“Miriam Quiroga:
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“Miriam Quiroga: "Mientras Kirchner estuvo vivo la contenía a Cristina, ahora está totalmente desatada”"

La ex secretaria privada de Néstor Kirchner, Miriam Quiroga, alcanzó visibilidad pública cuando apareció haciendo denuncias de lavado de dinero. Cuenta lo que vio en aquellos años y dispara: "“En el Gobierno me subestimaron mucho. Pensaron que era una negrita del Sur que iba a desparecer"”.

28 de Junio 2013




Miriam Quiroga fue directora del área de Documentación de la Presidencia durante el gobierno de Néstor Kirchner aunque, en los hechos, ejerció el rol de secretaria privada del expresidente. Tras forjar una estrecha relación con el santacruceño desde sus épocas de gobernador, se convirtió, por añadidura, en una testigo privilegiada del poder. En una testigo incómoda.

Quiroga acaba de lanzar al mercado editorial su libro "Mis años con Néstor y todo lo que ví" (Planeta), en el que además de revelar detalles íntimos de su relación con Kirchner, aporta un modo distinto de mirar el poder K, “como a través del ojo de una cerradura”. A Quiroga le sugirieron ingresar al Programa Nacional de Protección de Testigos, lo que implica arrancar de nuevo, dejar de ser quién y convertirse en otra persona. ¿La paradoja? El mismo Gobierno que denuncia, hoy le ofrece protección. De momento, está custodiada por la Policía Metropolitana, pero tiene miedo.

Al leer su libro, la primera sensación, por la cercanía que tuvieron usted y Kirchner, es que se reserva información. ¿Hay más para decir que lo que cuenta aquí?
La realidad es que nunca estuve dentro de ningún grupo que estuviera en algún negocio, sé que hubo gente que vendía entrevistas con el Presidente, secretarios... Pero como nunca entré en ningún círculo, molestaba. Todos me combatían.

¿Quiénes la combatían?
Oscar Parrilli (el secretario General de la Presidencia), todo el entorno de Kirchner, trataban de alejarme y poner a otras personas. De hecho, cuando muere Kirchner, lo primero que hacen es sacarme.

Relata que fue una decisión personal de Cristina que le comunica Parrilli.
Sí, fue una decisión de ella.

¿Por qué en ese momento y no antes? Digamos, si la motivación fueron los rumores de una supuesta relación íntima entre ustedes, éstos no eran nuevos...
Totalmente. En su primer mandato podría no haberme reconocido en la función y pasar yo a otra área. Sin embargo, seguía ahí. A veces pienso cuál era su juego. ¿Le convenía conformar a Kirchner de que yo siguiera ahí? Cuando muere, inmediatamente me piden la renuncia. Pero esto se sabía desde el inicio, desde Santa Cruz, ella tenía conocimiento de lo que se decía, podría haberme sacado antes. Muerto Kirchner quedé desprotegida.

¿Cómo era su rutina con Kirchner?
En los comienzos eran las reuniones que teníamos muy tempranito Alberto Fernández, Oscar Parrilli y yo, cada uno daba su parte, yo de lo mío, del encuentro con la gente, de las cartas, los requerimientos y ahí terminaba. A la noche regresaba y le hacía otro reporte. Él a veces me pedía una estadística de los pedidos y me decía llamá a tal, y yo comenzaba a hacer los llamados y los comunicaba con él.

¿Qué tipo de llamados? ¿Hacía también llamados a empresarios, por ejemplo?
De la gente común, los que escribían las cartas. Pero, sí, también había empresarios, políticos, funcionarios, diputados, todo llegaba ahí y yo se lo pasaba.

Miriam Quiroga
Protegida.
Miriam Quiroga brindó la entrevista en la redacción de El Cronista Comercial, acompañada por sus dos custodios de la Policía Metropolitana. 

De lo que pudo ver, constatar, a su juicio, ¿fue mucha la gente que se enriqueció al amparo de Néstor Kirchner?
Del entorno de trabajo, creo que la mayoría de los que estaban conmigo, por lo que he visto en los medios. Y luego algunos pocos empresarios porque se manejaban en círculos muy pequeños para poder ejercer un control. Los que yo siempre nombro: en el comienzo estaba Enrique Eskenazi, Lázaro Báez y Cristóbal López. A Báez no recuerdo haberlo visto en la Rosada, sus encuentros eran en Santa Cruz.

En el programa de Lanata contó de los bolsos que vio, apuntó al ex secretario privado de Kirchner, Daniel Muñoz, pero también precisó el derrotero de esos bolsos: de Gobierno a Olivos y de allí a Santa Cruz. ¿Era testigo también de los traslados?
Muchas veces yo también viajaba en el Tango 01 porque tenía mi familia allá. Siempre estuve muy cerca. Ahora puedo ver todo esto y darme cuenta. El bolso que pesé, que ví más veces, era un regalo que le hicieron a Kirchner. Pero tomé cuenta de esto cuando Muñoz me dijo que lo agarrara y lo pesara y me diera cuenta de cuánta plata había. La única oportunidad. Antes jamás imaginé qué podía ir en esos bolsos hasta que Daniel me dijo “hay mucha plata, muchos verdes”. Jamás abrí el bolso.

Mañana (por hoy) va a declarar en la causa judicial que se abrió a partir de su testimonio por el traslado de estos bolsos. Además de Muñoz y su esposa, Carolina Pochetti, se imputa ahora al gobernador de Santa Cruz Daniel Peralta. ¿Le sorprendió?
Sí. Lo veo como una maniobra política para sacarlo.

Describe a Kirchner como un hombre muy desconfiado. ¿En quién confiaba?
Creo que en él mismo. Muchas cosas no te las decía. Te decía lo que quería que trascendiera, y sabía quién se lo decía, pero los pasos que daba que tenían que ver con estrategias políticas eran muy reservados. Lo conversaría con Cristina, Zannini, por ahí. Nadie más.

¿Cómo era el trato entre Cristina y Néstor de lo que pudo observar esos años?
Muñoz era el que estaba permanentemente. Él ha presenciado muchas cosas, a mí me ha dicho muchas cosas. Pero la relación que ella narra no es tan así. Era una relación tirante, de enojos, políticamente eran un equipo, pero con muchas diferencias. Mientras Kirchner estuvo vivo, Cristina era una persona política desenvolviéndose porque él la contenía, pero una vez que muere Néstor, vemos una Cristina totalmente desatada, que hace lo que quiere, que está, inclusive, destruyendo muchas cosas que él construyó. Eso confunde a la sociedad, tiene que ver también con estos enriquecimientos ilícitos que vemos...



Convengamos que eso no es nuevo. Lo de los bolsos es la etapa de Kirchner.
Kirchner fue haciendo su tejido en la política y el dinero era algo muy importante para ir creciendo en poder. Por ahí esta obsesión tiene que ver con su niñez. Era una persona que amaba el dinero y lo necesitaba, creo que para sentirse bien y seguro.

¿Cuándo se abren las sospechas sobre el crecimiento de su fortuna personal, ¿cómo reaciona? ¿Estaba muy enojado?
Molesto, pero no loco. El poder da mucha impunidad. Yo puedo ver dos Kirchner: uno con una faceta humana muy marcada, que es de la que yo me enamoro de algún modo, este contacto con la gente, recuperar la familia... Pero también estaba el otro hombre que cada vez se iba endureciendo más, se iba haciendo más avaro... Esa era la otra cara de Kirchner.

El libro arranca contando que le ofrecieron ingresar al Programa de Protección de Testigos. ¿Quién le acerca esa propuesta?
Un funcionario de la Nación, Darío Díaz. Debo firmar un consentimiento. Para mí, un consentimiento de muerte. Te cambian el nombre, te llevan a vivir a un lugar donde nadie te conoce, te cambian tu aspecto. Este hombre apareció, muy correcto, pero le desconfié y le pregunté cómo es posible que pretendan que entre a un programa de Nación si hoy estoy siendo una testigo de alto riesgo en el país, como me dijo. Por mi exposición pública, por haber estado en el programa de Lanata. Él me dice que no reporta a nadie, pero el programa depende del Ministerio Justicia. Sacarme es borrar el nombre de Miriam Quiroga.

En el libro dice que ésa era justamente la idea cuando la echaron de Gobierno...
Me subestimaron mucho pensando que era una negrita del Sur, que iba a desaparecer. Todos me negaron ayuda. Todos tienen miedo de Cristina.

Le pregunté al inicio del reportaje si guardaba información que aún no contó...
Y sí, cosas... no puedo estar contando todo. Digo, hasta acá ví. A pesar de que estoy protegida siento temor por mi familia.

El libro es ambiguo sobre el carácter de su relación con Kirchner. ¿Era o no un vínculo sentimental el que los únía?
Era una relación de profundo afecto y mucha intimidad porque teníamos una relación muy cercana. Una campaña presidencial intensa, éramos apenas cuatro o cinco personas que trabajábamos y siempre estábamos juntos, y estar pendiente de él las 24 horas... Me enamoré de un hombre con una faceta humana muy fuerte, un hombre rebelde que quería transformar un país. Después me choqué con otra persona.


La edición original de este artículo se publicó por primera vez en el suplemento WE de El Cronista (28.06.2013)



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