Venezuela post Chávez: el paraíso de los estafadores
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Venezuela post Chávez: el paraíso de los estafadores

Con el aumento de precios y la escasez de productos, creció el mercado paralelo del papel higiénico y otros productos básicos.  

Por Roben Farzad 04 de Febrero 2014




Venezuela, un país de 30 millones de personas, está en un estado de manicomio económico desde que el líder socialista Hugo Chávez sucumbiera frente a un cáncer hace un año. Su sucesor, el ex vicepresidente y conductor de colectivo Nicolás Maduro, tiene una inclinación hacia los sandwiches y las enseñanzas de un gurú espiritual indio con un afro. El mercado bursátil creció 483 por ciento en el último año, en gran parte porque las personas que tenían los depreciados bolívares venezolanos buscaron refugio de valor y apostaron al fin del chavismo y/o la vuelta de algo parecido a las reglas de leyes del capitalismo.

El mercado negro, mientras tanto, parece sacado de Mad Max. El año pasado el bolívar se hundió 73 por ciento versus el dólar estadounidense en la no oficial pero prevalente tasa de cambio de las calles de Caracas, una crisis que tuvo como consecuencia la acumulación, los saqueos y la escasez directa de alimentos y productos básicos como papel higiénico y jabón -esto en una economía con las mayores reservas mundiales de petróleo. El año pasado hubo 24.000 asesinatos en Venezuela, lo que lo convirtió en uno de los países más sangrientos del mundo. Una ex Miss Venezuela y su marido fueron recientemente emboscados y asesinados frente a su hija de cinco años.

El régimen de Maduro sancionó una versión oficializada de los saqueos -donde los guardias militares se quedaron con las tiendas y los precios más bajos- y ordenó que el Banco Central retuviera la difusión de las estadísticas regulares por primera vez en la historia, mientras Venezuela se enfrenta a costos en alza de US$ 10.000 millones para financiar sus necesidades. En un discurso televisado del 23 de noviembre, el Presidente argumentó que estas medidas de emergencia llevarán a la deflación.

venezuela problemasDecisión. Por orden de Maduro, las casas de electrodomésticos vendieron todo a mitad de precio y el ejército controló la situación. Foto: Bloomberg.

Los intereses sobre la deuda soberana de Venezuela se dispararon en el último año, a justo debajo de 14 por ciento, los más altos entre 50 mercados emergentes seguidos por JPMorgan Chase.

El Banco Central de Caracas, que también retuvo su informe anual de inflación en noviembre, sí emitió un informe de fin de año de los cambios mensuales en los precios que culpaba a una “guerra económica” liderada por los líderes de la oposición. Aseguraba desarrollar indicadores que reflejen mejor la “nueva realidad social y económica en el país”.

Con respecto a las métricas más tradicionales: la inflación anual está por encima del 55 por ciento, mientras que el crecimiento económico cayó a 1,6 por ciento en 2013, de 5,6 por ciento el año anterior. Las reservas internacionales se recortaron a la mitad desde 2008, a aproximadamente US$ 22.000 millones. El mes pasado, Moody’s y Standard & Poor’s recortaron el rating de Venezuela al nivel más bajo en una década, citando pobres políticas económicas. Ronda la devaluación, y una caída en el precio del petróleo podría ser una sentencia de muerte para el poco orden que se mantiene post-Chávez.

El año pasado hubo 24.000 asesinatos en Venezuela, lo que lo convirtió en uno de los países más sangrientos del mundo.

Uno de cada cinco bienes básicos está fuera de stock en cualquier momento en el país, según el último informe de escasez del Banco Central en octubre. Desde entonces, dejó de proveer esos datos.

Caracas, mientras tantos, tiene 155 “edificios tomados”, incluyendo la infame Torre de David, un rascacielos abandonado y lleno de gangsters que fue inmortalizado en la última -y olvidable- temporada de Homeland.

Hay también una floreciente especulación de precios entre la frontera de Venezuela y su vecina Colombia: uno puede comprar básicos regulados por el gobierno, como arroz, a 6,3 bolívares cada dólar y venderlos a 10 veces esa proporción. Bloomberg News recientemente informó que los indios Guajira con doble nacionalidad y excepción de los controles fronterizos acampan fuera de los mercados venezolanos previo a las entregas, acumulando todo lo que pueden, y entran los bienes a Colombia o se asocian con delincuentes en camiones (con mucho dinero para sobornos) para inundar la tasa de cambio del mercado negro. Así que los venezolanos promedio en ciudades como Caracas y Maracaibo manejan durante horas hasta la frontera en búsqueda de arroz y papel higiénico a 10 veces lo que pagarían en su casa -si hubiera algo en los estantes.

Las exportaciones de arroz de Venezuela a Colombia se duplicaron este año y ahora representan 11 por ciento del mercado, según el Servicio de Agricultura Externa de los Estados Unidos y una asociación de cultivadores colombianos. Venezuela fue importadora neta de arroz hasta 2006. Maduro alentó a los ciudadanos a abstenerse de la “compra nerviosa” de importados, anunciando la semana pasada en la televisión estatal que “el consumismo es una adicción que destruye al ser humano”.

“Diría que la situación es una ‘anarquía manejada’”, dice Jerry Haar, profesor de Finanza en la Universidad Internacional de Florida en Miami. “Maduro no tiene la lealtad de las masas -mucho menos el carismo o incluso el cerebro- que poseía Chávez. Es tierra de nadie con él, donde los pobres dicen: ‘¡Maten al rico!’, pero el rico está ocupando ganando muchísimo dinero con estafas y moviendo los dólares a Miami”. La buena noticia, dice Haar, es la mala noticia: “Otra persona subirá al poder, pero tendrá que rejuntar a Humpty Dumpty”.



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