrecerles entretenimiento, golf y yachting a los viajantes. Diez clases de golf –como complemento de las dos que Cuba tiene hoy en día– están entre las ideas de planificación. “Para competir, necesitaríamos alrededor de 25 cursos de golf”, asegura el consejero del ministerio, Miguel Alejandro Figueras, mientras destaca que la República Dominicana tiene 35. Y calcula que Cuba podría recibir unos 49.000 cruceros de Estados Unidos si se levantara el embargo.

El turismo, no obstante, tiene sus propios problemas. Para los que recién comienzan, el negocio ha caído ligeramente en los últimos años mientras los precios de los viajes trepaban alto en el mercado y los resorts ya “envejecieron”. Y es difícil crear una cultura-servicio en un país donde la máquina de propaganda desaprueba, hace mucho tiempo, todo lo relacionado con el lujo. Nadie atiende los teléfonos de los hoteles, los taxistas tienen fama de estafadores, y se puede hacer una hora de cola simplemente para comprar minutos extra para un sobrevaluado teléfono celular alquilado por el monopolio gubernamental.

Existe otro eventual moneymaker: la explotación del gran grupo de médicos cubanos para ofrecerles a extranjeros una cirugía estética de abdomen o la ayuda en rehabilitación de una adicción a las drogas. Las cirugías y otros procedimientos pueden costar la mitad del precio estipulado en Estados Unidos. El año pasado, 6000 extranjeros visitaron las clínicas y los hospitales de Cuba para distintos tipos de tratamientos, llevando a la isla un total de US$ 222 millones.

Dentro del negocio estadounidense, por su parte, están deseosos de unirse a esta suerte de “reunión” en Cuba. Agricultores, fabricantes y trabajadores en los pozos de petróleo discuten sobre si están perdiendo o no la posibilidad de encontrar un punto fijo de apoyo en la era post-Fidel en Cuba. En su lugar hay compañías como la productora de níkel y petróleo Sherritt y la española Sol Meliá, que administra dos docenas de hoteles en todo el país. Canadá es dueña de otras 38. La recién llegada China posee 12 empresas, y hasta Irán participa de este juego de compañías, vendiendo vagones de carga a la línea estatal de Cuba.
No espere que Cuba alcance el hipercrecimiento que alguna vez supieron lograr “las estrellas asiáticas”. El embargo estadounidense continuará dificultando el panorama, forzando a La Habana a pagar precios más altos por cualquier cosa. Pero un crecimiento de 7,5 por ciento no está tan mal, y si Raúl Castro puede facilitar cambios que su hermano probablemente no hubiera tolerado, el régimen no es proclive a colapsar en el futuro próximo. “Raúl necesita legitimación, y la única manera que tiene de conseguirla es demostrando resultados concretos a través de reformas económicas que se destaquen”, afirma Carlos Saladrigas, un hombre de negocios cubano-americano en Miami. “Lo cierto es que no tiene muchas opciones”.

Traducción: Natalia Bocassi.

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