Un emprendedor que apostó por los anotadores
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Un emprendedor que apostó por los anotadores

En plena época de tablets decidió apostar al mercado de las libretas de papel. Cuántas vendió en menos de un año de negocio.

Por Manuel Torino 26 de Febrero 2013




No necesita baterías. Nunca se queda sin señal. Tampoco exige conexión a Internet. No se infecta con virus. No usa cables. Funciona en todos los idiomas. Es compatible con todo tipo de lapiceras. Y es uno de los pocos lugares donde, todavía, se puede escribir sin que lo vea todo el mundo. El listado enumera algunas de las razones que Ezequiel Kampel (36) encontró para apostar –en pleno auge de las tabletas digitales– a las libretas de papel como emprendimiento.

Ezequiel IMG
“En un viaje por Europa, me pregunté por qué no hay buenas libretas en la Argentina. Y, cuando volví, me puse a fabricarlas”, cuenta el entrepreneur sobre el origen de las libretas Brügge, sin esconder su fuente de inspiración: los legendarios cuadernos de notas Moleskine, cuyas hojas fueron garabateadas por nombres como Pablo Picasso, Ernest Hemingway y Bruce Chatwin. 

“A la hora de crear, nada reemplaza al papel. Por eso, los diseñadores, escritores y artistas de todo el mundo, a pesar de tener a su alcance las herramientas tecnológicas más avanzadas, siguen prefiriendo poner sus mejores ideas, siempre, en papel”, refuerza en su invitación para regresar a la clásica herramienta.

Conocedor del negocio –trabajó en una librería mientras cursaba Abogacía y, hoy, es dueño de una en Barrio Norte–, Kampel intenta explicar la fascinación que despierta el ya mítico cuadernillo a nivel global.

“El elástico, el marcador y la tapa dura son como una denominación de origen. Además de muy práctico, creo que el diseño de la libreta es simplemente perfecto. Tiene todo lo necesario y nada más”. Con poco más de un año en el mercado, Brügge ya vendió 30.000 unidades en sus cinco modelos.

Se consiguen en grandes cadenas, como Yenny-El Ateneo y Cúspide, y en tiendas de diseño. Y, si bien apuntan a un target esencialmente palermitano, Kampel, todavía, se sorprende por el interés que despiertan en las empresas como regalo corporativo.



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