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Negocios

Para qué le sirve a un ejecutivo ir a Singularity University

13 de Junio 2016

Singularity University logra ilusionar cada año a 5.000 emprendedores, líderes sociales, empresarios, ejecutivos y artistas de todo el mundo que aplican para lograr un lugar en su programa. Pero sólo 80 serán elegidos para cursar el GSP –Graduate Studies Program- que implica una oportunidad fascinante: la inmersión durante 10 semanas en una experiencia que expone, capacita y estimula a candidatos brillantes a conocer y usar las tecnologías exponenciales para resolver los más grandes desafíos que enfrenta la humanidad.

Allí, en el corazón de Silicon Valley, junto a la sede de Google y en un campus de la Nasa, SU permite a sus alumnos conocer y experimentar los últimos avances tecnológicos y los desafía a ser capaces de resolver los problemas más acuciantes que enfrenta el mundo como por ejemplo, la disponibilidad de comida y agua potable, energía, salud y educación para mil millones de personas. Lo que falta en esta ecuación lo aportarán los participantes: mentes brillantes, hacedores, entusiastas, líderes sociales, emprendedores, artistas y empresarios, que se ponen a trabajar para lograrlo.

Santiago Bilinkis, emprendedor e inversor, fue uno de los pioneros en cursar este programa en el 2010 y no duda cuando califica su paso por SU como la mejor decisión de su vida, aunque un “acto de arrojo”. Con compañeros de clase “de otro planeta”, Bilinkis pensó que se habían equivocado al admitirlo. Hoy, es uno de los principales encargados de brindar información acerca de la universidad a compatriotas interesados.

“No es una universidad acreditada, no otorga un título normal y no los requiere tampoco”, explica. Durante la primera mitad del programa se expone intensamente a los participantes a los contenidos más avanzados en ciencias y tecnologías -biotecnología, bioinformática, medicina, robótica, neurociencias, inteligencia artificial- a través de los mayores expertos del mundo, que explican las fronteras del conocimiento en sus áreas. En la segunda parte del programa se aplican estas tecnologías para llegar a soluciones prácticas que resuelvan problemas que afecten a mil millones de personas, desarrolladas por equipos de 3 a 5 personas.

“Menos del 25% de los participantes son estadounidenses; hay representantes de Sudán, Etiopía, Nigeria, Kenia, Jordania, Israel, India y China, entre otros países”. En un ambiente intelectualmente hiperestimulante, las actividades comienzan temprano y llegan hasta las 10 de la noche. Después de esa hora nadie parece tener en dormir, según cuentan quienes fueron: se forman grupos espontáneamente para realizar las actividades más diversas: brainstorming de ideas o proyectos, experimentos, juegos o charlas informales. A Bilinkis, SU le cambió la vida: comenzó una nueva etapa, se dedica a divulgar temas de ciencia y tecnología y hasta escribió un libro sobre el tema, “Pasaje al futuro”. “Sentí que mi responsabilidad era compartir con los argentinos estos temas”, dice. Y logró entusiasmar a varios.

El programa para los ejecutivos

Además de la opción para entrepreneurs, SU también dispone de un executive program -6 ediciones anuales de 5 días cada una- dirigido a líderes donde se tratan temas como inteligencia artificial y empleo, el nuevo mercado de trabajo, la automatización y cómo deberá ser el diseño de las ciudades ante la llegada de los autos autónomos, entre otras. El programa ofrece visitar a las empresas de Silicon Valley, sentarse en un auto autónomo o imprimir la propia estatua en 3D. Clases, workshops, debates, tiempo libre en el laboratorio y disponibilidad de impresoras 3D, robots, auriculares de realidad virtual, drones, cortadoras laser, escáneres 3d y software y herramientas para prototipar son las posibles actividades que cambian la perspectiva del futuro de los líderes que participan: CEOs, políticos y altos funcionarios, académicos y empresarios que pagan 14 mil dólares por la experiencia. Ignacio Peña, fue uno de los adelantados. Con background en estrategias corporativas en consultoras como Booz Allen o BCG, hizo el programa ejecutivo hace 3 años.

También para él, Singularity resultó impactante. “Te da la posibilidad de ver cómo se verá afectado tu negocio por las nuevas tecnologías y cómo participar de lo nuevo, sin vincularlo con un emprendimiento”, cuenta. “Se recibe mucha información, muy concentrada, pero es muy estimulante”, dice Peña quien advirtió que en Argentina no había conciencia de la magnitud de los cambios. A la vuelta, interesó en el tema al Gobierno de la Ciudad que redobló la apuesta y tuvo la iniciativa de organizar un viaje de 30 personas para conocer SU. “Así surgió la idea de convertir a BA en un polo de innovación, ser punta de lanza de la actividad emprendedora y de la economía creativa, desarrollando esta visión, poniendo un equipo en marcha”, cuenta Peña quien además de la actividad de difusión de esta visión, formó parte de grupos de inversores ángeles y lanzó Surfing Tsunamis, un nuevo emprendimiento para potenciar proyectos y acercar a líderes jóvenes nuevas capacidades.

La comunidad local de graduados de SU ha ido creciendo en estos años, a medida que se difundían las experiencias positivas de los alumni y hoy ya son casi 60 los argentinos que han pasado por sus aulas. Uno de los singulares argentinos es Javier Casas Rúa, socio de PwC  quien realizó el programa ejecutivo y lo califica como “intenso y en total sintonía con la necesidad de construir nuevos liderazgos para el siglo XXI y más allá”. Para él resulta imposible no sentirse comprometido a generar acciones consecuentes con la filosofía que los fundadores de SU, Diamandis y Kurzweil, presentan como encuadre general del programa: es posible alcanzar una nueva economía de la abundancia, resolviendo los grandes desafíos globales tales como medioambiente, energía, alimentación, agua, salud, educación, pobreza y desarrollo humano.

“Es posible estudiando, aplicando y sintetizando las tecnologías exponenciales en permanente evolución: computación infinita, robótica, inteligencia artificial, manufactura 3D, biología sintética, neurociencia, realidad virtual, exploración espacial, medicina exponencial y longevidad, los grandes temas que se estudian en el programa”, explica Casas Rúa, quien se sorprendió de la presencia de artistas que ilustraban los conceptos a la vez que se sucedían las exposiciones. “Cada pared de las salas de la universidad era intervenida con las obras. Una verdadera performance de arte, ideas, reflexiones, ciencia. Resultó muy inspirador y emocionante”, cuenta.

Terminado el programa la gran pregunta es qué hacer con estos conocimientos y desafíos. Casas Rúa se responde: “intentaré plantar algunas semillas de innovación en los procesos de negocio de PwC y continuaré mi reinvención personal generando espacios de creatividad que impacten socialmente en forma positiva”. El ejecutivo destaca el sentimiento de comunidad que crea la institución en quienes pasaron por allí: “compartimos un nivel de conciencia acerca de nuestra misión, nuestro propósito de transformación positiva de los grandes desafíos de la sociedad global”. Y les queda, a ellos, a los singulares, el desafío de demostrar que la abundancia es posible y que singularity está cada vez más cerca.

Nota publicada en la edición posgrados de la revista Apertura



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