Los street food trucks, la comida itinerante que llegó a Nueva York

A través de las redes sociales, este modelo de negocio gana terreno en el mercado gastronómico estadounidense. Las distintas propuestas culinarias.

Por Camila Fronzo 04 de Mayo 2011




Platos ricos, accesibles y prácticos para llevar a las casas u oficinas. Partiendo de este concepto, un nuevo modelo de negocios ganó popularidad en los Estados Unidos. Se trata de los street food trucks: restaurantes móviles que recorren las calles y ofrecen su menú en distintos puntos de la ciudad. Nunca están en un mismo lugar: habrá que seguirlos por Twitter para rastrearlos. Hoy, este fenómeno continúa creciendo gracias al impulso que le proveen las redes sociales, su herramienta de marketing más efectiva. A través de Facebook y Twitter, los street food trucks anuncian los platos del día y el horario en el que circularán por las rutas elegidas. Si quedaron atrapados en el tráfico, un tweet será suficiente para avisar a sus clientes que llegarán con demora. Además, su página web incluye un calendario con los puntos geográficos en donde estará estacionada la cocina durante toda la semana.

Cada food truck es famoso por el tipo de cocina que lo define. Mientras algunos se especializan en las variantes de fast food –pizza, tacos, hamburguesas y hot dogs–, otros ofrecen platos más sofisticados, con mariscos, ratatouille o quesos europeos. Para la hora del desayuno, el postre o el five o’ clock tea, las propuestas dulces abarcan desde helados artesanales hasta waffles, cupcakes y soufflés. Además, la mayoría organiza eventos y catering para empresas y particulares. En Nueva York, “es imposible operar un food truck sin el permiso que otorga el Departamento de Salud del estado”, asegura Jerome Chang, dueño y fundador de Dessert Truck, un food truck de postres que circula en tierras neoyorquinas. El empresario sostiene que se trata de “licencias muy difíciles de conseguir”, y que caducan “después de dos años”.

Negocios nómades

Cuando terminó de estudiar Administración de Empresas en la New York University (NYU), Oleg Voss aceptó un trabajo en una firma de asesores financieros, en Austria. En enero de 2008, armó sus valijas y partió hacia Viena; sin embargo, el estallido de la crisis financiera mundial lo obligó a volver. Sin trabajo ni proyectos, Voss regresó a Nueva York. El economista –que había tomado algunos cursos de cocina– decidió combinar sus habilidades culinarias y comerciales y fundar su propia empresa. En julio de 2009, invirtió sus ahorros (US$ 100.000) y creó Schnitzel & Things, un restaurante móvil que ofrece las clásicas schnitzel o milanesas alemanas con un toque estadounidense.

“El movimiento food truck recién empezaba a tomar impulso y me pareció un concepto interesante para ofrecer schnitzel con un nuevo twist en Nueva York”, relata el emprendedor, que dirige el restaurante junto con su hermano. Convencido de que Twitter y Facebook fueron clave para dar a conocer su negocio, Voss afirma: “Además de facilitar la comunicación con los clientes, las redes ayudaron a que Schnitzel & Things fuera identificada por miles de personas”. Aunque la empresa mantiene el modelo móvil de cocina, los hermanos también apostaron a los ladrillos y abrieron, en marzo, su primer restaurante fijo. Otros modelos, en cambio, siguieron el procedimiento inverso. Fue el caso de Sam’s Chowder House, un restaurante de San Francisco famoso por sus mariscos. Sus dueños, Paul y Julie Shenkman, lanzaron la versión rodante de la empresa en junio de 2009.

Tras una inversión inicial de US$ 186.000, Sam’ s Chowder Mobile se convirtió en el primer food truck de mariscos en la zona. “El restaurante sobre ruedas nos permite llevar nuestros platos gourmet a distintos puntos de la ciudad: zonas residenciales, oficinas e, incluso, playas”, cuenta el matrimonio. Reconocido por su clásico fish n’ chips, el Sam’ s Chowder Mobile recorre ciudades del norte de California, desde Napa hasta Monterrey. Sus dueños establecen rutas de antemano y las divulgan a través de newsletters y redes sociales.

“Twitter tiene una influencia tremenda. Nos permite comunicarnos instantáneamente con nuestros clientes, decirles dónde estamos y presentarles el menú del día”, aseguran. Tras facturar US$ 650.000 en 2010, el matrimonio espera un crecimiento del 46 por ciento este año, con ingresos por US$ 950.000. Además, planea comprar una segunda cocina rodante. Otro establecimiento gastronómico que pasó del ladrillo a las ruedas fue el de Laurent Katgely.

El dueño y chef de Chez Spencer, un restaurante francés, estaba comiendo tacos en un food truck mexicano cuando notó que faltaban propuestas de cocina francesa en el mercado. No lo dudó y creó Spencer On The Go, la versión móvil de su restaurante. Cuando no está recorriendo las calles de San Francisco, estaciona su food truck enfrente de un bar. “Los clientes pueden disfrutar de la comida y acompañarla con una copa de vino”, explica Katgely. En 2010, sus ventas alcanzaron los US$ 150.000, y alrededor del 35 por ciento (US$ 52.500) fueron ganancias, asegura.

 



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