Style - Vida Ejecutiva
Regreso a la ciudad
A diferencia del boom de los ´90 cuando irse a vivir a barrios cerrados era la única tendencia, hoy muchas familias prefieren volver al centro. El tránsito es el motivo principal.
>> por Dolores Pasman
  
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Cansado del tiempo que perdía arriba del auto, el contador Eduardo Grosso sacrificó su vida en el country St. Thomas y en marzo de 2007 se mudó a la Recoleta. Ocho años atrás, cuando se instaló en el barrio cerrado de Canning, demoraba unos 35 minutos de viaje desde su casa hasta su oficina. Con el tiempo, la situación empeoró y durante 2006 empezó a tardar un promedio de una hora y 10 minutos para realizar ese mismo trayecto. “Hoy alquilo un departamento a siete cuadras de la oficina y a una cuadra del colegio de mis hijos. Casi no uso el auto y la logística familiar es mucho más simple”, cuenta Eduardo Grosso quien tiene su propio estudio contable. Está feliz con su decisión y asegura que en el centro tiene más libertad y menor necesidad de planear su vida y la de su familia. “Manejo mejor mi tiempo libre y estoy más cerca de los cines, teatros y shoppings”, dice. No obstante, confiesa que extraña la amplitud de la casa, la tranquilidad y la seguridad de sus hijos dentro del barrio cerrado.

Este caso refleja una realidad que viven a diario millones de hombres y mujeres de negocios que viven en la provincia y trabajan en la Capital. La mayoría sacrifica su tiempo en pos de un bienestar al aire libre para su familia y para tener un lugar de descanso durante el fin de semana. No obstante hay quienes optan por el fenómeno inverso y se mudan al asfalto. “Hace un año y medio se comenzó a evidenciar que debido a la congestión del tránsito algunos residentes permanentes de barrios privados, sobre todo de la zona norte y oeste del GBA, que trabajan diariamente en Capital, optaron por mudarse nuevamente a la ciudad, ya sea porque compran una vivienda nueva y se desprenden de la que tenían o porque la conservan como casa de fin de semana. No obstante si bien esta tendencia existe, no implica un éxodo en masa sino cierto flujo de retorno a la ciudad por cuestiones de reacomodamientos”, explica José Rozados, consultor especializado en Real Estate.

Sofía Royo, consultora senior preventa de Sistemas Estratégicos, y su marido, el arquitecto Ignacio Mackinlay también quieren volver a la Capital. Tres años atrás se mudaron al Club Newman en Benavidez para gozar del verde y darles a sus hijos una vida con mayor contacto con la naturaleza. Si bien ambos trabajan en el centro, en ese momento el viaje no era tan grave y les tomaba aproximadamente 45 minutos a una hora. En marzo del año pasado, empezaron a buscar departamento en Barrio Norte porque la logística familiar se tornó insostenible ya que el trayecto hasta sus oficinas en el microcentro, donde ella trabaja y hasta San Telmo donde él tiene su propio estudio de arquitectura, les demanda casi dos horas. “A esto se suma que tengo que dejar a mis hijos en el colegio a las 8 de la mañana y entro al centro en el peor horario. La obra de Lugones empeoró la situación y cuando hay accidentes, el tráfico es caótico. Es tal la impotencia que a veces tengo miedo de chocar porque me impaciento sólo de pensar que las horas se van y todavía no empecé mi día”, explica la analista de sistemas. Reconoce que va a extrañar salir a andar en bicicleta con sus hijos cuando regresa del trabajo pero admite que sólo se mudará si puede incluir en su presupuesto el alquiler de un dormi en el mismo country para disfrutar los fines de semana.
Harto del viaje y del aislamiento, un ejecutivo del sector financiero que reside en Santa Bárbara y prefirió el anonimato, admite: “Viví toda mi vida en el centro y estaba acostumbrado a llegar a la oficina en Puerto Madero en 10 minutos. Hoy, a pesar de que salgo más tarde para evitar la hora pico, tardo 45 minutos. Si fuese por mí, me volvería mañana pero mi mujer vivió toda su vida en San Isidro y no se acostumbra a la idea de vivir en el asfalto”.

A Esteban Lovalvo, socio de la consultora Global Praxis International, también le pesó el aumento del tránsito aunque éste no fue el motivo principal de su regreso. El detonante lo disparó la escasez de oferta de universidades. “Pilar no está preparado para los adolescentes que dejan el colegio y tampoco tiene buenos medios de transporte. Mis hijos gemelos entran en la universidad el año próximo y van a estudiar en el centro”, dice el consultor. Hace 10 años que se mudó a la zona norte y vive en Estancias del Pilar pero en marzo se muda a su barrio de la infancia, la Recoleta, donde compró un departamento. En horas pico, el trayecto de su casa a su oficina en Viamonte y Libertad, que en el pasado le demandaba unos 45 minutos, le toma dos horas y cuarto. Frente a esta realidad, optó por trabajar a la mañana desde su casa y viajar más tarde. “Por día uno se pasa entre tres y cuatro horas arriba del auto. Si no hablás por teléfono, es tiempo perdido y uno se vuelve más improductivo”, aclara.

Teresa Urdapilleta, dueña de la inmobiliaria que lleva su nombre y se especializa en la zona de Pilar, confirma las razones de Lovalvo: “Es real que el tráfico a la Capital se convirtió en un problema grave. Además de la cantidad de autos y camiones, se agregan los accidentes que hacen que en horas pico se vuelva realmente difícil el tránsito. Las familias que regresaron a Capital son aquellas que tienen hijos en edad de facultad o que comienzan a trabajar. Además, con el avance tecnológico, muchos hombres trabajan en sus casas a la mañana para evitar el rush hour y salen al mediodía. Por esos motivos, no aumentó la cantidad de propiedades a la venta y las pocas familias que regresaron a la Capital dejaron sus casas como fin de semana”.

Sin duda esta ecuación de conservar la casa para el weekend implica un costo muy alto porque hay que mantener una doble estructura. El tema económico es clave a la hora de decidir una mudanza ya que el m2 en en centro es más caro. “Conozco mucha gente que volvería pero no lo hace por un tema económico. En la ciudad no compra por ese mismo valor lo que tiene en Pilar”, confiesa Lovalvo. Párrafo aparte merece el tema de la inseguridad, un motivo que no es menor a la hora de tomar la decisión de volver a vivir cerca del Obelisco. Cada vez son más los casos de personas que vuelven al centro a raíz de asaltos y secuestros. Precavida, Graciela Pocovi, dueña de una empresa familiar agrícola ganadera, después de pasar toda su vida en la zona norte, decidió mudarse a Palermo y dejar su vida en Bahía del Sol, en San Fernando. “Si bien el country es seguro, los ingresos y egresos no lo son. Después de varios episodios de inseguridad en la zona, tuve que negociar el verde. Las luces de la ciudad me dan mayor tranquilidad”, aclara la empresaria.El tránsito y la inseguridad rompieron con el mito de que la vida en barrios cerrados es la ideal. Hoy, se empiezan a ver las primeras excepciones de parejas o individuos a quienes no les resulta ese estilo de vida y se pueden dar el gusto de volver a la ciudad.

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