La historia de Rapsodia, la marca de ropa fundada por Sol Acuña y Josefina Helguera
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La historia de Rapsodia, la marca de ropa fundada por Sol Acuña y Josefina Helguera

Ambas fueron premiadas en forma reciente y revelan cómo lograron transformar sus gustos personales en un negocio exitoso y con un estilo diferente.

21 de Mayo 2013




“Incrédulas y con sorpresa”, según confiesan, Sol Acuña y Josefina Helguera recibieron el prestigioso Premio Emprendedor del Año 2013, que entrega Ernst & Young. Sin embargo, las fundadoras Rapsodia, no son ningunas improvisadas y encarnan a la perfección los valores y el carácter propios de los emprendedores: confianza, entrega, perseverancia, creatividad, visión, realismo, optimismo, liderazgo y trabajo en equipo, entre muchos otros.

Catorce años después del lanzamiento de la marca, que se transformó en un estilo propio para el público femenino de la región, Acuña y Helguera, amigas desde la infancia, revelan en una entrevista con Management cómo lograron identificar, en base a sus necesidades personales, un espacio sin cubrir en el mercado de la moda, los pasos que tuvieron que dar para llegar a la marca propia y los secretos de su éxito, que en los últimos años traspasó las fronteras.

Rapsodia nació en 1999 y, desde entonces, la Argentina ha cambiado mucho. Desde la primera tienda en La Cañitas hasta la consolidación regional: ¿Qué cambió y qué sigue igual en ustedes como emprendedoras después de todo ese tiempo?
Josefina Helguera (J.H.): Pasó que nosotras crecimos, desde lo personal y lo profesional, y, a la par lo hizo Rapsodia. Fue un camino increíble, luminoso y repleto de colores, tal como es la marca. Arrancamos solas y el camino se fue abriendo en forma muy estructurada, soñando y volando muy alto, pero en una realizad que arrancó desde "contigo pan y cebolla".

Sol Acuña (S.A.): Cuando empezamos, en un momento tuvimos que reclutar gente y no sabíamos cómo hacer ¡teníamos miedo de hasta revelar nuestra ideas y secretos! Pensábamos que íbamos a hacerlo todo solas, pero de repente se formó el departamento de Recursos Humanos, que fue un puntapié excelente, porque no sabíamos que teníamos que preguntar. Y todo se fue dando muy rápido, se fue profesionalizando de una forma impensada. Y entonces empezamos a crecer.
 
¿Ese vértigo no las asustó?
S.A.: Fue un cambio. Pasamos de hacer todo nosotras a que llegue gente profesional, con ideas, con las cuales compartir y crear. No nos asustó, pero fueron dolores de crecimiento, de adaptación, aunque siempre positivos al final.

J.H.: Lo más importante fue que pudimos forjar muy fuerte la personalidad de la marca desde el mismo origen. En los primeros años ya teníamos una identidad y, entonces, toda la gente que se iba sumando al proyecto sabía qué tenía que hacer, comprendía cuál era nuestra esencia.

Esa personalidad es la que escribieron en aquel ‘libro violeta’, su primer business plan ¿Cambió en estos catorce años?
J.H.: Es impresionante, no cambió nada. El libro violeta consta de diez páginas en el que estaba todo: nuestra clienta target, posicionamiento y hasta nuestra primer local en un barrio como Las Cañitas, que no era shopping e iba a ser como nuestra casa, con desniveles, chimenea, en donde uno se iba a poder sentir bien a gusto.

¿Cómo hicieron para contagiar ese espíritu tan ‘familiar’ a una empresa de indumentaria?
J.H.: Primero teníamos que creernos nosotros nuestro proyecto. Entonces, para bajar nuestro plan a tierra teníamos que saber y pensar cuál era nuestro sueño, a dónde queríamos llegar. Es como que te digan: “Soñá lo mejor que te pueda pasar en tu vida”. Eso fue lo que hicimos.

S.A.: En definitiva, nos preguntamos qué ropa querés hacer, cómo la querés vender y qué le querés dar a Azucena, nuestro cliente target imaginario. Y entonces escribimos que queríamos que Azucena compre en un lugar que fuera como su casa, que tenga su probador grande, que se vea en un espejo divino, que la chica de ventas sea una amorosa, que la deje mirar todos los percheros, y que si necesita asistencia esté a su servicio; si necesita estar sola que esté sola.

Fundadoras Rapsodia
Mano a mano.
Las emprendedoras contaron cómo fue el desarrollo de su negocio.

El consejo entonces es atreverse a soñar: ¿el sueño de donde surge: de una intención personal o de una necesidad del consumidor?

J.H.: nuestro sueño surgió en una época en donde la ropa era blanca o negra, aburridísima, todo era como minimalista y no teníamos dónde comprar nosotras mismas la ropa. Nosotras mismas queríamos algo que nos diera alegría, que diera vida, algo divertido, diferente.

S.A.: era una necesidad personal. Nosotros no teníamos donde conseguir la ropa que queríamos. Cuando viajábamos, íbamos a los mercados y allí la inspiración era la música, los Rolling Stones o los Beatles en otra época, que viajaban a la India, experimentaban, y bajaban de los aviones con sus chaquetas, y que eso inspiraba a la moda.

¿Cómo trasladaron entonces sus necesidades a los gustos de las Azucenas?
S.A.: Nosotros pensábamos que toda esa moda de afuera no estaba porque todo acá era Calvin Klein, George Armani, blanco, negro, gris. Dijimos: “hagamos algo diferente, vayamos a comprar telas”, donde podemos hacer cosas bordados con apliques, donde está la fantasía, que nos gustaría tener en nuestros roperos. Entonces empezamos a ir a embajadas, a mirar qué posibilidades había desarrollo textil en el mundo. Nos dimos cuenta que en la Embajada de India estaba la riqueza de las telas, de los bordados, la mano de obra. Y entonces supimos que teníamos que hacer un viaje experimental a la India. Encontramos a un señor por Internet, un representante de proveedores. Nos fue a esperar al aeropuerto con una agenda de ocho a once de la noche, terminamos muertos, con los ojos pelados, y fuimos a ver a muchos proveedores, algunos grandes y otros chicos. Íbamos a pedir 20 por color, de dos modelos, éramos así chiquito y estábamos en Asia. Pero confiaron en nosotros.

J.H.: El desarrollo fue todo muy planeado y estructurado, teníamos un business plan de principio a fin, que escribimos una y otra vez, con dilemas y borradores. Pero un día lo tuvimos armado, y si uno lo leía, comprendía exactamente qué iba a pasar. El lanzamiento fue en el local de Las Cañitas, un ex taller mecánico reciclado, con techos altos, claraboyas, un patio, en un rincón contra la cancha de polo y en una calle llamada Argibel que nadie conocía. Cuando lo abrimos nos daba piel de gallina: porque era todo lo que decía el libro. Allí estaba olor, el color, el sabor y también a nuestra Azucena, a nuestra cliente imaginaria, esa mujer con ganas de diferenciarse, con ganas de generar asombro e ilusión entre sus amigas. Color, alegría. La primera compra que hicimos fue planificada para vender en el primer semestre, pero la vendimos en el primer mes. Entonces tuvimos que volver corriendo a India.

¿Cuál es la clave para mantener ese efecto sorpresa, esa ilusión a lo largo de los años?
J.H.: La evolución de Rapsodia en este tiempo tiene que ver con haberse definido como un estilo definido, diferente del resto. Es un estilo de vida también. Es como un estilo bohemio, femenino, rockero.

¿Ese etilo no acota el target en edad?
S.A.: No tiene edad, porque es un estilo de vida. Pensamos en nuestras mamás, nuestras hijas, y nosotras. Es un estilo además que no pasa de moda. Por supuesto que hay colecciones, pero nosotras mismas seguimos usando ropa de la primera temporada, no es o deja de ser de moda. Lo único que cambia y se perfecciona es la tecnología, la forma de trabajar las prendas. Máquinas mejores para bordar, aunque seguimos trabajando con tejido artesanal, trabajamos también.

¿Cómo trabajan entonces con la creatividad? ¿Cómo logran un entorno de trabajo creativo?
S.A.: El espíritu y la identidad de la marca la hemos contagiado nosotras y creo que la sabemos transmitir. Pero la clave es ir proponiendo temas, dando lugar a las ideas, al compartir, al crear entre todos. El trabajo en equipo en clave en Rapsodia. Podemos tirar lineamientos sobre a dónde queremos ir, si es la geometría, las guardas o las flores, pero en definitiva todas exploramos las ideas y las compartimos.
 

fundadoras BIS
Helguera Dixit. "Nuestro sueño surgió en una época en donde la ropa era blanca o negra, aburridísima".

Entrar a un local de Rapsodia es como entrar a un mundo aparte: ¿Cómo se consigue eso?
J.H.: Entrar en Rapsodia lo consideramos como una experiencia sensorial. Uno entra a un lugar diferente, con una música y un olor diferente, con una atención diferente, en donde las chicas te hacen sentir en tu casa y tienen vocación de servicio. Eso no es casual, hay muchas horas de capacitación mediante, en donde se dice desde cómo deben llevarse las uñas hasta se les pide que no hablen de temas personales, porque nadie entra a Rapsodia para escuchar los dilemas de la vendedora.

¿Cómo logran mantener un índice de rotación tan bajo (5%) para el estándar del sector?
J.H.: Con planes de carrera, puestos con tareas y definiciones claras, con contención, excelente clima laboral, evaluaciones de desempeño con devoluciones verdaderas.

¿Creen que su personalidad e imagen personal influye en que los empleados se quieran quedar?
J.H.: Creo que nuestra personalidad está reflejada en la cultura corporativa de Rapsodia, en valores como compromiso, honestidad, trabajo en equipo, calidez y sencillez y actitud de servicio.

S.A.: En Rapsodia las chicas no son sólo compañeras, son amigas. Salen el fin de semana, se cuentan los que le pasan, crecen juntas, hacen vida. Se pasan muchas horas en el trabajo y la única manera de hacerlo bien es estar contento, motivado, sentirte importante y contenido. Eso es lo que queremos en Rapsodia y creo que lo estamos logrando.

Se habla mucho de la mujer en los puestos dirigenciales: ¿qué creen que aporta la mirada femenina de las cosas en una empresa?
J.H.: La sensibilidad, el cuidado, la mirada emocional y emotiva de las cosas. Entre mujeres en Rapsodia nos entendemos, nos cuidamos, protegemos y potenciamos. Tal vez esté allí parte del secreto de porqué somos todos como una familia contenida.

S.A.: Pero el hombre tiene eso de protector, de saber apretar los dientes. Hay que combinar las dos cosas, complementarnos.

¿Cuál es la ventaja competitiva de la Argentina: el soft o el hard, la técnica o la estética?
J.H.: En la Argentina tenemos muchísima creatividad y es un valor que no está en todos lados y tenemos que aprovecharlo. Estuvimos en Chile y allí ven a nuestro país como un polo creativo muy fuerte, ven que tenemos algo que tal vez ellos no tienen, aunque se destaquen en otras cosas, más hard tal vez.

¿Eso lo tienen en cuenta a la hora de expandirse; es decir, Azucena es la misma en la Argentina que en otros países de la región?
S.A.: El espíritu es el mismo, aunque tiene diferentes comportamientos, diferentes formas de vida. Y eso se ve en la ropa que elijen. Nuestra colección es la misma en toda la región, pero según el país se elije una u otra cosa. Es algo cultural, algo propio de cada país. La mujer argentina prefiere ropa tal vez un poco más ajustada, explota al máximo su físico, le da importancia a su imagen. Y en otros países tal vez son más relajadas y elijen vestirse con ropa más holgada.

¿Cómo sigue la expansión de Rapsodia?
J.H.: Desde el principio sabíamos que queríamos ir a todos los polos donde hubieran ‘azucenas’ y vamos creciendo y teniendo respuesta de ese público específico, que está en todos lados. Lo vamos a seguir haciendo. La apuesta es a seguir creciendo en el extranjero, un poco tal vez por lo complicado que está el mercado nacional.

S.A.: El año pasado desembarcamos en Brasil y es el gran desafío. Hoy estamos buscando consolidar y desarrollar la operación en ese país, que es un monstro, un mercado muy grande en el que estamos con cuatro locales, en donde nadie nos conoce, y tenemos entonces que salir a comunicar, a convocar a desarrollarnos. Cada vez que entrás a un país lleva unos años para ubicarse y Brasil es un monstruo. Nunca me imaginé estar en Brasil y hoy es un desafío muy importante.



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