Quién es Juan José Aranguren, presidente de Shell Argentina
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Quién es Juan José Aranguren, presidente de Shell Argentina

El número uno de la filial local de la petrolera cuenta cómo fue su gestión frente a los ataques del Gobierno. Su relación con Moreno.

Por José Del Rio 24 de Enero 2014




La Década Ganada tuvo un impacto directo en las huestes de Shell Argentina. En 2003, el ex presidente Néstor Kirchner iniciaba su gestión al frente de la Argentina y, salvando las distancias, Juan José Aranguren arrancaba su presidencia de la filial local de la petrolera angloholandesa. Ambos tenían una larga carrera de militancia. El primero, desde sus inicios en la política en el Sur. Y el segundo, en sus, por entonces, 24 años de carrera dentro de la compañía que lo coronó, en ese momento, a lo más alto de la filial.

Los caminos se cruzaron dos años después, cuando, en marzo de 2005, el santacruceño arengó a no comprarle “ni una lata de aceite” a la petrolera que, como consecuencia de una suba en la cotización internacional del barril de petróleo, había anunciado un alza en sus precios domésticos de entre 2,6 y 4,2 por ciento. Desde ese momento, la guerra contra la petrolera se convirtió en una cuestión de Estado.

“Cuando uno está jugando un partido, cuando se tiene el calor típico de alguien que está en la cancha, tratando de hacer lo mejor posible, los golpes, los dolores pasan. En caliente, no se siente. Insisto: no es falsa modestia, ni humildad. Pero esa situación no me pesó”, admite siete años después, en referencia al boikot, que incluyó escraches a 33 estaciones y bloqueos a la refinería de Dock Sud, a cargo del dream team de Luis D’Elía.

“Cuando uno hace algo de lo que está convencido, porque está en línea con sus convicciones, con sus principios, puede doler un poco la cabeza. Haber terminado el día un tanto exhausto. Pero, en ningún momento, puedo decir que eso fue una carga muy pesada de sobrellevar. Honestamente”, grafica el hincha de Boca, con su tradicional tono firme pero pausado.

Juan José Aranguren copiaSu década incluyó, también, unas 60 multas de la Secretaría de Comercio –por entonces, liderada por Guillermo Moreno– y el inicio de 54 causas penales con pedido de prisión, de las que fue sobreseído en todas sus instancias. “Creo que no fue un período de desgaste, sino de crecimiento, desde el punto de vista profesional, humano y hasta desde la compañía”, admite Aranguren, quien asume el retorno de la inversión (tiempo, trabajo y perfil más alto del que le gustaría) como parte del esfuerzo necesario por su posición. El 10 de septiembre de 2014, Shell cumplirá sus primeros 100 años en el país y, tal vez por ello, su número uno se preocupa en afirmar: “Ahora, intentamos ver la película, no la foto o una pequeña parte, que pueden ser los últimos 10 años. Obvio, nos hubiese gustado estar mejor. Creo que no es, nada más, una situación particular de Shell, sino de todas las empresas del sector”.

Guillermo Moreno se fue, finalmente, del Gobierno. ¿Qué implica esto para usted?
Implica un reconocimiento de que es necesario un cambio de política. Debemos tener reglas más claras, no necesariamente no escritas, sino que estén escritas y que sean reconocidas por todos los sectores del mercado. Insisto, la Argentina necesita un cambio en su economía. Necesitamos atraer inversiones, especialmente, en el sector energético. Y me da la impresión que las formas, los modos y los contenidos que expresaba el anterior Secretario de Comercio no colaboraban para que esos capitales puedan ser atraídos.

¿El ciclo de Moreno ya estaba cumplido?
Desde mi punto de vista, sí. Y la demostración es el éxito o no éxito, en realidad, de muchas de las medidas que intentó implementar Moreno. Hoy, todo el mundo puede decir que las últimas decisiones o supuestos acuerdos de precios –no estoy hablando del sector energético, que, normalmente, se manejó más por resoluciones ilegítimas que por aumentos de precio acordados– demostraron que no se cumplían. Demostraron que, en la práctica, eran un engaño para el consumidor porque los precios seguían aumentando. Creo que el hecho de que se termine con eso es un reconocimiento de la realidad.

En lo personal, lideró varias batallas judiciales que le inició el ex Secretario. ¿Esto da por terminado todo?
No. En realidad, él toma una decisión en función de su rol. Pero, desde nuestro punto de vista, estamos muy tranquilos porque de las multas que, en su momento (N. de R.: 2006 a 2007) nos impuso el Secretario, ya tenemos 37 casos en los que la Corte Suprema ya falló a favor de Shell. Esto significa que no correspondía la implementación o la aplicación de una multa y, si bien, todavía, hay otras que quedan en el trámite judicial, la Corte Suprema está bajando a primera instancia muchas que le están llegando, diciendo que prescribieron. En el caso de las causas penales, la Cámara ya falló a favor mío, en particular, y Moreno no apeló. Con lo cual, también, ahí, no hay ningún tipo de efecto, o consecuencia, a partir de decisiones –considero yo y la Justicia, también– totalmente ilegítimas por parte de Moreno.

¿Cuántas causas penales fueron, al final?
En total, 54. Unas 60 multas del año 2007. Todas, por $ 1 millón por supuestos fenómenos de de-sabastecimiento de gasoil, solamente consecuencia, o decididos, o provocados por Shell, cosa que no fue así. Y, de las 60 multas de 2007, en 54 de ellas, pidió, también, la pena de prisión. Habría que preguntarse por qué en 54, y no en las 60, porque fueron todas iguales. Pero esa es la realidad y lo que nosotros defendimos. Y, por suerte, la Justicia falló a favor en todo.

Intentamos ver la película, no la foto o una pequeña parte, que pueden ser los últimos 10 años. Obvio, nos hubiese gustado estar mejor. Creo que no es, nada más, una situación particular de Shell, sino de todas las empresas del sector. Juan José Aranguren

 

¿Se abre, a partir del cambio de autoridades, una relación más técnica y menos personal con la Secretaría de Comercio?
En todo caso, desde el punto de vista del sector energético, tengo mis dudas de que la Secretaría de Comercio sea el foro al cual no-sotros nos tengamos que referir. De hecho, la Ley de Hidrocarburos –aunque sea vieja, es la que está vigente– pone en cabeza de la Secretaría de Energía la responsabilidad sobre el sector. Reconozco que, en la Argentina, luego, hay muchos casos en los que decisiones de tipo administrativo (como resoluciones, decretos y disposiciones) avanzan, cambian, modifican lo que dice una ley. Y esa es, tal vez, una de las raíces de nuestros problemas en la Argentina. Pero creo que el sector de los combustibles tiene que estar manejándose, en todo caso, en la Secretaría de Energía, por el tema de inversiones, y con una ley de Defensa en la Competencia y un tribunal de Defensa en la Competencia, para verificar que en el mercado haya competencia libre y sana.

¿No existe, hoy, esa competencia?
Creo que, muchas veces, en la política, y hasta en otros órdenes de la vida, las personas hacen a las funciones y no al revés. Y, por lo tanto, tendemos a personalizar y a hacer responsable de todas las bondades y los males provocados por el ejercicio de una función a una persona. Este es el caso en el que la Secretaría de Comercio, de alguna manera, incurrió en demasiadas responsabilidades, que no estaban a su alcance. De hecho, basó gran parte de su accionar a partir de una ley del año 1974: la que se conoce como Ley de Abastecimiento, que, en realidad, era una norma contra el agio y la especulación. Hecha para 1974, no para ahora. Que, además de ser inconstitucional, perdió vigencia porque las facultades delegadas que le dio el Congreso al Ejecutivo caducaron en agosto de 2010, a partir de sucesivas prórrogas. Sin embargo, se la siguió aplicando. De hecho, el supuesto tope máximo en los precios del que estamos saliendo en estos días, se basó en esta ley, que no está vigente y se utilizó para domesticar precios de los combustibles durante siete meses y medio.

Un paseo por la playa.

¿El mapa petrolero cambió desde el acuerdo entre el Estado argentino con Repsol?
Creo que es otra señal. Obviamente, no tengo más información que la que puedo leer en los diarios o revistas con respecto a este tema. Pero es obvio que la Argentina necesita normalizar sus relaciones con el mundo. Necesita atraer capital y ese capital, para atraerlo, no tiene que estar mostrando, como potencial consecuencia de venir al país, una confiscación, en lugar de una expropiación. La expropiación está definida y aceptada en la Constitución. Pero tiene que cumplir con dos condiciones previas. Una, que aquello que se vaya a expropiar sea considerado de interés público por una ley del Congreso. No ocurrió con el 51 por ciento de las acciones de YPF en manos de Repsol...

También, tiene que pagarse un justo precio...
Esto era lo que faltaba y lo que mucha gente llamaba “confiscación” y no “expropiación”. Si se llega a un acuerdo, entre el expropiado y, en este caso, aquel que tomó las acciones, que es el Estado Nacional, se habrá alcanzado lo que prevé la Constitución respecto de la posibilidad de expropiar. Y eso genera una mayor confianza o restablece condiciones para que el capital pueda decir: “Bueno, más allá de que nadie entre en un país para ser expropiado, al menos, tengo la protección de que si, por algún motivo, llego a estar en esa circunstancia, tendré la compensación correspondiente”.

El sector tiene dos caras. Por un lado, la alianza de Chevron con YPF. Y, por otro, la “nacionalización” de algunos players internacionales, como es la entrada de Cristobal López con Oil o los Bulgheroni, a través de Axion. ¿Cree que esta tendencia se acentuará?
Hay una realidad, que se debe reconocer: en los últimos años, entramos en una situación de caída importante, no sólo de reservas, sino de producción de todos los energéticos: petróleo, gas y podemos extenderlo, también, al tema de electricidad. Desde mi punto de vista, es porque, durante mucho tiempo, nos enamoramos de una política de precios subsidiados para todos. Estuvimos, prácticamente, subsidiando la oferta, en lugar de la demanda. Es decir, darle un precio especial a aquellos que lo necesitan y no a todos, a partir de subsidiar la oferta. Eso pudo haber sido adecuado para salir de una situación de emergencia. Pero su continuidad en el tiempo manda dos mensajes al mercado. A la oferta, le dice: “Señor, no es el momento adecuado para invertir; no hay márgenes positivos. Por lo tanto, postergue su inversión”. Y a la demanda: “Consuma porque lo que le ofrecemos es barato hoy. Mañana estará más caro”. Y es lo que ocurre.

MiguelDixit. "En los últimos años, entramos en una situación de caída importante, no sólo de reservas, sino de producción de todos los energéticos: petróleo, gas y podemos extenderlo, también, al tema de electricidad". Foto: Apertura.

Hoy, el país llegó a una situación en la que el 20 por ciento de nuestro requerimiento de energía se importa.
Sí, y nos damos el lujo, en nuestro país, importando el 20 por ciento, de no tener una política de conservación de energía y no vemos ningún esfuerzo por no malgastarla porque es barata. Y es, justamente, lo que provoca que, cada vez, su reemplazo, a partir de la importación, resulte más caro. Para poder cubrir ese déficit, por suerte, Dios y la naturaleza nos brindaron oportunidades. En este caso, y de lo que está hablando todo el mundo, a partir de recursos no convencionales, a partir de su explotación y de la existencia de los mismos, tenemos la oportunidad de revertir nuestro déficit energético. Se necesita mucho capital, inversiones importantes y un solo jugador no resolverá el problema porque no tiene la capacidad física ni financiera para eso.

El acuerdo con Chevron está en línea con lo que usted dice...
La misma YPF necesita atraer capital y hay lugar para todos. Previo a la firma de ese convenio, se dictó un decreto que, si bien es un decreto, es una señal interesante por parte de esta administración. Se permite a la sociedad que, al cabo del quinto año, pueda exportar el 20 por ciento de su producción, sin retenciones en la exportación y con el compromiso de poder dejar afuera los dólares que genera. O sea, no tiene que pasar por el mercado libre de cambios. Y si, por algún motivo, el país necesitara de esos hidrocarburos, se le aceptará que queden en el mercado interno y que, con los pesos que generen por esa venta doméstica, podrán acceder al mercado de cambios para poder, luego, remitir los dólares afuera.

¿Y ello que implica?
Es un claro reconocimiento, tal vez, junto con la resolución del tema de la expropiación de las acciones de Repsol YPF, de que necesitamos ser confiables. Y, para ser confiables, tenemos que tener liberada la importación de los insumos que necesitamos para la producción. También, que aquel que invierta en la Argentina pueda remitir dividendos. Y, obviamente, esto tiene que ver con la situación del cepo cambiario. Porque todo tiene que ver con todo.

¿El cepo es una traba concreta a las inversiones?
El hecho de que, hoy, haya un impedimento de tener acceso libre a las divisas es porque no hay suficiente ingreso de divisas en el país. Y, para que ingresen, se requiere restablecer confianza. Y estas son señales que van, por el momento, en ese camino.

¿Hay un cambio de aire para usted?
Las primeras señales, luego del resultado de las elecciones, la recuperación de la salud de la Presidenta y los cambios en el Ejecutivo, indican que, primero, concentró el poder económico en, al menos, un equipo. Sin juzgar la característica, al menos, hay un equipo y no tenemos satélites que toman decisiones que, muchas veces, no son consultadas. Eso, creo, es una buena señal.

El Jefe de Gabinete, también, muestra un cambio, con sus conferencias matutinas.
El sólo hecho de empezar con el pie derecho, desde el punto de vista de tener rondas o ruedas de prensa, para dar a conocer los actos de Gobierno, es una señal, al igual que empezar a convocar a los gobernadores, charlar, por lo menos, aun con los de la oposición. O ir al Congreso, por primera vez, son buenas señales. Obviamente, como a todos nos pasa en la vida, esperamos que los hechos confirmen las señales iniciales que estamos recibiendo.

¿Cuál es la realidad que atraviesa, hoy, el sector energético?
Hay otras firmas en el sector energético que están peor que Shell, como pueden ser aquellas que son concesionarias de servicios públicos, las transportadoras, distribuidoras de gas o transportadoras o distribuidoras de electricidad. De hecho, los precios relativos de los combustibles están más cerca de una paridad regional. Aunque, todavía, nos falta un buen trecho.  

Desde mi punto de vista, el ciclo de Moreno estaba cumplido. Juan José Aranguren

Sin embargo, los combustibles siguen aumentando. Ahora, otro 7,5 por ciento.
El aumento promedio que se dio en el mercado es del 6,53 por ciento. Hay algunos que subieron 6. Otros aumentaron 7,4. Pero, en promedio, el 6 y medio es lo que aumentó Shell y vemos que el resto del mercado se está acomodando. Normalmente, a muchos no les gusta. Pero Shell termina siendo líder porque, en función de su movimiento, el resto se acomoda y posiciona. YPF toma sus decisiones. El resto de las compañías toma sus decisiones. Obviamente, hacer algo por consenso está prohibido por la Ley y yo, por parte de Shell, doy fe de que no se hace. Hoy por hoy, existe una realidad en la Argentina: las reservas de petróleo y gas se agotaron y nadie que tenga un precio adecuado cometerá la locura de no invertir.

¿Por qué se da esa presión sobre los precios?
El petróleo se está agotando. Especialmente, el de la cuenca neuquina, que queremos restablecer a partir de la explotación de Vaca Muerta. Y, como es un producto que se está agotando, hay alta competencia entre aquellos que estamos interesados en el mismo para comprarlo. Y eso es lo que hace que suba el precio. Pero eso, se compra en dólares. Por lo tanto, luego, hay que traducirlo a pesos. Y ahí es cuando entra a jugar una política monetaria del Gobierno nacional que hace que la devaluación, en lo que va del año, haya aumentado en forma importante. Ahora, estamos en tasas que están superando el 40 por ciento, cuando las anualizamos. Lo que hace que, cada vez, tengamos que pagar más pesos por el petróleo crudo que compramos. Si yo no puedo trasladar ese incremento de la materia prima al surtidor, estaremos en rojo.

Entonces, ¿la incidencia de la política monetaria, ahora, de la mano de Juan Carlos Fábrega como presidente del Central, será, cada vez, mayor?
Sí, el futuro dependerá mucho de lo que ocurra con la política monetaria. Por ejemplo, desde el punto de vista de crudo, al país, le convendría importar petróleo crudo, en lugar de estar importando en forma separada gasoil y naftas. Y, por lo tanto, si el Gobierno central autoriza, podríamos hacerlo. Ahora, para poder pagar ese crudo, yo tengo que ir al Banco Central a comprar dólares con nuestros pesos para pagarle al proveedor del exterior. Por lo tanto, en función de cómo se den todas esas situaciones, podremos saber cuánto más tendrán que aumentar los combustibles en la Argentina. Esa es la realidad y eso es lo que espero, con estas nuevas autoridades, que podamos lograr entender. Porque, por otra parte, si el productor de petróleo local no recibe un incremento de precio que le permita hacer rentable su inversión, tampoco tendrá cómo poder frenar esta caída en la producción que existe en la Argentina.

¿El potencial de Vaca Muerta aparece como un alivio, en este sentido?
Hay muchas Vaca Muerta en China, en Ucrania, en Su-dáfrica, en Colombia. Y, si no hacemos atractivo a la nuestra, los capitales irán por otro lado.

¿Les interesa invertir en Vaca Muerta?
En realidad, todas las empresas que, hoy, exploramos en Vaca Muerta estamos, por el momento, justamente, en la etapa de exploración. Normalmente, las concesiones que otorgan las provincias tienen tres etapas, en las que se toman compromisos de hacer tantos pozos porque lo que se tiene que identificar es cuál es la calidad del recurso y cuál será la forma de explotación futura. Las tres áreas que tenemos tienen fecha de determinación de cada una de las etapas, distintas. Algunas estarán a principios de 2015. Otras, en el año 2016. Fin de 2014 y principios de 2015, una. Y otras que irán en 2015 y 2016. Cuando lleguemos a ese momento, con la información recogida de todo lo que es la explotación, la performance de los pozos, las micro sísmicas que haremos para ver cómo se comportan las fracturas, cómo se comporta la roca en cada uno de los lugares en que estamos, podremos definir la posibilidad de proseguir porque ya, ahí, el nivel de inversión deja de ser de US$ 103 millones. Pasa a ser de miles de millones.

¿Qué factores son clave para avanzar o no?
Uno es el geológico: que haya petróleo y gas. El otro es el tecnológico: que tengamos la tecnología de poder sacarlo a la superficie en forma económica. Otro es el capital, tanto financiero como humano, para que podamos hacerlo en forma óptima. Que el precio que remunere ese petróleo o ese gas sea el adecuado, para que la operación sea económicamente atractiva. Y el último: que, tal vez, es el más difícil de asegurar, que es el de la política. Política energética, que sepamos que, en los 35-45 años de ciclo de vida de esa exploración, tengamos, en promedio, la posibilidad de señales claras para invertir. Señales claras significa que no haya problemas para importar algún tipo de insumo, que tengamos la posibilidad de remitir un dividendo razonable. Y lograr una ganancia razonable. Esas cosas son las que, de aquí a allí, tenemos que ir viendo cómo se desarrollarán. Las señales de estos días están siendo medianamente atractivas, como reconocimiento de que, si no se dan y si no se hace atractivo para el capital, el capital tendrá límites para venir. Y creo que, hoy, de eso, la Argentina se está dando cuenta.

Ni más, ni menos. Palabra de CEO del año. Palabra de Aranguren.



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