Las empresas y el desafío de la innovación
Negocios

Las empresas y el desafío de la innovación

Para las compañías, los desarrollos novedosos ya no son un secreto sino parte de un proceso colectivo. En una mesa redonda, cinco ejecutivos debaten qué significa y qué es lo que la desarrolla.

Por Juliana Monferrrán y Carla Quiroga 18 de Junio 2013




Ya no es el secreto mejor guardado. No existen laboratorios escondidos en edificios camuflados o científicos locos. Hoy, las grandes empresas aseguran que la innovación colaborativa es más fructífera y menos costosa. Así lo afirmaron Isela Costantini (GM), Ignacio Stegmann (3M), Juan Manuel Vaquer (DuPont), Pablo Orsei (Motorola Solutions) y Alejandro Díaz, CEO de la AmCham, la cámara de comercio argentino-estadounidense, y anfitrión del encuentro convocado por APERTURA, en la sede de la entidad, para debatir sobre la innovación y el desarrollo en la Argentina. Debatieron sobre el rol de la innovación dentro de las empresas, la Argentina como sede de innovación y su posición frente a otros países de América latina, y contaron sus proyectos e inversiones en el área.

¿Qué es innovar?
Isela Costantini: Hoy, innovar es una palabra que usamos en la misma proporción que se usó “competitividad” hace una década. Es la palabra de moda, no sólo de moda de lo que las empresas quieren, sino, también, de lo que las personas quieren para trabajar en una compañía. “Quiero trabajar en una empresa innovadora” y, muchas veces, no saben qué es una empresa innovadora. Además, hay mucha diferencia entre productos y procesos. Dentro de ambos es donde está la innovación. Sin embargo, siempre, tiene que haber un objetivo. Repensar la forma en que se están haciendo las cosas, sabiendo a lo que se llegará. Muchas veces, el consumidor espera por cosas que, realmente, no sabe. Tiene necesidades, expectativas. Pero no puede decir: “Este es el producto que quiero”.

Ignacio Stegmann: La innovación va más allá de un nuevo producto. Es clave para el crecimiento y la competitividad de cualquier empresa u organismo. Es la fuente del crecimiento. Es clave que se dé. Viene de cualquier área. Hay una parte cultural, que tiene que ver con lo que una compañía hace para promover la innovación, cómo se tratan los errores, el tiempo y la oportunidad que se les da a las personas de alcanzar sus objetivos de la manera más adecuada. Por eso, hay una combinación de procesos, elementos culturales y estrategias. Juntas, promueven un clima y un trabajo de innovación.

Juan Manuel Vaquer: Es hacer las cosas de una manera novedosa. Estos datos muestran lo crítico que es el tema. Hoy, en el planeta, somos 7000 millones de habitantes. En 20 años, seremos 9000 millones. Hay 1800 millones de personas de clase media. Dentro de 20 años, habrá 3000 millones más. Y, si seguimos haciendo las cosas igual, dentro de 30 años, el mundo necesitará consumir 50 por ciento más de energía. Si no hacemos cosas diferentes, no cierra. Por eso, el imperativo de la innovación, de hacer las cosas diferentes.

Entonces, hoy, ¿innovar y la sustentabilidad van de la mano?
Vaquer: No será sustentable si no hacemos las cosas diferente. Hacer las cosas diferente significa la necesidad de innovar.

Costantini: Pero, de nuevo, no es innovar porque se quiere hacer las cosas diferente. Requiere un desafío: repensar las cosas. Innovar termina siendo una consecuencia.

Alejandro Díaz: Se parte de los recursos escasos. Obliga a los desafíos. Costantini: Ahí está la visión de cada empresa de tener la visión anticipada de lo que está por venir y decir cómo tomará ventaja en ser la primera en empezar a trabajar en eso. Generalmente, cuando uno es el primero, no tiene nada armado: ni proveedores, ni cultura o apoyo de la propia empresa.

Pablo Orsei: Yo creo que es poder hacer las cosas distinto, mejor. La innovación está en muchos espacios, no sólo en la empresa. Las cuatro compañías que estamos sentadas acá nacieron de innovadores, de emprendedores que, desde luego, tenían ideas. La innovación lo que permite es ser líder. Y, para poder ser innovadores, se tienen que dar dos o tres condimentos: uno es creatividad y otro, actitud. Sin la gente, que es la que provoca la innovación, no se obtiene ese cambio que uno necesita. En la Argentina, somos muy creativos y existe mucho espacio para la innovación. Además, hay gente muy bien formada, con lo cual la materia prima para ser un país innovador está. El asunto es cómo crear el marco para que eso se dé. Si se tiene a la gente pensando en cómo hacer con su vida, si tiene otras prioridades, es difícil que sea creativa. Es decir, lo importante es ver cuáles son los disparadores que se colocan en las sociedades y en las empresas para que se produzca esa innovación. Ejemplo, uno quiere que una empresa crezca a un determinado ritmo en un año. Cada puesto de trabajo es como una pequeña PyME. Si ese empleado no lo piensa de esa forma, si no piensa que esa posición la tiene que llevar al próximo nivel, no se consigue la innovación, sino una persona que está en una posición confortable, sin provocar ninguna transformación. Por eso, la innovación, tanto en procesos, en producto o en gobernanza, se produce cuando uno tiene a una persona queriendo llegar al próximo nivel.

Mesa UNO
Debate.
La mesa redonda generó los distintos puntos de vista sobre innovación.

¿Hay ciclos en la historia en los que somos más innovadores?
Stegmann: Claramente, los momentos de cambio de ciclo, en cualquier aspecto, son los de mayor innovación, no sólo en cuanto a creatividad, sino, también, hay un adicional para que esa creatividad se pueda llevar a la práctica. En cualquier ciclo que entre en crisis, la innovación llevará a la siguiente etapa.

¿Estamos en uno de esos ciclos?
Costantini: El mercado es una variable que te hace más innovador. Pero depende de la etapa de cada empresa y líder.

¿La sustentabilidad es el factor común a todas las empresas?
Stegmann: Es algo que dispará y acelerará procesos de innovación claves en estas áreas. Y la sustentabilidad medioambiental y social tendrá muchísimo impacto.

Costantinti: Depende mucho de la crisis. Un ejemplo: desde hace dos años, nuestra planta en Rosario es 100 por ciento libre de residuos. Todos los residuos se venden en forma de otros productos, o como humus. ¿Hubo crisis para ver cómo los desechamos? No. Fue una crisis nuestra, decir: “Somos una empresa responsable. Llegó el momento. Hay que hacerlo”.

Vaquer: No sé si hay ciclos. Pero estoy convencido de que existe una necesidad de acelerar los procesos de innovación. Hoy en día, para ser exitosas, competitivas, sustentables, las empresas buscan acelerar los procesos de innovación. Porque, también, se da una obsolencia más rápida de los productos.

Desde la práctica, ¿es un camino difícil?
Vaquer: Hay que lograr una cultura en la empresa para innovar la forma en que cada uno hace su trabajo. Y sí, los cambios culturales son procesos largos y complejos. Pero es importante generar una cultura menos jerárquica, más plana, para que la gente se anime a correr riesgos.

Orsei: Dentro de las empresas, siempre se buscan procesos y productos innovadores. Ser líder del mercado dispara el tener que ser innovador en producto, procesos, mecanismos. Después, hay otro condimento: cómo generar actitud en la gente. Todos los procesos innovadores salen de los objetivos que se pongan. Además, cada vez, somos más en el mundo. Cada vez, somos más competitivos. La innovación permite diferenciarse, hacer más con menos.

Stegmann: La innovación es una estrategia. No ocurre por generación espontánea. Entonces, hay que poner en el lugar una serie de elementos para que esto ocurra. Algunos son culturales. En 3M, tenemos una regla: cualquier persona puede tomar el 15 por ciento de su tiempo para llevar adelante un proyecto que considere que vale la pena y el supervisor no se lo puede matar. Nuestra cultura promueve que hay que convivir con el error. Existen otros elementos, no culturales. Hay estrategia y objetivos que ayudan mucho a generar innovación. Por ejemplo, tenemos una meta: el 40 por ciento de nuestras ventas deben ser generadas por productos lanzados en los últimos cinco años. A la vez, se mide la inversión en I+D. Por eso, digo que es una estrategia.

ORSEI IMAGEN QUE VA
Pablo Orsei dixit.
"Ser líder del mercado dispara el tener que ser innovador en producto, procesos, mecanismos".

¿Qué porcentaje de los ingresos invierte 3M en I+D? 
La compañía está cerca del 6 por ciento. Para una empresa industrial, es un número bien alto. Las compañías tecnológicas, con ciclos más cortos, están cerca del 12 por ciento.

¿Cómo ven a la Argentina con respecto al mundo y a la región?
Vaquer: Históricamente, la I+D se hacía en los Estados Unidos. Hoy en día, se descentraliza mucho más. Hay que estar más cerca de los mercados, mucho más cerca de las necesidades del cliente, que no son las mismas en mercados emergentes que en maduros, y generar una innovación ahí. La otra cosa es no innovar solos. Cada vez, creemos que es más eficiente la innovación colaborando. Incluso, acuñamos un término. En vez de hablar de laboratorios, hablamos de colaboratorios: se colabora con clientes, con proveedores... 

Antes, era el secreto mejor guardado...
Vaquer: Claro, es un cambio cultural. Por supuesto, hay secretos y propiedad intelectual. Pero se busca la colaboración. Por eso, volviendo a la pregunta, el rol de países que no están en el centro operativo aumenta. Nosotros generamos innovación en todos los países. Tenemos un centro de innovación para semillas en Pergamino, con 40 científicos argentinos, que hacen innovación completamente de punta, basándose en las necesidades propias de un mercado, por ejemplo, el local, donde hay que generar variedades que sean tolerantes a ciertas enfermedades. Esta cultura implica más inversiones. Hoy, se diseña un producto más taylor-made, más customizado.

Stegmann: Esta nueva cultura es mucho más fructífera. Por eso, es muy importante generar los espacios colaborativos.

Díaz: Siguiendo con la conectividad del mundo de la ciencia y los negocios, hay dos elementos en la Argentina que nos hacen particulares. Uno es quién hace la inversión. Si se analizan países desarrollados, el 70 por ciento las hace el sector privado y el 30, el público. En la Argentina, en los últimos tres años, fue al revés: 72 por ciento público y 28, privado. Si se ve del lado de la oportunidad, en inversión privada, aparecen dos elementos: la creación de un ambiente apropiado para invertir y la vinculación privado-público.

ISELA IMGAEN
Isela Costantini.  "La capacitación técnica y el conocimiento, la calificación de los argentinos, es reconocida".

¿Repaga este mercado tan chico y con costos en aumento?
Stegmann: Creo que lo más eficiente, o el mejor lugar para enfocarse, es donde podemos innovar para el mundo. Por eso, coincido en los sectores. Pienso que hay que focalizarse, que no puede innovar en todo. Hay que elegir dónde uno tiene más chances de tener éxito. Es más fácil tener éxito en sectores como agro, alimentos y siderurgia. En sectores en los cuales la Argentina tiene un peso específico importante.

Costantini: Una cosa es la Argentina y otra, los argentinos. La capacitación técnica y el conocimiento, la calificación de los argentinos, es reconocida. Hoy, se ven grandes centro de innovación y desarrollo de tecnología en Europa, en los Estados Unidos y uno encontrará argentinos. Creo que no es sólo un tema de educación. El argentino es de cuestionarse y eso lleva a la innovación. El porqué, porque es parte de la cultura de innovación. Quizá, no encuentre el centro de desarrollo en la Argentina. Pero sí argentinos en muchos lugares.

Orsei: ¿Cómo está la Argentina en el sector de la tecnología? Nosotros estuvimos muy involucrados en el desarrollo de la industria del software en el país. De hecho, en 2001, abrimos un centro de software en Córdoba. Y, atrás de eso, vino la ley específica del sector y, después, las exportaciones. Cuando uno piensa en un mercado que desarrolla aplicaciones, debe hacerlo a nivel mundial, para que la aplicación, que debe estar patentada, la puedan usar los 7000 o 6500 usuarios En ese marco, se puede generar la proliferación de emprendedores que desarrollan. El tema es cuándo competirán a nivel mundial. Lo que está pasando en los últimos años es que las barreras de entrada a ese desarrollo de software son muy bajas. Entonces, otros países latinoamericanos vieron esa veta y están desarrollando fuertemente. Hoy, hay que competir con toda América latina, que está comprando tecnología y desarrollándola. Muchas empresas grandes, con presencia en varios países de América latina, a veces, tienen desarrolladores argentinos y, otras veces, no. La tendencia es que no porque es muy caro. Entonces, uno tiene la forma de poner el marco. Se toma una industria y se le puede poner el marco para empujarla o para no empujarla. La materia prima, en la Argentina, está. La industria del software está creada, está desarrollada, y hay un pequeño marco. De hecho, la industria exportaba menos de US$ 100 millones en 2001 y, hoy, vende al mundo más de US$ 600 millones. Todavía, queda empujar un poco más. 



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas