Mike Mack, CEO de Syngenta: “Todos los gobiernos se fijan qué se importa y qué se exporta
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Mike Mack, CEO de Syngenta: “Todos los gobiernos se fijan qué se importa y qué se exporta"

El directivo explica por qué la Argentina le ganó de mano a Brasil y Uruguay para una inversión de $ 775 millones.

 

26 de Octubre 2012




La Inversión Extranjera Directa (IED) en la Argentina es hoy una práctica tan deseada y poco frecuente que todo capital hundido en suelo local adquiere una importancia doble. Más aún si esta inversión resulta de un concurso en el que el país compitió con –y se impuso– a mercados tan competitivos –por sus condiciones de estabilidad institucional y visión de largo plazo– como Brasil o Uruguay. Sin embargo, ese es el caso de Syngenta, multinacional con sede suiza. La empresa de insumos para el agro, especializada en protección de cultivos y semillas, acaba de anunciar una inyección de US$ 50 millones ($ 225 millones) destinada a la construcción de una nueva planta de 

semillas en Villa María, Córdoba. La instalación procesará y acondicionará semillas de maíz y girasol, principalmente, para el mercado interno, pero también para destinos en Paraguay y los Estados Unidos.

Syngenta
El nuevo centro de producción cordobés –el segundo tras la construcción de la planta en Venado Tuerto (Santa Fe) hace 18 meses– sumaría a los 670 que ya tiene Syngenta en el país unos 2000 empleos más, 350 de ellos, directos. A este aporte, la firma agregará una inversión adicional de $ 450 millones para impulsar las tareas de investigación y desarrollo en el país y otros $ 100 millones para la producción en general. La empresa facturó US$ 13.270 millones en todo el mundo en 2011, un 14 por ciento más que el año anterior. En una charla exclusiva con APERTURA, Mike Mack cuenta cuáles fueron los factores que inclinaron la balanza por la Argentina.

¿Cuál fue el disparador para esta inversión?

Una de las principales razones fue que necesitamos ampliar nuestra capacidad de producción. Como dice el viejo dicho: “Éxito genera éxito”. Y nuestras ventas en la Argentina reflejan justamente eso: un crecimiento muy importante, que, en cifras de 2001, fueron US$ 641 millones. Recuerde que hace unos años compramos la unidad de negocios de girasol de Monsanto y, hoy, todo nuestro negocio en la Argentina está creciendo de una manera tal que requiere más capacidad.

Para radicar la inversión también analizaron Brasil y Uruguay. ¿Qué los motivó a inclinarse por el mercado local?

Lo que movió la balanza a favor de la Argentina fue la necesidad de producción que vislumbraba el volumen de negocio de granos y girasol a futuro, lo cual generó una propuesta económica muy interesante. A eso se suma la excelente calidad de producción y cultivo que permite la Argentina…

¿Incluso más que en Brasil, por ejemplo?

Cada microclima tiene sus ventajas y es diferente. Más allá de eso, nosotros vemos nuestra capacidad como una red de producción en la cual no debe tener demasiada importancia dónde se genera. Con esto quiero desactivar esa eterna competencia de qué mercado –Brasil o la Argentina– es mejor. Si usted logra establecer la combinación justa entre una escala interesante, la presencia de productores de alta calidad y producción de igual nivel, lo mejor es apuntar al mercado doméstico. O sea, no siempre mayor tamaño significa mejor calidad de negocio.

Desde fines de 2011, las restricciones comerciales se agudizaron. ¿Cuánto influyó eso en la decisión de establecer la nueva planta en el país?

La situación importación / exportación no es tan diferente a lo que sucede en otras partes del mundo. Alcanza con estudiar mercados como Rusia, India o Vietnam, donde también estamos. Todos los gobiernos suelen fijarse muy bien en qué es lo que entra y qué es lo que sale. La decisión de radicar la nueva planta respondió únicamente a la oportunidad de calidad que nos permitirá generar aquí.

El país se disputa hoy con Venezuela el primer puesto en el mundo como la economía con mayor tasa de inflación. ¿Cuánto les preocupa y cómo reaccionan ante ello?

Obviamente tiene su impacto. Tenemos costos crecientes y ese es un factor a tener muy en cuenta. Pero un elemento que se contrapone a ello es la realidad de que nuestro negocio en la Argentina crece cada vez más. Además, no se olvide que su país es uno de los más importantes en el mundo en cuanto a fuente de alimentación y garantía alimenticia. Y siendo la mayor compañía del mundo en insumos para el agro, cómo no podemos estar en la Argentina. Resumiendo, se trata de aprender a administrar lo mejor posible los costos y ver cómo se saca rédito.

Uno de sus CFOs admitió que la inflación de los mercados emergentes tiene su impacto en los precios. ¿Cómo impactará la inflación local en esa ecuación?

La nuestra es una industria muy competitiva. Syngenta no tiene el poder de fijar precios de forma independiente. Allí donde podamos incrementar precios y donde los productores sean capaces de desactivarlos al mejorar su ingreso por exportar bienes con precio en aumento –como es el caso de la soja– quizás lo podamos hacer. Lo que sería perjudicial es que los precios de commodities agrícolas en el mercado global cayeran mientras que los costos del mercado argentino crecen. Eso, obviamente, generaría una reducción de los márgenes a nivel de los productores y terminaría contrayendo el negocio. Por suerte, no es el caso. Si, en algún momento, lo fuera, habría que reevaluar. Significaría que las cosas se pondrían un poco más difíciles y habría que ver cómo se pasa ese momento. Siempre se trata de reevaluar y saber reacomodarse.

¿Cuáles son sus expectativas para este semestre y para el año en general?

Muy positivas. Fíjese que en 2011, el 49 por ciento de nuestros ingresos se generaron en mercados emergentes del Hemisferio Sur. Para este año, esperamos aumentar ese porcentaje hasta un 51 por ciento. Pero, hay que recordar que la madre naturaleza juega una parte más que importante en nuestro negocio. Se ve en los problemas que tienen hoy los productores estadounidenses. Para los productos en regiones como el sur de América latina eso es tanto una buena noticia como una no tan buena. La buena es que los precios de commodities crecen y se mantienen altos. El lado no tan bueno es que siempre que existe potencial para una crisis alimenticia, el efecto sobre el mercado no se hace esperar.

¿Percibe razones para pensar en ello?

Cuando uno de los mayores productores de granos vive una ola record de calor, ciertamente, esa posibilidad existe. Pero, como dije, es algo que no se puede anticipar.

Syngenta es conocida por estar alerta a posibles adquisiciones. ¿Cómo evalúan esa posibilidad para este semestre?

Tenemos un balance fuerte, un cash flow igualmente sólido y un interés muy grande en ampliar nuestro negocio. Si hay alguna posibilidad de realizar un M&A, iremos por ello sin pestañar. Pero sólo podremos comprar operaciones que realmente nos complementan. El negocio en el que estamos interesados es el de semillas. Quedan aún muchas pequeñas empresas que no cuentan con la tecnología necesaria pero que tienen una calidad y una base de clientes muy interesante.

¿Qué planean en cuanto a inversiones para el próximo año, en términos de hemisferio?

Será en lo que hoy denominamos como mercados emergentes y a lo que a mí me gusta llamar mercados progresivos. Con eso, me refiero a aquellos países –entre ellos la Argentina– que, en términos de agrobusiness, están ávidos de hacer crecer su sector agrícola para ocupar un nivel más importante en el escenario mundial. Ahí concentraremos la atención.

Entre Asia y América latina, ¿quién se llevaría el mayor interés en ese sentido?

Hoy América latina es una región muy progresiva pero con una estrategia más exportadora. Pero Asia es igual de importante. No obstante, en América latina hay mucho lugar para crecer en nivel de productividad. Hay muchos y grandes productores y, además, existe una infraestructura instalada para crecer en exportaciones. En Asia, en cambio, los centros productivos son más pequeños y están en zonas más remotas.

¿Cuánto le preocupa la desaceleración que vive la economía internacional?

Para nosotros, la situación actual significa invertir, principalmente, en nosotros mismos. Además, las personas en todo el mundo tienen que comer. Y muchas de las cosas que estamos desarrollando hoy, no llegarán al mercado antes de 2024.

¿Se pueden dar el lujo de esperar?

No. Lo que quiero decir es que tenemos la responsabilidad de ser capaces de ver más allá de la economía actual. Debemos seguir invirtiendo para estar preparados cuando llegue el mercado. Y eso pasará, puede estar seguro. 



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