La industria vitivinícola argentina pierde mercados por falta de competitividad
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La industria vitivinícola argentina pierde mercados por falta de competitividad

En 2013, las exportaciones de las bodegas argentinas cayeron un 15,3 por ciento, en volúmenes, con categorías que se desplomaron en más del 30. Qué planean hacer las principales empresas.

Por Camila Fronzo 31 de Marzo 2014

 


Todos los días, los cruceros de la compañía finlandesa Viking Line zarpan desde Helsinki hacia Suecia y Estonia. En sus travesías por el mar Báltico, los barcos despliegan una oferta gastronómica de “más de 70 etiquetas de vino cuidadosamente seleccionadas”, según se lee en su menú online.

El año pasado, una bodega patagónica desapareció de la exclusiva carta. “Perdimos ese mercado”, se lamenta Julio Viola, presidente y propietario, junto con Eduardo Eurnekian, de Bodega del Fin del Mundo. Por primera vez desde su puesta en marcha (abril de 2003), la empresa redujo la producción un 10 por ciento, a 9 millones de botellas (crecía 20 a 30 por ciento anual). “Se complicó exportar a Holanda, Alemania, Dinamarca y Suecia. Dejamos una mínima presencia en esos países pero, una vez que se abandona, otro ocupa el lugar en la góndola”.

La foto del sector es poco alentadora. En 2013, las exportaciones de todos los productos vitivinícolas (vino en botella, tetra-brik, granel, espumante y mosto) cerraron en rojo. En volumen, cayeron 15,3 por ciento interanual, con categorías que se desplomaron hasta 31,6 por ciento, informa Caucasia Wine Thinking. La película es más cruda: el país exportó 400,4 millones de litros el año pasado, casi un tercio menos que en 2008.

copa de vino tinto

En rojo. Las exportaciones argentinas de todos los productos vitivinícolas en 2013 fueron un casi un tercio menores a las registradas por el sector en 2008. Crédito: Bloomberg.

Las causas del descenso no son nuevas. Desde 2010, la actividad pierde competitividad por un tipo de cambio atrasado y costos que, en algunos insumos, crecieron hasta 31 por ciento anual. Ese combo de factores, que se agudizó en 2013, arrastró la rentabilidad del sector del 22 por ciento, en 2006, al 6 por ciento, coinciden fuentes del negocio.

Por el contrario, el mundo demandó más vino. Entre 2008 y 2012, el consumo global creció 3,23 por ciento, a 2663 millones de cajas de 9 litros, que equivalen a unas 31.956 millones de botellas (4,6 envases de 750 mililitros por cada habitante del planeta). Hasta 2017, se espera que el consumo crezca otro 4,97 por ciento, de acuerdo con un estudio realizado por Vinexpo e International Wine and Spirit Research (IWSR).

Con un mercado interno que, en los últimos 10 años, redujo un 25 por ciento la ingesta per cápita anual de vino –de 33 litros, en 2003, a 24,3 litros, el año pasado, informa abeceb.com–, el mundo es el destino más atractivo para las bodegas argentinas. Es la estrategia que diseñaron Italia, España y Francia, cuyo consumo interno se derrumbó entre 6 y 18 por ciento en los últimos seis años y, ahora, se vuelcan a la exportación. Sobre todo, en el rubro más competitivo, que es por debajo de los US$ 10 (precio retail) por botella. Significa el 90,4 por ciento del consumo mundial de vino, según IWSR.

Pero la Argentina ya no es competitiva en ese segmento, que se exporta a unos US$ 30 la caja (valor FOB). De hecho, sus despachos externos en esa franja cayeron 40,9 por ciento, según Caucasia. El país apuesta, en cambio, a los segmentos medios y altos. Si bien la aceleración de la devaluación devolvió algo de competitividad, los players advierten que la última palabra la tendrá la inflación, que sigue al galope: 27,5 por ciento en 2013, según abeceb.com. Por lo pronto, a fines de enero, las cámaras del sector anunciaron que presentarán un reclamo ante la Secretaría de Comercio, debido a insumos que aumentaron entre 15 y 30 por ciento. La mayoría, de producción nacional.

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En alza. Entre 2008 y 2012, el consumo global de vino creció 3,23 por ciento, a 2663 millones de cajas de 9 litros, según un estudio realizado por Vinexpo e International Wine and Spirit Research (IWSR). Crédito: Archivo Apertura.

Balance tinto
Hay unas 1200 bodegas, de las cuales 300 exportan a 110 mercados, según Wines of Argentina, que nuclea a 220 de ellas. Hace cinco años, las principales variables de exportación vitivinícola figuraban azules en el informe anual que realiza Caucasia. Crecía la facturación (al 29,2 por ciento) y el volumen de envíos (al 11,8). La tendencia empezó a revertirse en 2011. Y, el año pasado, viró al rojo: ingresos 5,4 por ciento abajo y caída interanual del 15,3 por ciento, en litros exportados.

La categoría “vino en botella” representa el 44,5 por ciento del volumen. Sus ventas fueron negativas en 2011 (-3,2 por ciento), 2012 (-2,8) y 2013 (-2,1). Lejos del alza, del 15,6 por ciento, cosechado en 2008. El año pasado, 10 países concentraron el 77 por ciento de esas compras. En siete, las exportaciones cayeron hasta 10,9 por ciento interanual.

Juan José Canay, presidente de Bodegas de Argentina, suma un dato. De los 20 mercados a donde más vende la Argentina, el volumen cayó en 15. “Se creció sólo en los Estados Unidos, Alemania, Rusia, Irlanda y México”, enumera. La entidad engloba a 250 asociados.

Atrás quedaron los niveles de crecimiento de doble dígito, tanto en valor como en volumen. “Hace tres años que, como país, no logramos superar los US$ 1000 millones en exportaciones de vino (sin incluir mosto). Por la suba de costos de insumos secos (botellas de vidrio, corchos, cajas de cartón, etiquetas y cápsulas) y fletes, en un mercado mundial donde la posibilidad de subir los precios es muy baja, las bodegas locales perdieron muchos mercados en los productos que se venden por debajo de los US$ 26 la caja (FOB)”, sintetiza Martín Ramos, CEO de Grupo Peñaflor, principal exportador vitivinícola del país. “No es porque no haya demanda para los vinos argentinos en esos puntos de precio, sino porque exportar, con la suba de costos en dólares de los últimos tres años, era hacerlo absolutamente a pérdida”, añade. Peñaflor tiene las bodegas Trapiche, Finca Las Moras, El Esteco, Santa Ana y La Rosa, entre otras. En exportaciones de vinos fraccionados y espumantes, ostenta un share de 15,4 por ciento, en valor, y 20,1 por ciento, en volumen, según datos del sector. El año pasado, facturó US$ 486 millones. Generó US$ 185 millones en sus 95 mercados offshore. En 2002, fueron US$ 20 millones, en 20 países. Este año, prevé superar los US$ 200 millones.

Martín Ramos Grupo Peñaflor

Dixit. "Por la suba de costos de insumos secos, las bodegas locales perdieron muchos mercados en los productos que se venden por debajo de los US$ 26 la caja (FOB)”, explica Martín Ramos, CEO de Grupo Peñaflor.

Segunda en el ranking de exportaciones está Catena Zapata, dueña de Álamos, la etiqueta argentina de vino más vendida en el mundo. Si bien aumentó sus despachos un 16 por ciento, Gastón Pérez Izquierdo, CEO de la firma, señala los issues que complicaron la operación. “Se acentuó el atraso cambiario y continuó el incremento en los costos. Nada fue mejor que en 2012”, resume. La bodega, que exporta el 65 por ciento de su producción, facturó $ 700 millones en 2013.

“No podemos llegar a determinados segmentos. Al aumentar los costos, tuvimos menos posibilidades de impulsar las ventas”, evalúa José Alberto Zuccardi, director de Bodega Familia Zuccardi, la tercera en exportaciones. El año pasado, sus envíos cayeron 5 por ciento (destina el 55 por ciento de su producción a 50 países). “Desde principio de década, el sector crecía 15 por ciento, en promedio, en vino en botella. Se detuvo hace tres años”, observa. La firma, que agrupa a las bodegas Santa Julia y Zuccardi, embolsó $ 450 millones durante 2013.

Gastón Perez Izquierdo Catena Zapata

Textual. “Desde principio de década, el sector crecía 15 por ciento, en promedio, en vino en botella. Se detuvo hace tres años”, asegura Gastón Pérez Izquierdo, CEO de Catena Zapata.

Norton es, por volumen, la quinta bodega que más exporta, detrás de Trivento. En 2006 y 2007, vendía la mitad de su producción en el exterior. Hoy, sólo el 38 por ciento. “Lo ideal sería volver al 50/50”, añora Luis Steindl, COO de la firma y vicepresidente de Bodegas de Argentina. Sacrificando márgenes, dice, las exportaciones crecieron 11 por ciento el año pasado, en volumen, y 8,6, en facturación. Norton cerró 2013 con ingresos por $ 351 millones. Planea crecer 18 por ciento, a $ 416 millones, este año.

Luigi Bosca también redujo la porción exportada. Hace dos años, enviaba al exterior seis de cada 10 botellas. En 2013, exportó el 50 por ciento. “Por el aumento de costos de producción, el año fue malo en márgenes”, explica Alberto Arizu (h), director Comercial de la bodega y presidente de Wines of Argentina. La empresa elaboró 350.000 cajas de 12 botellas de Finca La Linda y 250.000 de Luigi Bosca (sus dos marcas), entre vinos tranquilos y espumantes. Exporta a 60 países.

Alberto Arizu Luigi Bosca

Dixit. "Por el aumento de costos de producción, el año fue malo en márgenes”, explica Alberto Arizu (h), director Comercial de Luigi Bosca.

A tono con los players más grandes, el año pasado, Casa Montes despachó un volumen 60 por ciento menor y exportó sólo 20.000 cajas de 12 botellas. La bodega sanjuanina, que, en 2004, vendía en el exterior la mitad de su producción, hoy, envía el 20 por ciento. Unos US$ 800.000, contra una facturación de $ 35 millones en el mercado doméstico, indica Carlos Pujador, gerente General. Estima aumentar sus ingresos entre 15 y 20 puntos.

“El motor de crecimiento de exportaciones es el segmento de los US$ 30 la caja (FOB), que se vende hasta US$ 10 (precio retail) en los Estados Unidos. Ese nivel de vinos, para la Argentina, tiene margen cero o negativo. El país se pierde de vender en el segmento más grueso del mercado”, explica Arizu.

El año pasado, las ventas al exterior de vino en botella, de hasta US$ 29 la caja de 9 litros (FOB), cayeron, en volumen, 40,9 por ciento, según Caucasia. “Antes, la vitivinicultura podía competir desde US$ 20 para arriba”, compara Zuccardi. “Se acotan los mercados”, añade.

José Zuccardi Bodega Familia Zuccardi

Textual. "Antes, la vitivinicultura podía competir desde US$ 20 para arriba. Hoy se acotan los mercados”, apunta José Zuccardi, director de Bodega Familia Zuccardi.

Al reducir las ventas en esa categoría, las bodegas apuntaron a los segmentos de precios medios y altos: el año pasado, los vinos de US$ 29 a US$ 40 la caja de 9 litros (FOB) crecieron 14,5 por ciento, de acuerdo con Caucasia. “El sector vende vinos más caros. Pero pierde la oportunidad de jugar en el primer precio, donde la demanda es mayor”, indica Canay. Pujador coincide: “Si se pierden los entry level, donde están los productos de menor precio y mayor volumen, el negocio se reduce”.

Hace 10 años, Nieto Senetiner exportaba vinos a US$ 8 la caja de 12 botellas. “Hoy, es imposible. El promedio de precio aumentó hasta arriba de los US$ 40 la caja de 12”, dice Federico Ruiz, Brand ambassador de la bodega, que pertenece a Molinos. “Que el vino sea más caro no quiere decir que uno gane más dinero porque es un producto que requiere de mayor inversión”, indica Viola, de Bodega del Fin del Mundo. Los números le dan la razón: la facturación de vinos en botella creció 0,3 por ciento en 2013. En 2008, lo había hecho 26,6 por ciento.

Penas compartidas
En el país, el grueso de la mercadería vitivinícola se transporta por vía terrestre. “Los costos logísticos crecieron 26 por ciento en 2013. Pero venían de varios años con alzas por encima del 25”, señala Horacio Lazarte, analista Sectorial de abeceb.com. “El flete desde Mendoza a Capital es más caro que el del puerto de Buenos Aires a Rotterdam (Holanda)”, grafica Steindl, de Norton. Transportar una caja de 9 litros en el país cuesta US$ 2, contra US$ 1,60/1,50 que vale el envío a Europa o los Estados Unidos, coinciden en el sector.

Por otro lado, casi el 60 por ciento de los costos de una bodega es mano de obra (explotación de fincas, elaboración, fraccionamiento y demás procesos productivos). Desde 2010, los sindicatos de la industria firmaron paritarias que acumulan un 90 por ciento de aumento salarial. Este año, la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas de Argentina (Foeva), uno de los principales gremios del sector, prevé negociar con un piso del 30. Los salarios brutos, hoy, rondan los $ 4000, para un obrero de viña, y los $ 3900, para uno de bodega.

Otra herida es el aumento de precios en los insumos secos (botellas de vidrio, corchos, barricas, entre otros). El año pasado, los aranceles de importación de corcho aglomerado –el más utilizado en el nivel medio de vino– pasaron del 12 al 35 por ciento. Las duelas (tablas que conforman la cuba) treparon del 12 al 30 por ciento, señala Steindl. Además, los importadores de barricas, levaduras y maquinaria, que no exportan nada a cambio, tienen que pagar entre 5 y 15 por ciento por un crédito que les cede una empresa que sí exporta para compensar sus balanzas comerciales. “Eso representa un costo mayor al importador, quien termina agregándolo al precio”, explica Steindl.

Hubo bodegas que, al no poder importar insumos, suspendieron proyectos. En septiembre, Bodega del Fin del Mundo presentó Clos del Fin del Mundo, una especie de country club vitivinícola, donde un inversor podía adquirir hasta 3 hectáreas de viñedo, por US$ 350.000, y comercializar su producto bajo el paraguas de la etiqueta. “Lo tuvimos que frenar. Todos los materiales necesarios para plantar una viña eran importados. Nadie puede garantizar que se vayan a entregar en una determinada fecha y, en agricultura, los deadlines son muy estrictos”, cuenta Viola. El proyecto había insumido US$ 10 millones.

Por otro lado, las bodegas tienen que pagar una retención del 5 por ciento al momento de embarcar su mercadería. Si bien el monto se reintegra, el cobro puede tardar entre seis y 12 meses. “Lo consideramos un costo porque, básicamente, no lo estamos cobrando. Perdemos otro 5 por ciento que abonamos de contado”, señala Pujador, de Casa Montes. Norton llegó a tener US$ 5 millones pendientes de cobro, comparte Steindl. “Se genera una pérdida importante, que impacta directamente en la rentabilidad”, sintetiza Arizu, de Luigi Bosca.

Crecen, también, los costos de seguridad. En los últimos dos meses de 2013, una bodega registró 15 camiones robados. “Si instalo un GPS en el camión, me roban el acoplado. Tengo que poner un GPS dentro de cada caja. Es una inversión en seguridad muy grande”, se preocupa un player, con el grabador en off.

Ramiro Otaño Moet Hennessy con transparenciaSustitución de exportaciones
La mayoría de las bodegas no pudo trasladar el mix de costos al precio final. Subieron entre 12 y 20 por ciento en el mercado interno pero, en el externo, no pudieron hacerlo más del 5.
“Entre 2006 y 2007, la rentabilidad promedio en la Argentina para exportar era del 22 por ciento. Hoy, ronda el 6. En el mundo, es del 11”, dice Arizu. “Cuando el país devaluaba 5 por ciento y tenía una inflación del 25, se perdieron hasta 20 puntos de rentabilidad”, agrega Ramiro Otaño, director General de Moët Hennessy Argentina (Chandon, Dom Pérignon y Terrazas, entre otras). La filial del grupo francés produce 40 millones de botellas y exporta el 10/15 por ciento.

En el sector, el fallo es unánime: el vino argentino sigue siendo demandado. Sobre todo, el malbec, que, en volumen, es el 45,4 por ciento de las exportaciones de vino en botella, según Caucasia. “Todos quieren hacer negocios con la Argentina. Pero no estamos muy activos porque perdemos dinero. Si el mercado no encuentra respuestas, irá a buscarlas en otros productos”, advierte Arizu.

Ocupan esa vacante los vinos chilenos, australianos, españoles y sudafricanos. Las exportaciones de Chile crecieron 27,2 por ciento entre 2008 y 2012. En ese período, la Argentina redujo sus envíos un 12,1 por ciento, según Vinexpo/The IWSR. El país trasandino tiene acuerdos comerciales con los Estados Unidos, Europa y Asia Pacífico para que sus vinos paguen menos aranceles. “El vino que importa el Reino Unido de Chile paga menos derechos de importación que uno argentino. Pasa lo mismo en China y en casi todos los grandes mercados”, dice Canay. Hasta con Brasil Chile tiene tratados de libre comercio, que igualaron las condiciones con la Argentina, país miembro del Mercosur, compara Arizu. Viola, de Bodega del Fin del Mundo, agrega que, en Alemania, un vino argentino es US$ 0,70 más caro por litro (casi, el precio total) que uno chileno. “El landing de un producto argentino no tiene competitividad”, remata.

Cómo sigue
Algunos bodegueros se esperanzaron con la devaluación de los últimos meses, sobre todo, la de enero. Otros, más cautelosos, advierten que la última palabra la tendrá la inflación.

“Es imposible trazar un panorama para este año. Obviamente, una corrección del atraso cambiario es buena. Pero, si sigue habiendo suba de costos, y se plancha el tipo de cambio, volveremos a la misma situación”, se preocupa Pérez Izquierdo. La entrevista con él tuvo lugar el viernes 24 de enero, último día hábil de una semana en la que el dólar oficial pasó de $ 6,8 a $ 8 y el blue trepó hasta los $ 13.

“El dólar mejoró mucho en los últimos dos meses de 2013. Pero, cuando se hace gradualmente, se diluye con el ritmo de la inflación. En el mediano plazo, seguiremos sufriendo un dólar desactualizado y que, hoy, no rinde para la exportación”, sentencia Arizu. Entre diciembre de 2010 y diciembre de 2013, la inflación acumulada fue del 91,5 por ciento y la devaluación, del 58,2, según abeceb.com. “Por más que se corrija el tipo de cambio, el dólar oficial arrastra mucho atraso. Difícilmente, habrá un impacto positivo a corto plazo para las exportaciones”, dice Lazarte. Señala que, si bien el promedio de inflación fue de 27,5 por ciento, hubo productos minoristas que, en algunos casos, aumentaron un 50.

“No es suficiente”, insiste Viola. “Uno estaba con la cabeza debajo del agua, la sacó y respiró un poco. Pero se sigue ahogando”, grafica. “Estamos, prácticamente, igual que en 2001. Si no tenemos un dólar favorable, es muy difícil competir. Eso genera una caída en inversiones y el segundo paso es el cierre o la venta de bodegas, que está totalmente vigente”, diagnostica Canay.

Entre las que hicieron las valijas, está Trivento, cuarta bodega más exportadora, por volumen. Si bien sigue produciendo y exportando en el país, levantó su actividad comercial hace dos años. “Como consecuencia de los costos, no tenía sentido seguir manteniéndola”, dice un player, en off. Otro desliza que hay más de 50 bodegas en venta. Coletazos de un viento que, ahora, pega de frente.

La edición original de este artículo se publicó por primera vez en el número 242 de la revista Apertura. 



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