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Los desafíos de la vuelta, cómo es el otro lado de la expatriación

“Gran parte de la gente renuncia al poco tiempo de volver”, afirma Matías Ghidini. Por Cecilia Filas 15 de Septiembre 2015


Generalmente son personas entre los 30 y los 45 años, que ya alcanzaron un determinado en su carrera -posiciones de responsabilidad media para arriba- y de repente sus empresas les proponen mudarse al exterior. Pero, más allá del desafío de vivir en otro país, la expatriación tiene un lado B: la vuelta. ¿Por qué la mayoría terminan renunciado en el corto plazo?

“El tema de porqué se van es medular para encarar el proceso de expatriación” -explicó Matías Ghidini, general manager de la consultora Ghidini Rodil- “Hay gente que se va porque le gusta la aventura o porque quiere conocer otras culturas; porque en su plan para ser el número uno es un paso que si no lo dan quedan afuera; porque sienten que les va a servir para crecer profesionalmente; hay gente que se va escapando de alguna situación personal determinada; y hay gente que se va estrictamente por la plata”.

Pero aunque la persona haya podido adaptarse a su nuevo país (para Argentina los destinos más comunes son Estados Unidos debido al número de compañías internacionales con casa matriz allá y, dentro de la región, Uruguay y Chile, por cercanía geográfica) hay un factor fundamental que, en la mayoría de los casos, termina por definir el éxito o el fracaso del proceso: los afectos. “En la expatriación, más allá de entender las diferencias culturales y a dónde apunta la persona profesionalmente, creo que el rol que juegan los afectos es básico”, sostuvo Ghidini y agregó: “Para el argentino el vínculo con la familia es mucho más cercano que en otra culturas”. “Si la persona está casada, tiene pareja o tiene hijos ¿Qué va a hacer la pareja? ¿Cómo se van a adaptar los hijos? Tiene que estar muy en claro el por qué se hace para que el día de mañana eso no sea un pase de factura en la familia”, aconsejó Ghidini.

Entonces cuando la situación de los vínculos se vuelve “insostenible”, aparece en el plano el tema de la vuelta y ahí comienza, el otro costado – y tal vez menos conocido- de la expatriación. “Gran parte de la gente renuncia al poco tiempo de volver”, dice Ghidini. Uno de los problemas más comunes es la falta de oportunidades: “Si uno hizo una carrera medianamente buena, las posiciones en las que uno podría aspirar al volver son más acotadas porque no hay tantos lugares como para poder crecer, y que estén disponibles, menos todavía”. Por otra parte, muchas veces sucede que la persona “termina siendo un extranjero en el propio país” y deciden irse de su trabajo para radicarse en el lugar donde había sido expatriada. Otra opción es dedicarse a emprender nuevos desafíos: “La apuesta que algunos pueden hacer, es que después de muchos años de estar afuera, vuelvan y decidan encarar otros proyectos”, contó Ghidini.

Cómo preparar un aterrizaje suave. “Yo creo que la vuelta es más difícil de lo que muchos piensan, la gente deja el tema para adelante y no lo ve como una prioridad, pero creo que lo deberían empezar a planificar o, por lo menos, saber que no va a ser tan fácil” advirtió Ghidini. Para él, “En Argentina es difícil que uno termine ganando volviendo de una expatriación”, por eso saber resignar es una de las claves: “tenés que resignar nivel de compañía, status, dinero, y a veces es difícil”, explicó. Además, uno de los riesgos que corren los empleados con la expatriación es salir del centro de la escena, por eso Ghidini recomienda estar en buena comunicación con los jefes y el sector de Recursos Humanos, hacer visitas periódicas para tratar de no perder el contacto y que la vuelta sea algo bastante dialogado. Finalmente, la persona debe poner sus propios plazos, para que sea ella quien maneja su carrera y no la empresa.

“En el fondo es, al final del día, estando acá o estando allá dónde sos más feliz”, cerró Ghidini.



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