La historia detrás de la unión entre una universidad y un club de fútbol del ascenso
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La historia detrás de la unión entre una universidad y un club de fútbol del ascenso

La Universidad Abierta Interamericana (UAI) buscaba jugar en un torneo de AFA; Ferrocarril Urquiza estaba a punto de ser desafiliado. Unieron fuerzas, cambiaron de nombre y hoy el equipo jugará la B Metropolitana. Los miedos y problemas que surgieron en cada institución y el rol de los sponsors.

14 de Mayo 2013




- ¿Cómo se hace un club de nuevo?- pregunta Román, con su carnet en la mano.
- Y… habría que averiguar- le responde Amadeo, ilusionándose con una sonrisa.

Quien mire más allá de las goteras, del bufet con el ventilador de techo a todo lo que da y de las paredes descascaradas, encontrará la historia de un club social y deportivo. Luna de Avellaneda fue una película imaginada por Juan José Campanella y encarnada por Ricardo Darín. Más arriba, el diálogo final pinta la lucha por la supervivencia de un club nacido en 1959 pero herido de muerte en la década del 2000.

Como en las mejores películas, el guión de Luna de Avellaneda encontró su espejo en la realidad. Ferrocarril Urquiza tenía un triste récord: era uno de los tres clubes de la D que jamás había ascendido a la C. Las fichas de sus socios entraban en un cajón. No eran muchas más de 100. Su balance daba cero en todo sentido: su activo más fuerte era el estadio en Villa Lynch y sus egresos más notables eran los servicios básicos. No había proyectos en carpeta. La desaparición del club nacido el 21 de mayo de 1950 era un hecho.

En Ezeiza, en el club de campo Rancho Taxco, Club Deportivo UAI, perteneciente a la Universidad Abierta Interamericana y nacido en 2002, estaba federado en 10 disciplinas. Contaba con los beneficios de la universidad (obra social, hospital propio, facilidades académicas) pero faltaba el equipo de fútbol profesional. La UAI quería desembarcar en un club de fútbol del área metropolitana, pero la pregunta era cómo.

“Queríamos un proyecto en el cual pudiéramos encontrar afinidad, y es difícil encontrar afinidad cuando los clubes tienen más de 25 años de historia. Pero Ferrocarril Urquiza tenía una historia trunca, y cuando los conocimos nos encontramos con gente que se entusiasmó con este proyecto”, narró Rodolfo De Vincenzi, presidente de Club Deportivo UAI Urquiza, como fue rebautizado, en diálogo con Apertura.com.

¿Por qué se acercaron a “El Furgón”, como se le decía a Ferrocarril Urquiza?
Era una institución sin vicios, es decir, sin internas, sin situaciones de desencuentro entre los dirigentes o proyectos poco claros. La UAI quería ingresar en el fútbol y la forma de ingresar a la AFA era por los campeonatos del interior, y para entrar al área metropolitana hacía falta una unión.

Del aula al tablón. La incertidumbre y los miedos estuvieron presentes en las dos instituciones. Por el lado de la UAI, el hecho de asociarse con un club del ascenso implicaba arriesgarse a los problemas que puede haber en las tribuna. “Cuando tenés que meterte en el barro, con todo lo que implicar ingresar a un club de la D, y sí, hubo miedo. Un día pasa algo en una cancha, y sale la UAI pegada”, comentó De Vincenzi, pero detalló que “se tomó la decisión y se valoró más el proyecto”.

Desde el tablón, aunque las quejas quedaron diluidas en la votación de la comisión directiva, que aprobó la fusión, muchas se siguieron escuchando después. El cambio de los colores de la camiseta –se sumó el bordó de la UAI al celeste de “El Furgón”- y el cambio de nombre son reticencias que todavía suenan en las tribunas. Incluso, para intentar moderar la modificación de su nombre, algunos hinchas lo llaman “Urquiza”.

FUTBOL UAI MODIFICADA
La vuelta. De estar al borde de la desafiliación al ascenso a la B Metropolitana, un sueño cumplido para El Furgón.

En cuanto a la comisión directiva, fue mixta y quedó a cargo de Osvaldo Rolando, quien hasta ese entonces presidía el club (y hoy se encuentra bajo licencia médica). Se hicieron tribunas, alambrados y vestuarios. “Logramos que las inferiores, casi vacías, ahora estén llenas y hasta tengamos la posibilidad de seleccionar futbolistas”, contó De Vincenzi, quien también es rector de la UAI. La historia que cuenta es común en los clubes del ascenso: la falta de futbolistas en las divisiones inferiores hacen que muchas veces no se reúnan a los 11 para iniciar un partido.

¿Qué fue lo primero que se hizo tras la fusión?
Se acondicionó el campo de juego, porque era de tierra y ahora tiene pasto y parece una cancha de cualquier club de la B.

¿Estaba en malas condiciones?
Sí, de hecho cuando se removió la tierra se encontró hasta la puerta de un auto.

¿Compraron jugadores?
La realidad es que no se compraron jugadores; a los jugadores se los contrata por una temporada. Del plantel que antes era de Ferrocarril Urquiza hay un solo jugador actualmente en el plantel. Pero tanto en la D como en la C no teníamos el mejor presupuesto en las divisiones, pero sí pudimos armar un buen equipo. Desde lo futbolístico se pretendía jugar con la pelota al piso, algo que no es habitual en la categoría.

¿Cómo fue el primer año del club?
El primer año que empieza a funcionar se asciende. En el campeonato anterior, el club había sacado 15 puntos sobre 102. Y teníamos miedo a la desafiliación. Si no salíamos campeones, perdíamos la categoría por un año.

Alegría. Con un 3 a 1 sobre Español, "El Furgón" se coronó campeón y dio la vuelta de visitante, aunque después la fiesta siguió en Villa Lynch. 

Todos al área. Si bien la UAI se encontraba en mejores condiciones económicas que Ferrocarril Urquiza, los sponsors fueron clave para sustentar el proyecto. Empresas como Mondial, Retiel y Powerade se sumaron a la cruzada y auspiciaron las camisetas, tanto de fútbol como de básquet. Mientras tanto, los 1000 socios que el club ya reunió (los rivales ya no pueden cantarles “Tomala vo´, damela a mí, vinieron todo’ en un remís”), pagan $ 45 mensuales para poder ir a ver al equipo. Aunque todavía no cuentan con una sede social, una de las deudas a saldar por la institución.

Mens sana in corpore sano. Las sedes académicas de la UAI rodean al "Monumental de Villa Lynch", donde se juegan los partidos.

En la cancha el ascenso a la B Metropolitana se dio cuatro fechas antes de finalizado el campeonato, de la mano del DT Guillermo De Luca, quien pasará a dirigir inferiores. Cristian Aldirico, quien gestó el ascenso de la C a la D, dejará las inferiores y tomará la posta que deja De Luca. “Son proyectos de largo plazo, para garantizar la continuidad y que no se desgasten”, detalló De Vincenzi.

Y habló del plan que combina al estudio con el deporte, y por el cual hoy tienen “500 deportistas federados en 10 disciplinas y lo más importante es que 400 estudian, y también tienen acceso a la salud por la obra social de la UAI”.

En busca de una voz sumergida en los vestuarios del ascenso, Apertura.com se comunicó con un periodista especializado, quien contó que la historia que vive Club Deportivo UAI Urquiza es, hasta el momento, “color de rosa”. De acuerdo con la fuente, todas las semanas unas 150 personas asisten a ver al equipo, que combina un proyecto deportivo y académico dentro de las líneas de cal.

La pasión, mientras tanto, no entiende de apuntes, libros o exámenes. Los resultados académicos de los alumnos que juegan en el equipo no les impiden jugar, ya que según De Vincenzi “no saber los contenidos de una materia no tienen por qué impedirles jugar”. Por eso, cuando en el minuto 89 hay un córner en contra, y sólo se está ganando por 1 a 0, todos se agarran del alambrado y vuelcan su fanatismo sin importar el qué dirán.

Usted es el rector y el presidente del club, ¿Insulta durante los partidos?
Y… no debería pero alguna cosita digo.



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