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Negocios

La vida en el 0800: trabajé en cuatro call centers y así es estar detrás de los llamados

Por Jimena Crapanzano 27 de Octubre 2016

¿A qué te dedicas? ¿Dónde trabajás? Son preguntas frecuentes en la vida cotidiana y que de cierta forma hablan un poco de nosotros mismos, de lo que somos en el plano laboral.

Hoy por hoy, trabajar en un call center quizás sea uno de los empleos más recurrentes y de mayor facilidad de ingreso. Esto se debe a las múltiples demandas de las empresas por contar con el personal necesario para brindar mejor atención al cliente u ofrecer sus servicios.

El trabajo detrás de un box, una computadora, una vincha y de infinidades de llamados no es tan sencillo como suele creerse. Los conocidos telemarketer, esos que suelen llamar varias veces al día -quizás alguna vez te llamé- y que incluso muchas personas ni siquiera quieren atender, tienen que convivir con múltiples factores.

¿Cómo es trabajar en un call center? Pasé por cuatro de ellos haciendo tareas de telemarketing y me permite afirmar que las presiones por las que uno pasa en esos espacios de trabajo terminan por provocar un estado de enajenamiento en los sujetos. Aquellos que nos dedicamos a la venta de productos no somos más que un número dentro de las empresas. Frases como, “si hoy no vendes $ 600 en seguros no sos nadie” son comunes y recurrentes en los pasillos.

Un día de call center comienza con la presión antes de cruzar la puerta. Los jefes sentados en una especie de atril por encima de nuestros boxes te observan desde el inicio de los pasillos. Los supervisores convertidos en los súper héroes de la venta no saben ni siquiera cómo se usan los sistemas, o de qué se tratan los productos que ofrecemos. Esto sería tu vida aislada dentro de un box. Sos vos, tu box y nadie más. 

Muchas veces los teléfonos no funcionan correctamente, pero aún así desde lo lejos escuchás una vos que te grita "¡Vamos, sigan probando!", "¡Vendan a cualquier persona!", mientras vos los mirás con rabia porque las líneas no andan pero tenés que vender igual.

Una vez, llamando a un cliente para vender cuentas, tarjetas, seguros y demás, supervisor me pinchó el llamado y empezó a gritarme que siga vendiendo. La venta ya estaba hecha. Pero claro, el afán de vender nunca se termina. Son esos momentos donde te dan ganas de tirar la vincha y salir corriendo. 

Una vez que llegás al objetivo de ventas del día el alivio que se siente en inexplicable. Pero cuando no llegaste... ¡Dios, qué sensación horrible! Te vas del lugar queriendo que nadie te vea porque vos mismo sabés, y ellos también lo saben, que no cumpliste con tu trabajo, por más que te hayas esforzado durante esas eternas seis horas haciendo un llamado detrás de otro. Eso no vale, no tiene recompensa alguna. 

Y ni hablar cuando llegás a tu casa, si suena el teléfono, no querés ni atenderlo. Suficiente con hacer los 100 llamados por día. Incluso, si recibís una llamada de algún colega, llegás a sentir compasión, dejás que termine de hablar y le agradecés cordialmente por haber llamado. Todo lo contrario a lo que normalmente suele hacer las demás personas que nunca pasaron por un call center. 

Se supone que uno debe estar preparado para hacer esas tareas, atender al cliente o vender servicios. Pero resulta que con el paso del tiempo uno se termina tornando en una especie de computadora que repite lo que la empresa quiere. Porque eso es lo que sos, la voz detrás del teléfono que representa a una importante empresa o una reconocida marca. Somos los empleados que alguna vez pasamos detrás del 0800.



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