Relaciones tensas: cómo ser el jefe de un amigo
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Relaciones tensas: cómo ser el jefe de un amigo

Fueron compañeros de colegio, facultad o, simplemente, forjaron la relación día a día, en la empresa. Pero uno, ahora, es el que da las órdenes y el vínculo ya no es igual. Claves para convivir.

Por Cecilia Valleboni 09 de Octubre 2013




Ingresaron juntos a la empresa. Compartían horas de oficina. Charlas. Salidas after office. Casamientos, fiestas e, incluso, vacaciones. Con el tiempo, se formó una amistad. Pero las carreras se mueven en paralelo y existen diferencias de talento y aptitudes. De pronto, a uno lo ascendieron y, ahora, es el jefe.

Para los consultores en Recursos Humanos, es una situación frecuente en empresas con programas de jóvenes profesionales, donde hay mucha promoción interna y, además, existe un concepto más amplio de camaradería. Es que las relaciones interpersonales positivas generan buenos lazos, que impactan en la productividad. “La generación Y construyó un ámbito laboral con mayor integración: buscan el disfrute y hacerlo con amigos es una opción”, destaca Matías Ghidini, de Ghidini Rodil. En América latina, es un problema más complejo, dado que existe un concepto de amistad distinto al de otras regiones. Y la relación asimétrica genera un trato distinto, que impacta en las relaciones humanas.

Guillermo Vivot, director General de Softland, y Julio Gremes, director de Tecnología de la misma empresa, se conocieron hace 20 años y ascendieron a la par en distintas áreas: Atención al Cliente y Tecnología, respectivamente. En 2009, Vivot fue designado número uno. Para ellos, mantener la amistad por sobre lo profesional se presentó como un desafío y, al principio, generó dudas. “Tiene ventajas como que uno conoce los valores y eso facilita el trabajo”, destaca Gremes. Sin embargo, al momento de la relación laboral, es importante no abusar de eso y cuidar las dos posiciones.

Ajedrez_estrategia_liderazgo_crop_1366395307799.jpgConflicto. La lucha por un ascenso, un bono o reconocimiento pueden poner en jaque una amistad. Foto Archivo Apertura.

Aunque sus familias se reúnen semanalmente, cada uno mantiene su responsabilidad en la empresa y, si en lo profesional surge alguna diferencia, se soluciona puertas adentro. “No tenemos reglas. Pero tratamos de no hablar de trabajo fuera de la oficina”, cuenta. Para Miguel Terlizzi, director General de la consultora HuCap, lo importante es asumir la responsabilidad de cada rol: “No tienen por qué dejar de ser amigos. Pero deben aprender a respetar su nueva posición”. Fácil o difícil, dependerá de cuán preparado se esté. Los consultores explican que, cuando dos compiten por un cargo, la relación empieza con el pie izquierdo y los celos florecen. “El mundo corporativo es de pasarela: todos quieren ser la mejor modelo”, define Rubén Heinemann, director Asociado de Wall Chase Executive.

El haber forjado una amistad favorece en cuanto a confianza, conocimiento y certezas sobre códigos y valores. Sin embargo, para que se genere dinámica positiva, debe existir una cuota de madurez que permita separar lo laboral de lo personal. Y, a pesar de que la idea de un amigo como jefe puede sonar atractiva, existen numerosas fallas posibles.

Una clave es poner las cosas sobre la mesa. “No hay que ocultar al elefante, sino hablar de los desafíos, los miedos y las expectativas”, destaca Andrea Frascaroli, directora de la consultora Dimensión Humana. Entre amigos, se conocen y se comprenden, cosa que, en una relación jerárquica, no debería ser tan así. “Se pierde la objetividad porque se confunden las emociones. Los casos que vi terminaron mal”, añade Heinemann.

Ghidini no duda: “Es más saludable evitar a un amigo como jefe”. Es que, aunque hay quienes saben manejar muy bien la situación, no es una regla general. El gerente de una firma de indumentaria pasó de su computadora junto a sus compañeros –uno de ellos, amigo de la infancia– a una oficina privada, con el rótulo de jefe. “Cuando hay que decir cosas no agradables, se haga como se haga, no cae simpático”, destaca este manager. “Menos mal que sos mi amigo”, irónica frase que, todavía, resuena en su cabeza. Con alguno, además, pertenecía al mismo grupo. En reuniones y asados, muchas veces, se escuchó: “Hacele caso, que es tu jefe”. “Los obstáculos, a veces, se presentan dentro y fuera de la compañía”, reconoce este ejecutivo. Su amigo ya no trabaja en esa empresa. 

En América latina, es un problema más complejo, dado que existe un concepto de amistad distinto al de otras regiones. Y la relación asimétrica genera un trato distinto, que impacta en las relaciones humanas.

En determinadas situaciones, la tensión se puede incrementar. En el caso de un aumento, desarrollo de carrera, evaluación de desempeño o la asignación del bono anual, si el empleado siente que es injusto, cuesta discutir. “Todo lo vinculado con evaluación y compensación deriva en la cuestión personal”, explica Edgar Medinaceli, director Ejecutivo de Russell Reynolds. Es que hay un rol, que se puede confundir con lo personal, cuando el jefe conoce las necesidades de la otra persona. Lo mismo sucede cuando, por darle una oportunidad, el jefe demora una desvinculación o la preferencia en la asignación de un proyecto.

“El mensaje de la organización debe ser claro: se busca el buen clima pero, también, se deberán especificar y transparentar la importancia de la lealtad y confidencialidad de la información”, explica Luis Etchenique, consultor y profesor de la Universidad de Palermo y de la UCES. Es que, en la gestión y en el manejo de equipos, pueden surgir interferencias. Para Frascaroli, cambia el contexto: “Ahora, se maneja en un ambiente más político, lo cual cambia la forma de pensar”.

Pero el jefe, también, puede sentirse incómodo con la situación. Por ejemplo, dándose cuenta de que su amigo tiene buen desempeño pero no es brillante y, quizás, tenga que descartarlo de una posible promoción. “Para mucha gente, es un dilema: ¿qué privilegio y por qué? ¿Qué es mejor: hacer bien mi trabajo o tratar bien a mi amigo?”, analiza Medinaceli.

¿Siempre serás...?
Cuando dos amigos están en la misma empresa, Radio Pasillo eleva el volumen. El entorno laboral no es ajeno. Muchas veces, surge la desconfianza y hay otras personas que, sabiendo esta relación, intentan hacer lobby. Otros jefes, por sobrerreacción, intentan no favorecer a su amigo, incluso, perjudicándolo. Hay compañías que tienen políticas para que, por ejemplo, una pareja, no quede en esta situación. Sin embargo, con los amigos, no hay previsiones. “Muchas veces, depende de lo hábiles que sean el jefe y las compañías para detectar eso”, dice Medinaceli.

Para Heinemann, de Wall Chase, “traer a trabajar a un amigo es como casarse con una amiga”. Juega en contra de la relación profesional, con celos y la imposibilidad del jefe de poner la distancia adecuada. Pero es algo usual en las primeras líneas, debido a que buscan ocupar las posiciones clave con personas de confianza. Lo cual, a veces, no funciona desde la gestión.

Escacez talentosRenuncia. En algunos casos, los amigos deciden separarse antes que el trabajo se vuelva un obstáculo. Foto: Archivo Apertura.

Ricardo Hirsch es director de una empresa química familiar y su gerente de Planta es un amigo de la infancia, ingeniero químico, con quien se reencontró después de muchos años. “Si un jefe tiene a su cargo a un amigo, debe apoyarse en la confianza y el afecto personal para lograr los mejores resultados con la mayor economía de esfuerzo. Es una situación de privilegio”, opina. Para él, la confianza aceita las relaciones. Y, asegura, no tiene problema en darle órdenes: “Pero, a la hora de tomar decisiones difíciles, tengo en cuenta esa relación de amistad”.

El director General de Softline, Jorge Saladino, conoce, desde hace más de 30 años –hicieron carrera paralela en IBM–, a una persona a la que tomó como Account manager, para desarrollar el negocio en el interior. “Si no pudiera separar lo personal de lo laboral, estaría haciendo mal mi trabajo”, destaca. La clave, asegura, está en dividir roles y elaborar una especie de manual de códigos.

Mario Boullon trabajó más 25 años en posiciones gerenciales, en compañías como Sava-Gancia, Petrosur y Amway, de la que fue director General para la Argentina, Chile y Uruguay. Muchas veces, trabajó con amigos. “Hay que dejar claro que esa relación no implica una recomendación, ni mucho menos una decisión tomada, sino, sólo, un conocimiento previo no profesional”, cree. Si la amistad se forjó en el trabajo, hay un punto a favor: ya se conoce cómo es el otro en ese ámbito. “Si no, puede haber roces porque las características de la vida social aprobadas no lo son tanto en lo laboral”, agrega Ghidini.

Andrea Miranda, directora de CIP Salud, prefirió preservar la amistad y romper una relación laboral. Contrató a una amiga y recibió reclamos del resto del equipo. “Al principio, fue difícil tomar la decisión. Pero tenía dificultades para aceptar el rol dentro de la organización. Tuve que separarme del papel de amiga”, destaca.



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