Soy jefe y un error mío me dejó muy expuesto: qué hago
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Soy jefe y un error mío me dejó muy expuesto: qué hago

Todos se dieron cuenta que el encargado de conducir es quien cometió la equivocación. Maniobrar a tiempo, la clave.  Por Camila Fronzo 18 de Mayo 2015

 

A diferencia de como se expone en “El traje nuevo del emperador”, fábula que narra el desfile de un rey accidentalmente desvestido, el nudismo en el ámbito empresarial no tiene que ver con ropajes. Es la incómoda sensación de estar sobreexpuesto, indefenso, desprotegido. Aflora cuando el “soberano” es sorprendido por su “súbdito” en una situación cotidiana, en la que exhibe su lado más bestial o sensible. Después de la desafortunada revelación, ¿cómo recuperaría la reputación que tanto tiempo invirtió en construir?

La historia de Gustavo Vorobechik –verídica, subraya– tuvo bastante de nudismo, en la interpretación más literal del término. Por problemas de abastecimiento de papel, el CEO de Bibliográfika, firma que imprime libros por demanda, convocó una reunión para el día siguiente. Esa noche, se quedó en la oficina hasta altas horas. Estaba instalado en el baño cuando notó que, también allí, había faltante de papel. “En el apuro, y pensado que estaba solo, salí en busca de mi stock de seguridad. ¡Y me crucé, en paños menores, con el jefe de Planta!”, confiesa. Al otro día, para romper el hielo, inició la reunión con una sutil alusión al episodio: “No podemos permitirnos quedarnos sin papel. Y, menos, en el baño”. “Haber blanqueado la situación con todos los presentes (hecho del que se enterarían de todos modos) y utilizar el humor para disminuir tensiones ayuda a mantener unido al equipo de trabajo”, puntualiza.

 

 

 

 

Gustavo Guaragna, gerente General de la consultora de tecnología Snoop Consulting, recomienda naturalizar el desnudo. La clave, explica, es que no haya personalidades dobles ni ocultas. “Todos me vieron lagrimear o exaltarme alguna vez en la oficina. Trato de que el empresario y la persona sean lo mismo”, resuelve.

Integrar la vida personal con la profesional es, para Gonzalo Costa, socio fundador y director de NXTP Labs, fondo que invierte en emprendimientos en early stage, uno de los grandes desafíos del universo laboral. Hincha de River, experimentó una montaña rusa de emociones en los últimos dos años (Promoción, descenso, campeonato en la B Nacional, retorno a Primera). Pero, tras sus exabruptos y euforias, todos los lunes volvía a su escritorio “con la frente bien alta”. “Si me avergüenzo de cruzarme con un empleado en la cancha, me planteo por qué me pasa y trato de definir cómo integrar ambos mundos (personal y laboral)”, indica.

Mariana Magrini, manager de Capacitación y Desarrollo en Tarjeta Naranja, se autodefine fanática de las obras de teatro y los recitales. Es en esos espacios donde suele encontrarse con gente de su equipo. La más incómoda aproximación fue en un show del grupo Las Pelotas, donde, en su primer año de trabajo, se cruzó con el director Comercial de su firma. “¿Lo saludo o no?”, pensó. Finalmente, el jefe se acercó a ella. “Me pasa muchas veces. Al otro día, lo mejor es regresar con naturalidad”, asegura.

“Puede ocurrir en un restaurante, en el cine o en la fiesta de fin de año de la empresa, donde todos revelan una faceta, hasta ese momento, desconocida”, enumera Rodolfo Ciaburri, Director Financiero en SOCBER Group. Juzga esas exposiciones como hechos positivos. “Nos muestran tal cual somos. Es cuando todos empiezan a pensar: ‘El jefe es humano, aunque no lo parezca…’”. El día después, dice, el “descubierto” deberá planear el retorno a la oficina apoyándose en la cualidad que mejor lo define: capacidad de adaptación.    

Recurrir al humor, ser transparente y tomarse los infortunios con naturalidad, las fórmulas de los ejecutivos para volver a vestir el traje que perdieron en el camino. Usted, ¿qué haría? 



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